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            xmlns:pdf="http://ns.adobe.com/pdf/1.3/"
            xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">Castoriadis se muestra algo inseguro sobre la perspectiva del proyecto de autonomía: él pregunta a menudo sobre su desvanecimiento, se pregunta si su debilidad es el signo de un período histico particular o de una disoluci del conjunto de la historia occidental, o todavía de la insuficiencia por la que se presenta hoy (bajo las caras del liberalismo y del marxismo). La disoluci de la valorizaci de lo Social-histico, la insignificancia devenida modus vivendi, el conformismo difundido dentro de un nuevo sistema de dominacin y la ausencia de un movimiento revolucionario, conducen a nuestro filofo a un profundo escepticismo, en parte justificado. Esta sociedad, en efecto, parece organizarse como un rechazo de sí misma, en la medida en que rechaza la vida social y la historicidad fuerte en tanto tales. Gracias al imaginario capitalista encarnado en las instituciones de la privatizaci y de la burocratizaci generalizada ella es alimentada en exceso por la corrupcin sistemática, medio privilegiado para el enriquecimiento y la acumulaci del capital. <rdf:RDF>2. ¿Descomposicin de la sociedad? No en verdad <rdf:Description src="https://periodicos.unifesp.br/public/midias/prometeica/pmt11/imagens/73-92_pmt11-profumi_img_0.jpg"/>
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<?xpacket end='r'?>3. El proyecto de autonomía hoy </rdf:RDF>
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<Figure>

<ImageData>
</Figure>

<Part>
<H3>Artículos </H3>

<P>¿SERVILISMO O AUTONOMÍA? EL PROYECTO DE AUTONOMÍA FRENTE A LA NUEVA HETERONOMÍA </P>

<P>Servility or Autonomy? The Autonomy Project </P>

<Sect>
<H4>against the New Heteronomy </H4>

<P>EMANUELE PROFUMI50 </P>

<P>(EHESS-CESPRA, Francia) </P>

<Sect>
<H5>Resumen </H5>

<P>La crítica de la descomposicin de la sociedad que sostiene Castoriadis, y más precisamente la idea de un declive de la autorrepresentacin de la sociedad, o de su dimensin social-histrica, es decir, su consistencia ontolgica, debe ser revisada. La insignificancia de la sociedad contemporánea no puede jugar un rol central dentro del análisis crítico si pensamos que esta sociedad es también la expresin de una nueva heteronomía. Con las mismas categorías filosficas de Castoriadis debemos rechazar la idea de descomposicin y elaborar una crítica del presente. Para pensar la actualidad del “proyecto de autonomía”, el particular, es necesario sobre todo concentrarse en la naturaleza de esta nueva forma de dominacin. Este trabajo crítico es urgente, si consideramos la actual bifurcacin social-histrica de las sociedades occidentales: es necesario comprender la oposicin entre democracia y capitalismo a través de la alternativa entre la servil y activa defensa del statu quo y una praxis de autonomía, base de esta bifurcacin. </P>

<P>Palabras clave: Castoriadis | Crítica filosfica | Insignificancia | </P>

<P>Heteronomía | Proyecto de autonomía. </P>
</Sect>

<Sect>
<H5>Abstract </H5>

<P>Cornelius Castoriadis' analysis of contemporary society is partially correct. For understanding our social-historical existence, we have to develop his idea of “general conformism”, and to link it with his critical reconstruction of the capitalist society. At the same time, we need to reject his most important thesis on the “social insignificance”: the idea of a supposed auto</P>

<P>50.Traducci del francés de Emiliano Aldegani. </P>
<Figure>

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<P>dissolution of the central imaginary of the contemporary society is not correct from a logical and historical point of view. We are living in a society characterized from a new tenuous heteronomy, not in a dissolution of the society in itself. Moreover, the castoriadian “project of autonomy” is not still disappeared, as the greek-french philosopher feared. Thanks to the “no global” and the “indignados” movements, there is a new expression of this project. For its survival, we have to understand and to overcome the new voluntary servitude which is deeply connected with the present capitalist social organisation of values and significations. The actual “crisis” situation could be a chance to continue this project and to take part of the process which is opposing capitalism to democracy. The future of this project is linked with our possibilities to make free institutions and to change our ways of socializing. </P>

<P>Keywords: Castoriadis | Philosophical Critique | Insignificance | </P>

<P>Heteronomy | Autonomy Project. </P>
</Sect>
</Sect>

<Sect>
<H4>1. La descomposici de la sociedad para Castoriadis </H4>

<P>En derrumbe de la autorrepresentacin de la sociedad, el hecho de que éstas sociedades ya no puedan presentarse como esto (de un modo que no sea meramente exterior y descriptivo)-no sin que ese esto como lo que se presenta se derrumbe, se aplaste, se vacíe, se contradiga. Ésta es una manera de decir que hay crisis de las significaciones imaginarias sociales, y que éstas no proveen a los individuos las normas, los valores, las referencias y motivaciones que le permiten, a la vez, hacer funcionar la sociedad, y seguir siendo ellos mismos, más o menos bien, en un equilibrio viable. […]. […] Ahora bien, esto que precisamente está en crisis hoy, es la sociedad como tal para el hombre contemporáneo. (Castoriadis: 1996. 29-30) </P>

<P>Castoriadis piensa que el carácter social e histico al fondo del ser mismo de la </P>

<P>sociedad (lo Social-histico), así como las significaciones centrales en torno de </P>

<P>las que se organiza una sociedad cualquiera, no están ya a la altura de organizar </P>

<P>la sociedad actual. Por esta raz, el problema más importante que debemos </P>

<P>resolver, el que marca todos los aspectos de la vida, es que estamos en un </P>

<P>período de descomposicin de la sociedad, en una crisis social-histica. Ésta es </P>

<P>la tesis filosico-política principal de Castoriadis sobre la segunda mitad del </P>

<P>siglo pasado.  </P>

<P>Él radicaliza su tesis de los as 60’ sobre la privatizacin de las sociedades </P>

<P>modernas, para afirmar que la “Crisis” no es simplemente una contradicci de </P>
<Figure>

<ImageData>
</Figure>

<P>la sociedad capitalista, sino el hecho de que esta sociedad está produciendo la </P>

<P>auto-destrucci de la sociedad como tal. </P>

<P>Con el nacimiento de su filosofía de la creaci, es decir con el desarrollo de su propia y original posicin filosfico-política, las tesis social-bárbaras51 del período entre 1950 y 1960 sobre la burocratizaci y sobre la privatizacin de la vida social y política, al igual que las tesis sobre la disoluci del sentido del trabajo efectuada por la lica del capitalismo y por las instituciones, se transforman. Entre los as 1970 y 1980, devienen dos tesis firmemente sostenidas, en particular a partir de 1990: </P>

<L>
<LI>
<Lbl>1. </Lbl>

<LBody>Las instituciones de la están atravesadas por el ascenso de la insignificancia (Castoriadis, 1996: 11-26/83-102). </LBody>
</LI>

<LI>
<Lbl>2. </Lbl>

<LBody>Estamos en presencia de una época de conformismo generalizado. (Castoriadis, 1990: 11-28). </LBody>
</LI>
</L>

<P>Éstos son los dos fenenos que marcan la descomposici de la sociedad y que son, para Castoriadis, las dos caras de la misma moneda. La naturaleza ontolica de la nueva sociedad es su descomposici interna. </P>

<P>Pero, en verdad, solamente la primera tesis es coherente con la idea de descomposicin (Castoriadis, 2013: 122-131), mientras que la segunda nos obliga a revisar la crítica castoridiana de la sociedad contemporánea y, en particular, el feneno de la insignificancia que, para Castoriadis, la marca en profundidad. </P>

<P>Para percibir este problema en el marco de la reflexi del filofo greco-francés, es necesario reconstruir brevemente la lica que subyace a estas dos tesis que sostienen la idea de la descomposici. </P>
</Sect>

<Sect>
<H4>Insignificancia </H4>

<P>Seg nuestro filofo, con excepcin de un breve período en 1968 y en el curso de los movimientos sociales contemporáneos, principalmente del movimiento ecologista y del movimiento feminista, estamos en presencia de una gran </P>

<P>51. Alusi a la revista Socialisme ou Barbarie, de la cual Castoriadis fue miembro fundador junto a Claude Lefort, y en la que publicnumerosos artículos desde fines de la década del 40 hasta 1967. [Nota del traductor] </P>
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</Figure>

<P>transformaci social, inédita, en la que las sociedades occidentales no están más en condiciones de proponer su propia creacin global y de afirmar una nueva creaci histico-social, enfrentándose con las angustias de un feneno regresivo, a saber, la disoluci de la significaci (del valor de las significaciones imaginarias sociales y de las instituciones en las que se encarnan). </P>

<P>Esto ocurre no so a nivel político, sino también a nivel social y cultural. La descomposicin política está marcada por la despolitizacin, la privatizaci, la apatía, la atrofia de la imaginaci política, y, sobre todo, por la evanescencia del conflicto social y político. La desagregaci social es una pérdida de puntos de referencia y del sentido de la identidad de la colectividad (todo lo que nos permite percibir el mundo y otorgarle un sentido), se manifiesta por la confusin y la disolucin de las identidades sociales: ya no investimos sobre todo en la educaci y en la escuela, los roles familiares son en adelante ignorados, y las identidades sexuales confundidas. La decadencia cultural se caracteriza por un desvanecimiento profundo del espíritu crítico auténtico, que es desprovisto de vigor cuando es expresado al interior del dominio de la lica publicitaria y de la posmodernidad intelectual y artística, y en consecuencia, se propaga la anomia y la desorientacin informa, dota a la perdida de sentido, a su vuelta por el desgaste de las significaciones y por la pérdida de valores. Todo esto conduce a una inseguridad psíquica generalizada. A su vez, en el dominio del arte y de la ciencia, como en todos los dominios de la vida, debemos registrar una falta de nuevas creaciones colectivas y de creatividad individual. En resumen, la ausencia de creaci colectiva se debe al hecho de que no podemos apreciar más nada, y que nuestros propios valores de referencia dentro de la sociedad se han pulverizado (Castoriadis, 1996: 125-139 / Castoriadis, 2011: 186)  </P>

<P>En general, la sociedad contemporánea es incapaz de pensarse en tanto que sociedad, ha perdido su capacidad de auto-representarse ella misma y, por consecuencia, también la de aspirar a ser alguna cosa diferente. Esto se debe al hecho de que los dos componentes de la naturaleza social-histica de la institucin imaginaria se han disipado: la sociedad es padecida y vivida por los individuos como una dimensi del sufrimiento, mientras que el olvido de la temporalidad, y del pasado, como memoria, y del futuro, como proyecto social, es en adelante la marca de la época. El suicidio de la dimensi social histica es, probablemente, la raz subyacente que conduce a Castoriadis a hablar de desvanecimiento del proyecto de autonomía acompado por la difusin de valores incompatibles con una posible sociedad automa (Castoriadis, 1996: 22-23). </P>
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<Sect>
<H4>Conformismo </H4>

<P>El segundo feneno central para la sociedad contemporánea, el conformismo, es expresado no so en raz de la insignificancia y de la disoluci de la creaci social-histica heredada de la época precedente, sino sobre todo por el prevalecimiento de la lica, del poder y de las organizaciones de tipo capitalista. </P>

<P>El imaginario capitalista se convierte prácticamente en el horizonte dentro del que Occidente vive y se reproduce. Y ello conduce igualmente hacia el desvanecimiento del proyecto de emancipaci humana, porque el capitalismo no tiene necesidad de autonomía sino de conformismo, y a lo largo de décadas ha logrado también tragarse al polo subversivo que lo atacaba. El imaginario capitalista impone la centralidad de la economía en el marco de la vida plica, porque ella deviene la instancia más importante de la organizaci social: la expansi indefinida del consumo y de la produccin que pone en el centro al dinero y al beneficio como valores absolutos. Si en la época de Socialisme ou Barbarie Castoriadis interpreta este feneno como una destruccin del sentido que esto provoca en el trabajo, a fines de la década del 70 ésta realidad está a la altura de demencia colectiva, del cinismo, de la corrupci estructural, del culto a lo efímero y de las distracciones de las masas. Si, pese a todo esto, el sistema contina funcionando, seg nuestro filofo es porque las instituciones capitalistas y liberales son capaces de adaptarse a cualquier situacin y ya que pueden sacar provecho de la participaci, casi total, de la poblaci en el sistema dominante (Castoriadis, 2011: 251-61). </P>
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<P>En resumen, para Castoriadis somos confrontados por una nueva forma de </P>

<P>heteronomía débil, que se afirma en las cenizas de una época pasada, de donde era imposible hacerla salir, en raz del movimiento social-histico todavía apuntado hacia la realizaci del proyecto de autonomía. </P>
</Sect>
</Sect>

<Sect>
<H4>2. ¿Descomposicin de la sociedad? No en verdad </H4>

<P>Dentro de este análisis hay dos afirmaciones ontolicas que no pueden ir juntas. </P>

<P>En efecto, por un lado el crecimiento de la insignificancia es coherente con la idea de una descomposici de lo social-histico, sin embargo, la afirmaci de la vitoria del sistema capitalista, la propagaci de un conformismo generalizado, y la idea de que un nuevo tipo antropolico que marca a esta sociedad ha nacido, indican más bien que estamos en presencia de una nueva creaci de la sociedad en su conjunto, no solamente una nueva forma de dominaci sino una nueva organizaci de la sociedad. Hay algo que se impone como estructural. A fin de cuentas, es el mismo Castoriadis quien cree haber afirmado, no un aspecto accesorio o temporario, sino algo que está en el coraz de la sociedad contemporánea. Tenemos por lo tanto, dos tesis opuestas: por un lado, la sociedad en su conjunto se descompone, y por el otro, ella se impone como una nueva creaci general. </P>

<P>A nivel lico la idea de descomposici se refiere a cualquier cosa que está muriendo, un suicidio de la sociedad como tal, a algo que va a desaparecer luego de un período más o menos largo y no puede ser comprendido como una nueva clase social-histica capaz de reorganizarse. Descomposici y creaci de la sociedad no se pueden dar simultáneamente a nivel ontolico: o tenemos una disoluci del ser mismo de la sociedad, o tenemos su nueva afirmaci. </P>

<P>¿Por qué Castoriadis habla del nacimiento de un nuevo tipo antropolico, que es más bien la expresi de la afirmaci de una nueva sociedad? ¿Por qué sostener que no puede haber una sociedad sin valores, orientaciones, significaciones compartidas, y que el individuo debe identificarse en la institucin de la sociedad y en las significaciones que son incorporadas dentro de cualquier tipo de sociedad?¿Por qué decir, como Castoriadis ha dicho en repetidas ocasiones, que el mundo, como falta sentido, no es más que una ilusi? </P>
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<P>Para explicar la paradoja de una sociedad incapaz de ser sociedad, siguiendo al mismo Castoriadis en el coraz de su teoría de la auto-organizaci general, que quiere que la colectividad se realice por la creaci de un nleo de significaciones y de instituciones centrales alrededor de las que se mueve el imaginario específico de la sociedad en cuesti, podríamos concluir que la sociedad capitalista actual reposa sobre un vacío que constituye este centro. </P>

<P>Pero esto nunca es afirmado por Castoriadis. Al contrario, desde su perspectiva las imágenes de la insignificancia y de la descomposici se refieren más bien a una sociedad que se organiza contra ella misma. Es paradojal, pero para nuestro filofo la sociedad actual todavía se organiza en torno a un imaginario específico y, al mismo tiempo, ella se está descomponiendo: se acompa de una nueva heteronomía pero es simplemente incapaz de ser sociedad. Él se refiere, en efecto y en repetidas ocasiones, a la afirmaci de una nueva dominaci social o del capitalismo en tanto que proyecto totalitario. Es también por ello que él dice explícitamente del totalitarismo: si queremos buscar un antecedente efectivo de su proyecto de dominacin total, lo encontraremos en el imaginario capitalista del dominio ilimitado materializado en la organizacin de la fábrica (Castoriadis, 2013: 117) Pero, ¿co conciliar la constituci de una forma de heteronomía fuerte, como la del totalitarismo, con la realidad de una disolucin de la sociedad? </P>

<P>¿Co puede hablar de un nuevo tipo antropolico, representado por el gerente burocrático o el especulador, cínico, frustrado y sin escrpulos, que debe ser el producto de una nueva forma de organizaci de la sociedad, como todos los tipos antropolicos, y luego afirmar que éste nuevo tipo no está en condiciones de reproducir la sociedad como tal? </P>

<P>Para nuestro filofo, la creaci de una nueva instituci de la sociedad es la expresi de un cambio antropolico (psicosocial/socioeconico) (Castoriadis, 1999: 136). Y agrega que en el caso de la sociedad contemporánea, vivimos en torno a dos normas centrales: la norma jerárquico-burocrática y la norma del dinero (Castoriadis, 1999: 154). Pero, para él, en tima instancia, vivimos dentro de una nueva instituci que se caracteriza como la descomposicin del ser mismo de la sociedad. </P>
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<P>Esta clara paradoja inexplicable es inadmisible a nivel lico e histico. Ante la potencia del sistema capitalista financiero, de la globalizaci neoliberal y del ataque constante que produce contra lo que queda de las instituciones y del imaginario democrático de la época precedente, la tesis de una descomposicin de la sociedad como tal, nos parece una herramienta polémica antes que la afirmacin de una verdad social-histica.   </P>

<P>Sin embargo, nosotros podemos conservar todavía una parte del análisis de Castoriadis sobre la sociedad contemporánea. Por lo tanto, aceptar la tesis del conformismo generalizado y rechazar la del avance de la insignificancia a la base de la idea de descomposici social nos permite comprender todavía mejor la naturaleza de la nueva forma de heteronomía de la que él mismo habla. </P>

<P>La creaci de una nueva sociedad heternoma </P>

<P>Pese a que ya no podemos aceptar más que la insignificancia y la descomposicin se refieren, por lo tanto, a la sociedad como tal, tenemos todavía en derecho de preguntar: ¿es que, para Castoriadis, gracias también a la disoluci de la capacidad de dar sentido, hay algo dentro de la sociedad contemporánea que está muriendo realmente? </P>

<P>Como he mencionado esto que parece morir realmente para Castoriadis es el componente que constituye el proyecto de autonomía con su presupuesto de la valorizaci de lo Social-histico que siempre lo ha nutrido. En otros términos, la descomposici social es ante todo un suicidio de esto que deberíamos heredar del proyecto de autonomía, no de la sociedad en tanto tal. Pero este suicidio está en devenir, porque Castoriadis no osa él mismo decir que el proyecto de autonomía este verdaderamente muerto. </P>

<P>A este suicidio todavía en acto del proyecto de autonomía, sería necesario agregar algo que el filofo greco-francés subestima: él no advierte que su análisis crítico nos permite leer sutilmente que estamos en presencia también de una nueva forma de servidumbre voluntaria. Por su propio análisis, en efecto, podemos tirar y acompar al tipo antropolico cínico de la nueva sociedad capitalista, un segundo tipo antropolico capaz de mantener el sistema y de reproducirlo: el esclavo feliz, distraído, estido y divertido. No solamente manipulado, sino totalmente integrado dentro del sistema general de la manipulaci, que este tipo de individuo reclama y defiende. No solamente obediente, sino que defiende el sistema de la injusticia y la dominaci que lo impulsa constantemente a un estado de minoría de edad. Alguien que lucha para quedarse ahí, y contra su autonomía. </P>
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<P>La tendencia totalitaria se impone por que la victoria del capitalismo se nutre no solamente del conformismo generalizado, sino también de la emergencia de una forma de organizaci nihilista de sentido colectivo y del suicidio de la valorizaci del social-histico. Esta nueva sociedad es ante todo una nueva organizaci de la sociedad, y la descomposicin no es un feneno que toca a la sociedad en tanto tal. La suspensin de la inversi en la importancia del sentido y su profunda dimensi efímera no eliminan la bqueda necesaria de inversiones positivas y durables que caracteriza todavía la sociedad capitalista, como cualquier otra sociedad. </P>

<P>En resumen, la insignificancia difundida debería ser relativizada y comprendida como un aspecto particular de una nueva y paradojal creaci social-histica, es decir ontolica, no como la forma de la sociedad o la dimensi central de su descomposici. Solamente dentro de este cuadro se establece una nueva sociedad caracterizada por una heteronomía débil, donde, sin embargo, la época precedente, con su componente de autonomía, no está muerta. </P>
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<H4>3. El proyecto de autonomía hoy </H4>

<P>Castoriadis se muestra algo inseguro sobre la perspectiva del proyecto de autonomía: él pregunta a menudo sobre su desvanecimiento, se pregunta si su debilidad es el signo de un período histico particular o de una disoluci del conjunto de la historia occidental, o todavía de la insuficiencia por la que se presenta hoy (bajo las caras del liberalismo y del marxismo). La disoluci de la valorizaci de lo Social-histico, la insignificancia devenida modus vivendi, el conformismo difundido dentro de un nuevo sistema de dominacin y la ausencia de un movimiento revolucionario, conducen a nuestro filofo a un profundo escepticismo, en parte justificado. Esta sociedad, en efecto, parece organizarse como un rechazo de sí misma, en la medida en que rechaza la vida social y la historicidad fuerte en tanto tales. Gracias al imaginario capitalista encarnado en las instituciones de la privatizaci y de la burocratizaci generalizada ella es alimentada en exceso por la corrupcin sistemática, medio privilegiado para el enriquecimiento y la acumulaci del capital. </P>
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<P>Sin embargo, pese a todo esto, este imaginario no ha logrado eliminar el proyecto de autonomía, como lo hemos visto en particular en los timos quince as. Y es por ello que a fin de comprender el estado del este proyecto hoy, sería bueno volver de manera dialéctica a la reflexin sobre la doble realidad de la época actual: de un lado, sobre la afirmaci de una nueva forma de servidumbre voluntaria y la dominaci que exige y, por el otro, sobre las nuevas instancias del proyecto de autonomía todavía en vida. </P>
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<H4>Sobre la nueva servidumbre voluntaria </H4>

<P>Cuando La Boétie ha hablado por primera vez de la servidumbre voluntaria, se ha referido a una forma de habito devenido una segunda naturaleza, una suerte de perversi por relaci a la propensi natural a la libertad, una aversi radical a la amistad, y la emergencia de una costumbre marcada por la crueldad, la injusticia y la deslealtad (La Boétie, 1983: 145/150/168). Varios as más tarde, Simon Weil ha subrayado que este hábito tiene la necesidad de que la mentira y la impotencia se enraícen y se difundan en el conjunto del tejido social en lugar de la capacidad de pensar y amar (Weil, 2002: 118-9). Es curioso que, en el debate desarrollado en el curso de estas timas décadas sobre la servidumbre voluntaria (Zarka, 2007)52 , hemos puesto luz sobre todo a la </P>

<P>52. Ver por ejemplo: Lorenzo Passarini, Natura umana e propensione al servilismo politico in Étienne La Boétie (http://www.montesquieu.it/biblioteca/Testi/Saggio_bo%C3%A9tie.pdf). </P>
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<P>corrupci moral y al interés mezquino para la homologaci social actual, o incluso la renuncia a la capacidad y a la posibilidad de elegir, más que a un diagntico que esté en condiciones de indicar un antídoto hipotético contra esta forma de veneno para la autonomía humana. </P>

<P>Aunque no se refiere explícitamente a la tesis de La Boétie, el primero que ha dado un diagntico de este tipo con una cierta profundidad intelectual ha sido Erich Fromm. Trasladando el problema de la servidumbre voluntaria al centro del análisis de las raíces de la sociedad totalitaria, el propone su famosa tesis sobre la huida de la libertad para aclarar, de hecho, la estructura social del capitalismo monopico: el nuevo rostro de la civilizacin industrial transforma al individuo en un autata aislado y desprovisto de un Yo capaz de asumir la responsabilidad y de darse sus propias finalidades, así como el sentido de la existencia y de su propia identidad, a fin de comprender qué es lo que quiere de la vida, y de actuar espontáneamente y libremente. Seg Fromm, la impotencia, generada por la reducci del individuo en autata, está vinculada a la penalizaci social de la espontaneidad y del espíritu crítico, y por el temor de ser desaprobado y de ser progresivamente aislado de sus primos, que, a su vuelta, esconde su terror de poder perder su salud mental y todo lo que queda de su identidad. La servidumbre voluntaria a la base de la sociedad contemporánea que ha nutrido al totalitarismo, en substancia, es el producto de un conformismo obsesivo que se nutre, por un lado, de autoritarismo político y econmico, y por el otro, de una reducci de la capacidad de auto-determinacin del individuo (Fromm, 1978: 112-14/127/136/1634/170/210/216-24/231-2). </P>

<P>Un análisis similar ha sido formulado recientemente, bajo la forma de sospecha, por el filofo italiano Alfonso M. Iacono, pero, en su caso, él ha relacionado a la sociedad democrática que ha salido victoriosa de la confrontaci con el totalitarismo, incluso si ha sido presa de libertades organizadas de manera oligárquica. Desde su punto de vista, la huida de la libertad corresponde a la formaci de un proceso de naturalizaci de la existencia sostenido por un profundo deseo de quedar en estado de minoría de edad: el estado producido por la dominaci tranquiliza y respeta todo lo que es familiar, o pertenece a la rutina y la seguridad, poniendo en marcha un proceso de banalizaci de la existencia que no es más que una dinámica dentro de la que el poder se legitima para sí mismo y se preserva en detrimento de la posibilidad de crear una distancia con el presente y el status quo -posibilidad que está a la base de la autonomía humana. Seg su perspectiva, hay procesos en curso seg los cuales preferimos la alegría de quedar en el estado de minoría de edad y la liberaci de la carga de la autonomía antes que sobrellevar el miedo y salir del estado de seguridad para aceptar y afrontar la contingencia de la vida. Desarrollar la capacidad de ver con ojos diferentes, es decir, entrar en la dimensi del homo dlex capaz de tomar las distancias críticas sabiendo reconocer los aspectos de la realidad, o sea nuestros límites, es, seg Iacono, el principal antídoto a esta deriva heteroma (Iacono, 2000: 26/40/86-89/96/119/139/158/162/164). </P>
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<P>Hace algunos as el filofo del derecho Fabio Ciaramelli ha planteado el problema de la servidumbre voluntaria actual selando que es posible vincular la referencia a la sociedad totalitaria con el problema actual del deseo de permanecer dentro de la minoría de edad, que caracteriza las democracias liberales. La obediencia a las configuraciones predeterminadas de comportamiento que levantan la carga de decisi y de la elecci, siguiendo un orden tranquilizador que conduce, al mismo tiempo, al sacrificio de la autodeterminaci individual, marca profundamente nuestras sociedades, distinguidas por el divorcio entre el capitalismo y la democracia. Seg Ciaramelli las causas de la perdida de libertad y el hecho de que dejamos de considerarla como deseable, están ligados a una patología del deseo que conduce a una denegaci activa de la libertad y de la vida. El deseo deviene una satisfacci solitaria y garantizada, porque no depende más del acuerdo con los otros, mientras que la obediencia se transforma en sumisi disciplinaria, para destruir la naturaleza riesgosa e incierta de las relaciones humanas y de este modo generar una libertad paradojal y autodestructiva que evite al deseo el agotador pasaje por la mediaci social. Satisfacci solitaria y sumisi disciplinaria impiden que asumamos realmente la libertad. El deseo de libertad, en particular, está vinculado a la incapacidad de construir su propia identidad, y por esta raz se transforma en su contrario, es decir, en servidumbre voluntaria (Ciaramelli, 2013: 60/73-4/79-80/103-10/113).    </P>
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<P>Cada pensador, entre los considerados, recupera aspectos importantes y necesarios para la comprensi del feneno en cuesti, y también la paradoja y la contradicci de un mundo que utiliza la libertad contra ella misma. Ninguno entre ellos, sin embargo, discierne lo que ha enraizado en la profunda necesidad del conformismo: no solamente en el miedo, en el deseo de seguridad, en la necesidad de ser aceptado por la comunidad o de comprender su propia identidad en relaci con ésta, sino sobre todo en el respeto de las reglas (explícitas o implícitas), es decir, en el carácter decisivo de la instituci de la realidad. De la regla en tanto que necesidad psicosocial de la socializacin. </P>

<P>En todas estas importantes tesis, de las que he expuesto lo esencial, lo que no ha sido suficientemente tomado en cuenta es la naturaleza institucional del conformismo, a saber, la necesidad de respetar las reglas de conducta independientemente de la construccin de la identidad, del deseo de libertad, o de la toma de consciencia del estado de sumisin a la minoría de edad al que estamos adaptados. La potencia del conformismo actual se oculta mostrando la importancia que la socializacin juega dentro de la formaci del consentimiento y dentro de la aceptaci del status quo, de manera que haya la sospecha de que el problema de la servidumbre voluntaria no debe ser buscado dentro del cuadro de la libertad que produciría su contrario-sino de hecho de que su ejercicio imposible se ha vuelto una norma central en el marco de la reproducci social. Por consiguiente, sería importante estudiar la naturaleza de la organizaci del poder capitalista actual, es decir, no solamente la estructura de dominio que obtiene el consentimiento de la poblacin, sino las formas de socializaci dentro de las que se reproduce continuamente el ejercicio del poder en tanto que favor, privilegio, delegacin, aceptacin de la corrupci de las reglas establecidas, de la incapacidad de valorar la norma com, como las normas centrales de la coexistencia. Cuando la regla no está justificada más que sobre la base de la autoridad que restaura el orden en la relaci con el primo, de la significaci y del mando, mientras que toda norma de libertad es abolida y el principio de autoridad impone reglas exteriores a los sujetos. Como cuando el conflicto no es más que la expresi de la violencia y de la aniquilaci. En definitiva, todo lo que aleja la libertad de del individuo, de origen moderno, de la libertad con, ligada al amor, a la amistad y a la autonomía, a las que se refieren Fromm, La Boétie y Iacono, que parece residir principalmente en la manera en que se instituyen las reglas de coexistencia, y por lo tanto, en la naturaleza de poder compartido.  </P>
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<H4>La transformacin del proyecto de autonomía </H4>

<P>Más allá del socialismo y el comunismo, pero también del Mayo del '68 y de los movimientos que están ligados, hay también otros momentos de la historia del siglo pasado donde podemos encontrar nuevas y originales modalidades en las que el proyecto de autonomía se ha mostrado presente. </P>

<P>En primer lugar en Brasil, donde un movimiento popular, constituido por una pluralidad de movimientos de reivindicaci de una nueva sociedad y de una verdadera democracia, ha logrado entrar en la vida plica y política y movilizar una parte importante de una sociedad en la que el poder político y la dictadura militar expresaban claramente las características de una dominaci nutriéndose de una conformidad servil y de la aceptaci del principio de autoridad. La progresiva y larga descomposicin del régimen militar ha sido directamente proporcional a la emergencia de una nueva concepci y práctica de poder político y popular, hasta conducir a una verdadera tentativa de creaci política. (Profumi, 2013: 115-226) Aunque limitado y, a fin de cuentas, sin éxito, el caso de Brasil contemporáneo permite comprender que la existencia del proyecto de autonomía ha tomado formas aparentemente menos intensas que las del movimiento socialista o comunista, pero siempre pertinentes para la comprensi de las posibilidades de creaci política y de la realizacin de la autonomía humana. </P>

<P>Después de la muerte de Castoriadis, el proyecto de autonomía, que él ha visto emerger por tima vez en las revueltas del Mayo del 68’, vuelven con el movimiento altermundista, a fines de los as 1990, y con el movimiento de los indignados, después del 2007. Contra el nuevo curso del capitalismo financiero mundial, el movimiento de movimientos llega a hacer esto que Castoriadis, después de 1968, había reprochado no haber realizado a los movimiento sociales (en particular al ecologista y al de las mujeres) (Castoriadis, 1996: 17): construir un frente ico, formado en este caso, por todos aquellos que, a partir de diferentes posiciones y con diferentes perspectivas, luchan por el fin del sistema neoliberal y por la afirmaci de otra sociedad global posible, antitética a la capitalista. A lo largo del mismo camino, que se ha desplegado solamente hace diez as, el movimiento de los indignados ha compartido y vuelto populares numerosas posiciones, ideas y proposiciones altermundistas, guardando siempre la misma aversi por la dominaci econmica y política infringida por los defensores del orden capitalista. </P>
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<P>Los dos movimientos están todavía activos. El movimiento altermundista en 2015 celebra su onceavo Foro Social Mundial en Tez, mientras que el movimiento de los indignados, que se compone principalmente de grandes manifestaciones populares y de la activaci de un sistema de asambleas plicas donde organizar una nueva vida democrática partiendo de la base, hoy se presenta bajo su nueva forma de mareas y de la lucha por la democratizaci de los servicios sociales (pero también, en parte, bajo la forma del partido Podemos). Hablamos de un cierto nero de asambleas barriales o de pueblo, de colectivos, de asociaciones, de cooperativas y de otras realidades colectivas auto-organizadas que se han propagado y han creado redes, coordinando su acci con los problemas más urgentes que resienten a la poblaci menos integrada en el sistema actual (la casa, la salud, etc.). El proceso de reinvenci de la imaginaci política que ha comenzado con el movimiento altermundista a nivel planetario, se persigue, a nivel local, por el movimiento de los indignados. La referencia a las formas antiguas y nuevas de autogesti y de democracia directa, la utilizaci de internet y de las dinámicas horizontales, necesarias para organizarse y comunicarse, es la nueva cara de proyecto de autonomía: no estamos en presencia de un desvanecimiento de este proyecto sino de su novedad planetaria, ya que toma en adelante nuevas formas de organizacin y un nuevo imaginario. Estos movimientos actuales han aprendido a menudo de las lecciones de los errores de los movimientos de 1900, pero tienen reparos al abandonar completamente la heteronomía social contra la que luchan. Los dos son, de hecho, los vehículos de las cuatro condiciones que se muestran necesarias para la creaci política: la politizaci progresiva de la sociedad, la expresi de una sociedad diferente, la demanda de una verdadera democracia, y la práctica no-violenta de los conflictos sociales y políticos. </P>
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<P>Sin embargo, el proyecto de autonomía no puede ser alcanzado solamente gracias a estos dos movimientos. El primero se auto-representa como un largo proceso de transformaci de las instituciones mundiales, y por esta raz ha formulado objetivos que puedan abrir la posibilidad de una real transformaci de estas instituciones, así como un refuerzo de todos los movimientos populares, sociales, civiles, que luchan contra el sistema capitalista. El segundo es, ante todo, un movimiento de protesta y de deslegitimaci de las instituciones econmicas y políticas oligárquicas, pero también de creaci de un nuevo imaginario democrático. Las dos son condiciones esenciales para todas las formaciones revolucionarias que se orientan a la creaci política, pero no constituyen, en tanto tales, el agente de un nuevo tipo de revolucin. </P>
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<H4>4. “Crisis y polarizacin” </H4>

<P>Frente a esta doble tendencia general, es importante que recordemos esto que el filofo francés Daniel Bensaïd escribide sus timas obras sobre la sociedad contemporánea: “la idea de una revolucin tiende a perder su propia substancia política para ser reducida a una postura de deseo estético o ético, a un juicio de gusto, o a un acto de fe”. (Bensaïd, 2007: 2)53. El hecho de que la revoluci no sea una tabula rasa, sino que ella tenga las condiciones sociales-histicas y que ella deba ser una reorganizaci de las relaciones sociales y una revisi de la temporalidad, no significa que podamos predecirla o que no sea intempestiva, como lo ha recordado Bensaïd (Bensaïd, 2007: 4). Acontecimiento e historia, salto y proceso, creaci y construccin, no son una antítesis ni están en oposici, como ha sido indicado por los que escinden el momento del tiempo </P>

<P>53http://danielbensaid.org/Desir-ou-besoin-de-revolution?lang=fr </P>
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<P>instituyente del tejido instituido y piensan que la creaci política es un milagro </P>

<P>o un momento de suspensin del orden impuesto (Badiou, 1988), pero también por los que piensan la novedad como fuertemente condicionada por los presupuestos histicos (Dardot y Laval, 2014). Al final de su vida, Castoriadis ha imaginado el advenimiento de una bifurcaci histica, entre la dominaci del imaginario capitalista y el deseable e impredecible despertar social y político del imaginario creador (Castoriadis, 1999: 109-10). Él no ha visto que esta bifurcaci estuviera en tren de producirse o devenir más radical de lo que había percibido. </P>

<P>Habida cuenta de la polarizaci actual de la sociedad a la heteronomía débil, es decir, de cara al resurgimiento de la lucha social y política contra el sistema capitalista, aunque débil y contradictoria, pero también delante de la radicalizaci del ataque a esto que queda de la herencia del proyecto de autonomía sedimentado dentro de nuestras sociedades occidentales, vivimos una vez más dentro de una situaci de crisis en el sentido etimolico del término Krisis. Esto que Bensaïd recuerda que es una situaci dominada por una bifurcaci y por la necesidad de elegir el momento donde se imponen verdades histicas más allá de la mentira del presente eterno que está a la base del nuevo curso del capitalismo globalizado y financiero. La crisis econica ha abierto la caja de Pandora de una crisis de la sociedad ya en acto. En despecho por ser utilizado como una herramienta ideolica para imponer sociedades completamente heteromas-esto que había llegado también con la lucha contra el terrorismo -“la crisis” ha servido para despertar consciencias dormidas y expresar claramente la nueva alternativa a la que cada uno de nosotros tiene que responder: ¿democracia o capitalismo? </P>

<P>Para hacerlo será necesario comprender por qué, y en que medida, los aspectos de las sociedades totalitarias están reproduciendose y radicalizandose de una manera nueva en nuestras sociedades. </P>

<P>Una primera reflexin a la que es necesario tener en cuenta es la del psiquiatra y psicoanalista Christophe Dejours, que recupera de un modo particularmente cristalino la manera en que la servidumbre voluntaria echa raíces en el sistema neoliberal y produce formas de aceptaci parecidas a esto que Hannah Arendt llamaba la banalidad del mal refiriéndose al sistema nazi. Dejours orienta su atenci analítica hacia el establecimiento de las reglas de organizaci neoliberal de las empresas, y pone a la luz que los principios de organizaci que ahí se imponen son la falta de moral, la mentira sistemática, la injusticia, el sufrimiento continuo e ignorado, y la tolerancia o aceptacin general de estos principios. Del mismo modo que el régimen nazi había logrado hacer pasar el mal por el bien, igualmente en el sistema neoliberal la maldad del comportamiento, que antes constituía un caso excepcional, deviene un valor normal de comportamiento. El miedo y las mentiras sistemáticas permiten una banalizaci de la violencia, y la formaci de grupos de colaboradores capaces de tirar dentro del sistema a las personas que están implicadas ahí pero que mantienen todavía una moral intacta. Como para Arendt, para Dejour el problema más grande es que la responsabilidad de la mayoría de la gente es central y directa en el proceso de una aceptacin resignada y en la celosa reproducci de un sistema que recompensa la anulaci de la capacidad de razonamiento y de empatía frente al sufrimiento del otro. La banalidad del mal no nace como una patología psicolica, sino como normalidad, por siniestra y perversa que sea. (Dejours, 2009: 75/77/90/100/105-8/113/117/1412/157/164/179/182-3/191-2/194/202-3/219). </P>
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<P>Sin embargo, contrariamente a esto que es indicado por Dejours, la reducci o eliminaci de la consciencia, debida a la valoraci de las normas violentas y contrarias a la autonomía humana, no se produce solamente en el mundo del trabajo, y la supresi de la facutlad de pensar no se reduce a la falta de comprenci del malestar de los otros, sino que ella es en lo sucesivo una parte improtante de las costumbres y de la cultura de nuestra sociedad. La pobresa humana, la exclusi y la violencia generadas por el éxito de formas econonicas que han progresado gracias a la corrupci y al cinismo, y que han sido aceptadas y sostenidas por las “reglas” del mercado, a saber, por el imperativo del beneficio a todo precio, no son más que la punta del iceberg de un sistema social que se muestra listo para el advenimiento de una nueva forma de heteronomía, mucho más dura de la que nos habla Castoriadis. </P>

<P>El proyecto de autonomía depende sobre todo de una incertidumbre: ¿los movimientos sociales internacionales lograrán prolongar la crisis y llevar partes más grandes de la poblaci a elegir sus perspectivas? ¿Vamos a imponer, una vez más, la elecci entre la servidumbre y la autonomía en el curso de nuestra historia? Y, en tima instancia ¿Lograremos poner la creaci política en el coraz de nuestra perspectiva revolucionaria? </P>
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<H4>Bibliografía </H4>

<P>BADIOU Alain (1988). L’Être et l’ événement,  Paris: Seuil. BENSAÏD Daniel (publication inconnue, probablement 2007). Désir ou besoin de révolution ? CASTORIADIS Cornelius. (1990). L’époque du conformisme généralisé, en C. Castoriadis, Le monde morcelé, Paris: Seuil. [En espal: El mundo fragmentado, La Plata, Terramar. 2008) -----------. (1996). La montée de l’insignifiance y La crise du processus identificatoire y La crise des sociétés occidentales, en C. Castoriadis, La montée de l’insignifiance, Paris: Seuil. [En espal: C. Castoriadis, El avance de la insignificancia, Eudeba, Bs. As., 1996.] -----------. (1999). Imagination et imaginaire au carrefour y Héritage et révolution y Quelle démocratie? en C. Castoriadis, Figures du Pensable, Paris: Seuil. [En espal: Figuras de lo pensable, Bs. As., Fondo de Cultura Econmica, 2006] -----------. (2011). Ni nécessité historique, ni exigence seulement « morale » : une exigence politique et humaine y Une société à la dérive, en C. Castoriadis, Une société à la dérive, Paris: Seuil. [En espal: Una sociedad a la deriva. Entrevistas y debates (1974-1997), Bs. As., Katz, 2006]  -----------. (2013). Spécificité et crise des sociétés occidentales, en C. Castoriadis, Quelle démocratie ? Tome 2. Ecrits politiques 1945-1997, IV, Paris: Sandre. CIARAMELLI Fabio (2013). Dal consenso alla legittimazione. Le vicissitudini della servitvolontaria ieri e oggi, en Fabio Ciaramelli y Ugo Maria Olivieri, Il fascino dell’obbedienza. Servitvolontaria e società depressa, Milano-Udine: Mimesis. </P>
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<P>DARDOT Pierre y LAVAL Christian (2014). Commun. Essai sur la révolution au XXIe siècle, Paris: La Découverte. DEJOURS Christophe (2009). Souffrance en France. La banalisation de l’injustice sociale,  Paris: Seuil. FROMM Erich (1978). Fuga dalla libertà, Milano: Edizioni di Comunità. IACONO Alfonso M.aurizio (2000). Autonomia, potere, minorità. Del sospetto, della paura, della meraviglia, del guardare con altri occhi, Milano: Feltrinelli. LA BOÉTIE Étienne (1983). Discours de la servitude volontaire, Paris: Flammarion. PROFUMI Emanuele (2013). Sulla creazione politica. Critica filosofica e rivoluzione, Roma: Editori Riuniti Internazionali. WEIL Simone (2002). Méditation sur l’obéissance et la liberté, en Étienne La Boétie, Discours de la servitude volontaire, Paris: Petite Bibliothèque Payot. ZARKA Yves Charles et Les Intempestifs (2007). Critique des nouvelles servitudes, Paris: Puf. </P>
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