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ARTÍCULOS </Figure>

<P>METÁFORAS COGNITIVAS </P>

<Part>
<H4>Una lectura de Andy Clark a la luz de “las macrosemiticas” </H4>

<Sect>
<H4>Cognitive Metaphors </H4>

<P>A Response to Andy Clark from Juan Samaja’s “Macrosemioetics” </P>

<P>NIDIA PIÑEYRO </P>

<P>(Universidad Nacional del Nordeste, Argentina) </P>

<Sect>
<H4>Resumen </H4>

<P>En el presente artículo examino el uso de algunas metáforas cognitivas empleadas por Clark (1999) en su texto “Estar ahí. Cerebro, cuerpo y mundo en la nueva ciencia cognitiva.” Parto de la nocin de metáfora como argumento concreto condensado de González Asenjo (1993) e intento poner en diálogo los significados implicados en los utilizados por Clark para referirse a mente; cerebro; aprendizaje; cognicin, etc. con la propuesta de una perspectiva semitica en la investigacin científica (macrosemiticas) hecha por Samaja (2004). Algunas expresiones metafricas predilectas de Clark (como las de mente andamiada, termitero, manglares) indican su concepcin estratigráfica y colectiva del esfuerzo (y los logros) epistémicos del ser humano, un ser cuya característica distintiva es la de participar de una inteligencia extendida en el tiempo y en el espacio y cuyo refinamiento y precisin están forjados en las instituciones culturales así como en el empleo de textos hablados y escritos. </P>

<P>Palabras clave: metáfora, cognicin y macrosemiticas </P>
</Sect>

<Sect>
<H4>Abstract </H4>

<P>In this article I examine the use of some cognitive metaphors employed by Clark (1999) in “Being there. Brain, Body and World in the new Cognitive Science.” Using Gonzalez Asenjo’s (1993) notion of metaphor as “concrete condensed argument” as a starting point, I try to make Clark’s implied meanings on mind, brain, learning, cognition and so on, dialogue with Samaja’s (2004) semiotic perspective in scientific research ( macrosemiotics). Some of Clark’s favorite metaphors (such as scaffolded mind, nest of termites, swamps) are indexical of his stratigraphic and joint conception of human beings epistemic efforts (and assets), a being whose distinctive characteristic is that of partaking of an intelligence extended in time and space and whose subtlety and precision are forged both in the cultural institutions and in spoken and written texts. </P>

<P>Keywords: Metaphor, Cognition and Macrosemiotics </P>

<P>“El lenguaje y el pensamiento viven una existencia simbitica tan estrecha, nuestra manera de hablar afecta tanto nuestra concepcin de lo real, que incluso la nada se concibe como una cosa.” </P>

<P>Florencio González Asenjo. </P>

<P>Ontología formal de la Metáfora </P>
</Sect>
</Sect>
</Part>

<Part>
<H4>1. Introduccin </H4>

<P>Un prejuicio extendido es considerar la metáfora o los dichos metafricos como un recurso exclusivo del lenguaje o discurso poético. Sin embargo estas formas de expresin son muy utilizadas en el hablar cotidiano y desde siempre han sido un aliado del discurso científico para hacer comparaciones que tradujeran con mayor eficacia lo que las definiciones nominales y frmulas dejaban a oscuras. </P>

<P>González Asenjo (1993) sostiene que, además de expresar creativamente la realidad, las metáforas aportan concrecin, síntesis, vitalidad y compenetracin máxima con la cosa referida y propone considerarlas como argumentos concretos condensados o comprimidos. El autor dice que la argumentacin concreta </P>

<P>…consiste en dejar que los conceptos asuman buena parte de su espectro de significaciones en vez de una sola significacin invariable, y a partir de ahí sacar las consecuencias –también variables e incluso contradictorias-que esas distintas significaciones generan. (1993: 6) </P>

<P>En este artículo me propongo explicitar las consecuencias que a mi entender se derivan del uso de algunas expresiones metafricas por parte de Andy Clark (1999) en su texto Estar ahí. Cerebro, cuerpo y mundo en la nueva ciencia cognitiva. No pretendo agotar el análisis de las mismas y slo me referiré a algunas de las que son empleadas para aludir al campo de la cognicin (por ejemplo, la de mente andamiada para entender la funcin de apoyo externo del lenguaje en la cognicin; la estigmergia -propia de las termitas y otros insectos que emplean el trabajo como seal para controlar, inducir y coordinar acciones-como principio explicativo del éxito cognitivo colectivo; el tipo de relacin expresada en la dupla ‘la araa y su tela’ para argumentar sobre los límites en la relacin hablante-usuario / lenguaje-artefacto; la de manglar para introducir el concepto de dinámica cognitiva de segundo orden en el cual las palabras son consideradas como productoras de objetos mentales y operaciones cognitivas, etc.). </P>

<P>También es preciso sealar que muchas de las expresiones metafricas halladas en esta obra son tomadas por Clark de otros científicos (por ejemplo, anadamiaje, de Lev Vygotsky.).Las mismas tienen un valor especial si pensamos en el plus conceptual que logran al ser recreadas por un autor preocupado en fundamentar un programa de investigacin novedoso. Antes de pasar al desarrollo es necesario explicitar que esta lectura de Clark y la de otros autores están ‘marcadas’ por la visin geolgica (manifiesta en la propuesta de las macrosemiticas) que Juan Samaja (2004) tiene sobre la ciencia, el proceso de investigacin y el conocimiento. Esta impronta -que hunde sus raíces en la tradicin dialéctica-funciona en todo momento como teln de fondo en la interpretacin que propongo. </P>

<P>¿Qué se puede esperar de un trabajo que desarrollara las categorías implícitas en las metáforas cognitivas de un autor que trata de superar el paradigma conexionista y fundamentar las bases de otro en el que la mente sea considerada en su naturaleza corprea y embebida? En primer lugar, un rescate del lenguaje metafrico como cantera de conceptos y argumentos eficaces para la ciencia y la comunicacin académica en general. Puede ofrecer también algunas ‘pruebas’ de que la produccin científica (o la lgica que la rige) no es una ‘flor del aire’ sino que descansa en resultados (científicos y filosficos) anteriores. Por ltimo, algunas relaciones entre los debates actuales de las ciencias cognitivas y la epistemología como ser el papel del lenguaje natural; la escritura; la cultura y las instituciones en la cognicin humana. </P>
</Part>

<Part>
<H4>2. Sobre las macrosemiticas </H4>

<Sect>
<H4>2.1. La perspectiva estratigráfica y el papel de la escritura como matriz ontolgica </H4>

<P>Samaja (2004), al explicitar las razones de la inclusin del término macrosemitica acuado por Greimas (1990) para designar “dos vastos conjuntos de significantes” llamados “el mundo natural” y el “mundo de la lengua natural” (Greimas en Samara, 2004: 36), se da a la tarea de definir en qué consiste cada uno de ellos y de adelantar como un rasgo comn el hecho de que en ninguno acta la voluntad de los individuos. Mundo natural y lengua natural, se diferencian, sin embargo, por el tipo de significantes que constituyen sus mundos: los significantes indiciales e icnicos pertenecen a la macrosemitica o mundo natural. Los simblicos pertenecen a la macrosemitica o mundo de la lengua natural e implican procesos de categorizacin mediados por el lenguaje. Forman parte de la macrosemitica del mundo natural “todos los significantes indiciales e icnicos que integran el vasto mundo comunicacional de la biosfera: lo cinético, lo táctil, lo olfativo, lo gestual, lo postural, y lo proxémico…de la esfera humana anterior al lenguaje.” (Samaja, 2004: 36-37) y a la macrosemitica de la lengua natural, los significantes verbales. </P>

<P>Persuadido de que, aparte de estos dos, hay otros mundos de significantes con sus propias reglas, propone el ingreso en esta clasificacin de “al menos dos macrosemiticas porque constituyen agregados cruciales a la comprensin de la Cultura o el Espíritu como una realidad compleja de carácter estratigráfico, conforme el modelo de la Geología.” (Ibíd.: 38). Se trata de las macrosemiticas escritural y tecnoeconmica. En el juego de denominaciones que manipula y discute para la primera Samaja rechazará la de “mundo histrico” porque la expresin opaca el carácter mega-revolucionario que entraa la aparicin de la escritura. El mundo escritural instaura un nuevo conjunto de significantes e inaugura una nueva ontología: “y en el mismo sentido en que la lengua […], idénticamente la escritura hace ingresar al orden del ser dimensiones ontolgicas (regiones de entes) absolutamente inhallables e imposibles en un mundo sin escritura.” (Ibid: 39). </P>

<P>Esta regin de entes nuevos incluye todos los textos y todas las ciencias y segn Clark, nuevos objetos mentales como los pensamientos sobre el pensar. Esta afirmacin se funda, entre otras razones, en el trabajo de Merlín Donald (1991) quien en un estudio exploratorio sobre la evolucin de la cultura y la cognicin reconoce dos tipos de sistemas externos de memoria: uno mítico y otro terico. El segundo, el de la escritura representa “ […] ‘mucho más que una invencin simblica, como el alfabeto, o que un soporte específico de memoria </P>

<P>externa […], lo que se crefue el proceso de descubrimiento y cambio cognitivo externamente codificados’ .” (1991: 343)1. </P>

<P>En relacin con ‘el pensar sobre el pensar’ o dinámica cognitiva de segundo orden, trabajaremos en otro tramo del texto, cuando nos aboquemos a las consecuencias de tratar el lenguaje (escrito y hablado) como generador de nuevos paisajes ontolgicos y como equivalente a la dinámica de generacin de los manglares. Baste por ahora sealar que, como Samaja, Clark sostiene con vehemencia que la capacidad de hacer ciencia no depende directamente de los ‘pertrechos’ biolgicos como de los culturales, en especial de los que permiten codificar, congelar y autoevaluar los pensamientos. </P>

<P>El hecho de que los seres humanos puedan hacer lgica y ciencia no implica que el cerebro contenga un auténtico instrumento lgico o que codifique teorías científicas con un formato similar a la expresin habitual mediante palabras y frases. En realidad, tanto la lgica como la ciencia se basan en gran medida en el empleo y la manipulacin de medios externos, especialmente los formalismos del lenguaje y la lgica, y las capacidades de almacenamiento, transmisin y refinamiento proporcionadas por las instituciones culturales y el empleo de textos escritos y hablados. (1999:278) </P>

<P>Los escalones de la pirámide o las capas estratigráficas aparecen con más </P>

<P>claridad: primero el mundo natural, luego el de la lengua natural, luego el de la </P>

<P>escritura. Cada uno de los niveles guarda con el anterior una relacin de </P>

<P>dependencia y con el posterior una relacin de subordinacin. ¿Cmo es la </P>

<P>macrosemitica que depende de la escritural, su matriz ontolgica, -y de las </P>

<P>otras anteriores- para existir? </P>
</Sect>

<Sect>
<H4>2.2. La ciencia como metalenguaje y las instituciones académicas </H4>

<P>como termiteros </P>

<P>Pareciera que estamos en condiciones de adentrarnos en la caracterizacin de lo </P>

<P>que Samaja denomina la macrosemitica tecnoeconmica (o lenguaje de los </P>

<P>objetos construidos o del mundo artificial-virtual). A ella pertenecen los </P>

<P>‘lenguajes’ empotrados en las técnicas […] &lt; y &gt; todos los metalenguajes que contienen y especifican cánones y patrones de validacin de los saberes sociales y de las Lenguas mismas </P>

<P>1 Citado por Clark (1999:61). </P>

<P>por medio del control de los objetos de aplicacin mediante vínculos contractuales y constructivos. (2004: 24) </P>

<P>Tal como el lenguaje hablado y la escritura, a su turno, el trabajo científico crea una regin especial de significados y realidades. Sus productos semiticos se gestan y circulan e interpretan y validan en espacios restringidos, aunque para salir a la luz se nutran de la gran cantera del mundo social y natural y el efecto de su manipulacin se expanda más allá de los claustros, departamentos de investigacin, universidades, etc. </P>

<P>El hecho de que los resultados del saber científico son considerados por Samaja (2004:23 -24) como un ‘tesoro’ de poco más de 200 aos nos debe alertar sobre dos cuestiones: en perspectiva geolgica, estamos frente a un mundo flamante… pero an cerrado. El tesoro “está acumulado en sus tradiciones epistémicas y tecnolgicas […] que las sociedades burguesas preservan y transmiten mediante sus diversos dispositivos formadores […].” Si bien el autor nos aclara que “existe de manera práctica en las rutinas del mercado y de las restantes instituciones de la sociedad civil” no podemos decir que exista legítimamente (o sea legitimante producirlos) en otros espacios. </P>

<P>Dicho esto (y a los efectos de no soslayar el aspecto político que entraa la cuestin), asumo como un hecho que las instituciones académicas o las comunidades de especialistas, la corporacin científica o los investigadores, a secas, poseen y son portadores de un determinado estilo cognitivo que se trasluce en sus prácticas metodolgicas, en su forma de argumentar, en sus textos. Ser parte de una comunidad científica supone ciertos ‘modos o énfasis’ aceptados y transmitidos por las disciplinas. Zurita (2007)1 lo expresa de la siguiente manera: </P>

<P>Aunque las modalidades cognitivas nucleares del pensamiento científico son comunes a sus diversos espacios de realizacin, los énfasis en los tipos de operaciones de razonamiento y las formas que adoptan, difieren de un dominio disciplinar a otro. Cabe suponer que estos énfasis y particularidades, que se expresan en los modos aceptados por las comunidades científicas para el descubrimiento y la validacin se entretejen con epistemologías tácitas o explícitas que el estudiante internalizará con mayor o menor coherencia y aceptacin, </P>

<P>1 Ver CORRAL DE ZURITA, N. (2007): Habilidades de razonamiento y creencias epistemolicas de estudiantes universitarios avanzados en contextos académicos – disciplinares. (Proyecto de investigacin acreditado ante la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional del Nordeste), p. 3 y ss. </P>

<P>creencias que a su vez influirán en su modo de aproximarse al aprendizaje. (2007: 3) </P>

<P>Digamos que, además de ser un espacio restringido, el científico posee en su interior otra serie de cercos o sesgos y que los mismos tienen su origen en las tradiciones disciplinares. Clark no entra centralmente en la cuestin, sin embargo, su reflexin sobre el aprendizaje colectivo aporta una interesante explicacin del por qué las tradiciones son alimentadas y mantenidas por los grupos de profesionales científicos (humanos, al fin). Me refiero a su argumentacin sobre la naturaleza econmica de nuestro sistema de cmputos que rige el cerebro biolgico, la cual impone al ser humano una suerte de ‘tercerizacin’ de algunas operaciones mentales tales como las formas de razonar: </P>

<P>la idea es que la cognicin avanzada depende de manera crucial de nuestras capacidades para disipar razonamiento: para difundir a través de estructuras sociales complejas el conocimiento y la sabiduría práctica que adquirimos y para reducir las cargas de los cerebros individuales situando estos cerebros en complejas tramas de restricciones lingísticas, sociales, políticas e institucionales. (1999: 234) </P>

<P>Puesto así pareciera que en los aprendizajes disciplinares, como en otros aprendizajes prácticos, somos proclives a aprovecharnos de los modos y los énfasis establecidos (y exitosos) como estrategia de descompresin a la carga computacional. Clark, va abordar el asunto a partir de una metáfora incisiva: los humanos nos parecemos bastante a ciertos insectos sociales de pistas químicas…No somos termitas pero nos parecemos en algunos cuantos aspectos. Éstas y otras metáforas referidas a la cognicin serán analizadas en los parágrafos siguientes. </P>
</Sect>
</Part>

<Part>
<H4>3. Las metáforas cognitivas en Clark: de bisagras, umbrales y miradores </H4>

<P>En la introduccin a este artículo adelanté mi intencin de examinar algunas metáforas cognitivas en un marco más general, el de la aproximacin al entendimiento de la ciencia, el conocimiento y la investigacin en clave dialéctica. </P>

<P>También sealé que una de las razones por las cuales las metáforas de Clark resultan interesantes para este propsito radica en que es un autor en busca de los cimientos (que en ciencia, siempre son argumentos) para un nuevo programa de investigacin en ciencias cognitivas. Este esfuerzo, idéntico al que encara Samaja desde otros lugares –también transdisciplinarios-, nos hace pensar que las metáforas en tanto argumentos concretos condensados serán fértiles para pensar algunas cuestiones nodales que impregnan el debate de las ciencias de la cognicin que estamos transitando. </P>

<P>En síntesis, intento sugerir que cuando leamos, andamios, termiteros, manglares o araas con telaraas, estemos dispuestos a aceptar que, la mayoría de las veces, las metáforas son un instrumento para conceptualizar y persuadir al mismo tiempo. En este caso, el esfuerzo de persuasin está orientado a convencernos de que los argumentos implicados por las metáforas tradicionales ofrecen un flanco para introducir algunos interrogantes sobre su eficacia explicativa. Creemos que las de Clark tienen todos los ingredientes que, segn Gonzalez Asenjo (1993), deberían tener las buenas metáforas: incisividad, pertinencia y adecuacin a la realidad que esperan representar. </P>

<Sect>
<H4>3.1. Mentes con andamiajes </H4>

<P>Clark introduce la nocin de andamiaje aclarando su filiacin con la psicología del desarrollo: </P>

<P>la nocin de andamiaje tiene sus raíces en el trabajo del psiclogo soviético Lev Vigotsky […] quien destacque la experiencia con estructuras externas puede alterar y dar contenido a los modos de procesamiento y comprensin intrínsecos de un individuo. (1999:86). </P>

<P>El vuelo que le imprimirá hará que la metáfora del andamio se expanda hacia otros tipos de apoyos o ayudas externas que exceden la que puede brindar un adulto como guía en el aprendizaje de un nio o la estructura que por fuera nos brindan el lenguaje y otros elementos del entorno: “la nocin intuitiva de andamiaje es más amplia porque puede abarcar toda clase de ayudas externas, tanto si proceden de adultos como del entorno inanimado.” (ibid: 87) </P>

<P>La primera categoría implicada en esta metáfora puede expresarse con la idea de insuficiencia. Algo que precisa un andamio es algo en construccin, demasiado frágil, inseguro o dependiente como para estar erguido sin ayuda. La otra categoría que emerge con toda claridad es la de externalidad de la solucin a la insuficiencia. Los andamios van por fuera de la estructura que ayudan a sostener. El salto que da Clark parado sobre los hombros de la metáfora vygostkyana supone que los adultos y el lenguaje pblico son slo un tipo de los muchos apoyos externos de que el ser humano puede valerse para conocer y operar en el mundo. Incorpora así, una serie de apoyos externos nuevos que colaboran para que un ser cuya mente es “corta de vista; especializada e internamente fragmentada” adquiera máxima coherencia y utilidad. (ibid., 72). </P>

<P>Los tipos de apoyo que imagina Clark, además del habla privada y la accin andamiada –de cuo vygotskyano-van desde el empleo de instrumentos (lápiz y papel, por ejemplo) hasta la explotacin del conocimiento y las aptitudes de otras personas; “el concepto de andamiaje (tal como yo lo utilizaré) abarca una amplia clase de potencialidades físicas, cognitivas y sociales que nos permiten alcanzar una meta que, en caso contrario, sería inalcanzable.” (1999, 256) </P>

<P>Los andamios son clasificados segn un criterio de complejidad ascendente: en los casos más simples encontramos el empleo de soportes externos de símbolos, sirven para descargar parte de nuestra memoria en el mundo. A este grupo de soportes artificiales pertenecen las agendas, diarios personales, libretas, etc. Un caso más complejo es el empleo de etiquetas. Son tiles para simplificar el entorno, nos permite hallar objetivos en escenarios nuevos sin necesidad de conocer previamente qué debemos buscar o dnde. A este grupo pertenecen los carteles y avisos en las carreteras, por ejemplo, y lo que se logra es descargar la carga computacional y la necesidad de hacer inferencias. El tercer lugar lo ocupa el uso de etiquetas lingísticas. Vuelven más simple el entorno de aprendizaje de ciertos conceptos importantes permitiendo comprimir enormes espacios de bsqueda hasta un tamao manejable. A este grupo pertenecen los conceptos que permiten incorporar otros de su misma naturaleza, funcin o estructura activando una serie de asociaciones que viabiliza la aprehensin en estado de ausencia del objeto nuevo. Por ltimo Clark seala el empleo del lenguaje para coordinar la accin. Entre sus beneficios se encuentran la minimizacin del esfuerzo por vía de la planificacin explícita (personal o interpersonal). Lo que se logra mediante un plan es la reduccin de las deliberaciones en línea. Ejemplos de estos usos son la planificacin de acciones individuales o colectivas que se organizan en una determinada secuencia y, que al adquirir estabilidad restringen la necesidad de decidir sobre cada evento de la cadena. </P>

<P>Volviendo al asunto de las categorías implicadas en la metáfora de andamiaje, queda por decir, que la tercera es la de interaccin colaborativa entre la mente y el entorno. ¿Cuál es el tipo de intercambio que se realiza entre el organismo vivo y su ambiente o cmo lo beneficia en tanto andamio? </P>

<P>El flujo de pensamiento […] consiste en transformar entradas, simplificar bsquedas contribuir al reconocimiento, estimular el recuerdo asociativo, descargar memoria; etc. En cierto sentido, un ser humano que razona es un dispositivo cognitivo verdaderamente distribuido: realiza llamadas a recursos externos para que lleven a cabo unas tareas de procesamiento específicas […] El flujo de pensamientos o la generacin de respuestas razonadas no son un mérito exclusivo del cerebro. La colaboracin entre cerebro y mundo es mucho más rica y está más impulsada por necesidades de computacin e informacin de lo que se creía hasta ahora. (Ibíd. 110) </P>

<P>Todas estas categorías: insuficiencia, solucin externa a la insuficiencia de cuya cuasi-duplicacin encontramos los ecos en la de interaccin colaborativa-serán las bases de un remate difícil de rechazar: “el verdadero motor de la razn no está limitado ni por la piel ni por el cráneo.” (Ibíd.:111) </P>

<P>Esta metáfora de la mente andamiada es recurrente y aparece en la obra mucho antes de que el autor se encargue específicamente de los andamiajes por excelencia: el cultural y el lingístico previstos para los dos ltimos capítulos. Cuando leemos los títulos en 2.5 “Mentes con andamiajes”; en 3.3. “Apoyarse en el entorno” para, finalmente, encontrarnos con la metáfora humana de “cerebros salvajes, mentes andamiadas” (en 9.1.) empezamos a pensar que, tal vez, es eso lo que verdaderamente somos: una simbiosis entre cuerpo, mente y entorno. </P>
</Sect>

<Sect>
<H4>3.2. Algoritmos estigmérgicos y cognicin humana colectiva: no somos termitas, pero… </H4>

<P>Clark (1999:118) -también en una parte distante del desarrollo de los andamiajes culturales y lingísticos-nos ofrece una definicin etimolgica de estigmergia: “una combinacin de estigma (seal) y ergon (trabajo) implica la </P>

<P>utilizacin del trabajo como seal para más trabajo” y la va a ligar a los argumentos esgrimidos para explicar el éxito del aprendizaje o los aprendizajes colectivos, propios de los seres humanos. Nos adelanta de inmediato que la verdadera estigmergia “requiere una falta total de flexibilidad de respuesta en presencia de una condicin desencadenante. Por tanto, la actividad humana en general, slo es cuasi estigmérgica.” (Ibíd.:119). </P>

<P>An así, avanzará en la analogía, sumando argumentos a favor de la posible naturaleza estigmérgica del aprendizaje en  las comunidades humanas. </P>

<P>Naturalmente, aunque los seres humanos se encuentran inmersos en los entornos restrictivos de grandes instituciones sociales, políticas o econmicas, ¡no son termitas!. […] Sin embargo, nuestros éxitos (y a veces nuestros fracasos) colectivos se suelen comprender mejor si consideramos que el individuo slo elige sus respuestas dentro de las limitaciones –con frecuencia poderosas-impuestas por los contextos de accin más amplios de carácter social e institucional. Y de hecho esto es justamente lo que cabe esperar cuando reconocemos que la naturaleza computacional de la cognicin individual no es ideal para abordar ciertos ámbitos complejos (Ibíd.: 240-241) </P>

<P>Pero ¿qué nos presenta a primera vista un termitero si no estuviéramos informados de la estigmergia que rige su dinámica? En primer lugar que es un espacio artificial o creado por muchos individuos. En segundo lugar, (y esto ya es una inferencia) que los individuos deben haber coordinado sus acciones. En tercer lugar, que un individuo solo, difícilmente, podría haberlo logrado. Si ponemos estos primeros rasgos del termitero en diálogo con los argumentos implicados en la metáfora del andamiaje, nos daremos cuenta de que Clark está proponiendo una suerte de sistema de metáforas y no metáforas sueltas con una mera intencin estilística. </P>

<P>Atendiendo a la cuestin más explícita, la de la estigmergia, la primera categoría que se nos presenta como nítida es la capacidad del trabajo como seal para generar más trabajo. Es decir, el empleo de la accin como seal para instigar la accin. Para sostener esta idea, Clark propondrá otra metáfora anexa; la de un campus hipotético en construccin y que an no tiene senderos y cuyos planificadores deciden dejar librado su trazado al uso ‘espontáneo’ de los usuarios. A través de ella, ingresa, sutilmente al ámbito de las acciones humanas referidas a la resolucin de problemas y que explotan la coordinacin y el esfuerzo de una comunidad para lograr el éxito. </P>

<P>[…] en ocasiones podemos estructurar nuestro entorno de resolucin de problemas como una especie de subproducto de nuestra actividad básica de resolucin de problemas. En nuestro campus hipotético, los primeros viandantes estructuran el entorno como un subproducto de sus propias acciones, pero los viandantes posteriores se encontrarán con un entorno estructurado que, a su vez, puede ayudarles a resolver, precisamente, los mismos problemas.” (Ibíd: 123) </P>

<P>Clark destacará el hecho de que “los sistemas &lt;tericos&gt; clásicos omiten </P>

<P>la tendencia dominante en los agentes humanos a estructurar activamente su </P>

<P>entorno con el fin de reducir posteriores cargas computacionales.” (1999: 201). </P>

<P>Reforzará así otra categoría presente en su metáfora básica, la del termitero: el </P>

<P>trabajo colectivo ahorra trabajo individual, solidaria también con la metáfora </P>

<P>anterior de los andamiajes externos. </P>

<P>Cuando hacemos esto, aadimos estructura a nuestro entorno de una manera diseada para simplificar posteriores conductas de resolucin de problemas, de manera muy parecida al empleo por parte de ciertos insectos sociales de pistas químicas que aaden a su entorno local una estructura fácil de utilizar y que les permite hacer que el camino hasta el alimento sea detectable con un gasto computacional mínimo (1999, 201) </P>

<P>Pero el remate llega en oleajes. Las características de las acciones realizadas en el  termitero en relacin con las que los humanos pudieran realizar para resolver algunos problemas de diseo del entorno no son tan incisivas como la propuesta de entender las instituciones sociales como productoras de seales para regular las conductas de los individuos. </P>

<P>En resumen […] los seres humanos, destacamos en un aspecto crucial: somos expertos en estructurar nuestros mundos físicos y sociales y en extraer conductas complejas y coherentes de estos recursos tan difíciles de controlar. Empleamos la inteligencia con el fin de estructurar nuestro entorno para poder tener éxito con menos inteligencia. ¡Nuestros cerebros hacen que el mundo sea inteligente para que nosotros podamos ser unos tontos felices! O dicho de otra manera, el cerebro humano más estas piezas de andamiaje externo son los que finalmente constituyen la máquina de inferencias racional e inteligente que llamamos mente. Vistas así las cosas, está claro que somos inteligentes; sin embargo, nuestros límites se adentran en el mundo mucho más de lo que inicialmente pudiéramos suponer. (1999: 234) </P>

<P>Sabiendo que el examen hecho hasta aquí no agota en absoluto la riqueza </P>

<P>de las categorías implicadas en el uso de la metáfora del termitero, y por las </P>

<P>razones de extensin de este trabajo, seleccioné algunos párrafos que contienen </P>

<P>una versin más categrica en relacin con los aprendizajes colectivos y que </P>

<P>segn creo, abonan una serie de debates más sociolgicos o político institucionales del mundo académico en tanto corporacin. Me refiero al papel de las instituciones académicas y dispositivos de formacin en general en la adquisicin de modelos cognitivos por parte de sus discípulos más jvenes. </P>

<P>En primer lugar tomaría nota del argumento de “determinacin ecolgica” de las funciones de diversos estados y procesos internos, la cual indica que “la situacin del organismo en un entorno más amplio y sus interacciones con ese entorno influyen en lo que se debe representar y cmo computar internamente. (1999;146) </P>

<P>En segundo término, vale poner en esta misma línea el argumento sobre el “carácter oportunista de gran parte de la cognicin biolgica.” </P>

<P>Cuando el cerebro biolgico se enfrenta a las fuertes limitaciones temporales propias de la accin en el mundo real y slo dispone de un estilo de cmputo incorporado bastante restrictivo y orientado a la complecin de patrones, aceptará toda la ayuda que pueda conseguir. Esta ayuda incluye el empleo de estructuras físicas externas (tanto naturales como artificiales), el empleo del lenguaje y de instituciones culturales y el empleo abundante de otros agentes. (1999: 123) </P>

<P>Por ltimo, y más específico an, el argumento de la utilizacin del saber </P>

<P>adquirido que portan las instituciones y que son empleadas por los humanos </P>

<P>como un recurso externo para sus necesidades cognitivas: </P>

<P>En esos ámbitos, la resolucin cotidiana de problemas suele suponer el empleo de estrategias de reconocimiento de patrones localmente eficaces que se invocan como resultado de alguna incitacin externa y que dejan huellas en forma de otras seales que estarán disponibles para manipulaciones futuras dentro del engranaje más amplio de la institucin. […] gran parte de lo que sucede en el complejo mundo de los seres humanos se puede comprender, de una manera un tanto sorprendente, como si implicara algo semejante a los algoritmos estigmérgicos. (1999: 240) </P>

<P>Recordemos que la estigmergia supone el empleo de estructuras externas para controlar, inducir y coordinar acciones individuales. Al parecer, muchos de los modos y énfasis disciplinares reconocibles en modelos argumentativos, en el uso preferencial de algunos tipos de razonamiento o la escritura misma de los textos, se pueden explicar por los argumentos de determinacin ecolgica, el carácter oportunista de la cognicin biolgica, y por la estigmergia característica de algunas estructuras sociales, que puedan inducir y coordinar una larga sucesin de episodios de resolucin de problemas, conservando y transmitiendo las soluciones parciales a lo largo de la sucesin.” (1999,-241) </P>

<P>Podría ser, como lo expresa Hutchins (1995)1, que estas características (y la del acostumbramiento a una interpretacin de la entrada y la dificultad para su posterior abandono) “concuerda bastante bien con el familiar efecto psicolgico del sesgo a la confirmacin, es decir, la inclinacin a desatender, descartar o reinterpretar de una manera creativa las pruebas que van en contra de alguna hiptesis o modelo que ya se haya establecido.” (ibid:242) </P>
</Sect>

<Sect>
<H4>3.3. Dinámica cognitiva de segundo orden: el lenguaje como manglar </H4>

<P>Es posible que la metáfora más atractiva de Clark para quienes nos dedicamos al estudio del lenguaje sea la que sugiere que su funcin primordial es la de realizar una operacin cognitiva específica, la de generacin de objetos mentales imprescindible para la accin en el entorno. Sin embargo, esta metáfora –tal como lo propongo en otra parte de este texto-forma parte de un sistema de argumentos condensados concretos cuya funcin es facilitar la incorporacin de una nueva concepcin de la mente, un sistema que opera en colaboracin y que potencia sus habilidades biolgicas explotando todo tipo de apoyos físicos y sociales. </P>

<P>En este marco, no sorprende la eleccin de la imagen de manglar. Este tipo especial de formacin vegetal contiene gran parte de las claves para comprender cmo el contenido de nuestro pensamiento –en gran parte lingístico- no slo depende de las palabras sino que ellas mismas atraen, fijan y elaboran y controlan otros objetos mentales no lingísticos. Pero la relacin no es automática. Es efectiva en la medida que Clark la desglosa. El autor decide ofrecer, la definicin nominal por delante de la expresin metafrica que en este caso cumple la funcin de ilustrar el argumento de una manera más vívida y concreta. </P>

<P>Denomino dinámica cognitiva de segundo orden a un cmulo de capacidades que implican autoevaluacin, autocrítica y respuestas compensatorias ajustadas con precisin. Esto es lo que ocurre cuando reconocemos un defecto en uno de nuestros planes o argumentos y dedicamos recursos cognitivos a eliminarlos o cuando reflexionamos sobre la poca fiabilidad de nuestros juicios iniciales en ciertos tipos y, como resultado, actuamos con cuidado especial, o cuando averiguamos por qué hemos llegado a una conclusin determinada </P>

<P>1 Citado por Clark (1999:242). </P>

<P>comprendiendo las transiciones lgicas de nuestro propio pensamiento, o cuando descubrimos las condiciones bajo las cuales pensamos y tratamos de provocarlas. En este modelo, el lenguaje pblico y la repeticin interna de oraciones actan como las raíces aéreas de un mangle: las palabras actuarían como puntos fijos capaces de atraer y acumular más material intelectual, creando las islas de pensamiento de segundo orden tan características del paisaje cognitivo del Homo sapiens. (1999, 264) </P>

<P>Ahora podemos desarrollar mejor las categorías implicadas en la metáfora. La primera que se nos aparece es la de la naturaleza procesual de su formacin. Como en el caso de los manglares, la repeticin es la condicin para la estructuracin posterior. </P>

<P>La segunda característica es la de que el resultado de este proceso repetido es la formacin de una estructura estable y la tercera, es que esa estabilidad (en el agua, en la mente) funciona como un atractor de otros materiales intelectuales que se adhieren a la estructura: “El proceso de formulacin lingística crea una estructura estable a la que se adhieren pensamientos posteriores” (ibid: 264) </P>

<P>La naturaleza de estos pensamientos posteriores -ya previstos en la tesis vygotskiana del papel del habla interna-es de un nivel más elevado. Cumplen la funcin de control sobre el material sedimentado (otros pensamientos) que si estuvieran a la deriva (no estructurados en formulaciones lingísticas recordables), no podrían ser revisados en sus detalles. “El lenguaje se revela como un recurso fundamental mediante el cual redescribimos con eficacia nuestros propios pensamientos en un formato que los hace asequibles para una variedad de nuevas operaciones y manipulaciones. (1999: 266) </P>

<P>Tengo la impresin de que esta nocin puede ser mucho mejor explotada en la reflexin sobre el papel del lenguaje como ‘máquina cognitiva’. Intuyo que muchas lecturas que ahora me resuenan (la de Peirce, por ejemplo) pueden enriquecer la tarea de hacer justicia a esta metáfora que propone Clark. Pero el esfuerzo necesario excede el propsito de este trabajo. A los efectos de ver cmo Clark legitima su tesis, creo que la explicacin del uso del manglar pudo haber cumplido su cometido. </P>
</Sect>
</Part>

<Part>
<H4>3. 4. “¿Dnde acaba el usuario y empieza el instrumento?” La araa y su tela </H4>

<P>Para finalizar, he seleccionado la metáfora de la araa y su tela como argumento del tipo de relacin que existe entre el lenguaje y el ser humano. Como puede verse en el título de este apartado Clark hace funcionar esta metáfora como una respuesta a una pregunta sobre los límites entre el usuario (hablante) y el instrumento (lenguaje). De entre las respuestas posibles (el límite es X; no hay límite; la idea de límite no es pertinente, etc.), el autor contesta con un rodeo: no es que no haya límite pero la relacin es tan íntima, el lenguaje es tan omnipresente, el usuario lo necesita tanto…. ¡que es como si se tratara de la relacin que guardan la araa y su tela! </P>

<P>Antes de pasar a las categorías es necesario contextualizar el uso de esta expresin. Estamos en el ltimo capítulo del libro, hablamos del lenguaje como un artefacto definitivo (otra metáfora) y la cuestin de los límites es central para la tesis de la mente embebida y corporeizada. Se nos está proponiendo la necesidad de distinguir entre acciones pragmáticas y acciones epistémicas, éstas ltimas tienen el objetivo de alterar las tareas computacionales a las que se enfrenta el cerebro cuando trata de resolver problemas (271). El lenguaje, es justamente el instrumento que permite acciones de esta naturaleza. Es una extensin cognitiva. Pero ¿cuál es su especificidad? </P>

<P>El flujo del razonamiento y el pensamiento, y la evolucin en el tiempo de las ideas y las actitudes, están determinados y explicados por la interaccin íntima, compleja y continua entre cerebro, cuerpo y mundo. […] ¿Qué distingue los casos más convincentes de la existencia de una slida extensin cognitiva de otros casos? (1999: 274) </P>

<P>Clark enumera y revisa algunas características importantes de los casos convincentes: accesibilidad (siempre está ahí y la informacin que contiene es fácil de encontrar y utilizar); refrendo automático o funcin explicativa codificada como en la memoria a largo plazo (esta informacin se acepta automáticamente); hecho a medida (la informacin ha sido recopilada y corroborada por el propio usuario). </P>

<P>Dicho esto, aparecen con nitidez las características de la metáfora puestas en  juego. Es hora de rematar: </P>

<P>[…] la imagen general es la de una relacin usuario – artefacto bastante especial donde el artefacto siempre está presente, se utiliza con frecuencia, está hecho ‘a medida’ del usuario y éste tiene una profunda confianza en él. […] los límites del yo –y no slo los de computacin y del proceso cognitivo general – solo amenazan con extenderse hacia el mundo cuando la relacin entre el usuario y el artefacto es casi tan estrecha e íntima como la que existe entre la araa y su tela.” (274) </P>

<P>Pero esta metáfora, aunque a primera vista nos resulte autnoma, es </P>

<P>parte de una cadena argumental que no pierde sus perfiles y objetivos. Por un </P>

<P>lado refuerza la inmediatamente anterior del lenguaje como artefacto; por otro, </P>

<P>le permite cerrar la propuesta conceptual más medular de toda la obra: </P>

<P>En resumen, […] afirmo que, como mínimo, tenemos buenas razones explicativas y metodolgicas para aceptar en ocasiones una nocin bastante liberal del alcance de los procesos cognitivos y computacionales que permita explícitamente la diseminacin de estos artefactos por el cerebro, el cuerpo, el mundo y los artefactos. Entre estos artefactos destacan las diversas manifestaciones del lenguaje pblico. El lenguaje es, en muchos aspectos, el artefacto definitivo: es tan omnipresente que casi es invisible y su carácter es tan íntimo que no está claro si es un instrumento o una dimensin del usuario. Cualesquiera sean los límites, como mínimo nos enfrentamos a una economía estrechamente vinculada donde el cerebro biolgico está increíblemente potenciado por algunas de sus creaciones más extraas y recientes: palabras en el aire, símbolos en páginas impresas. (275) </P>
</Part>

<Part>
<H4>4. A manera de conclusin: la mente como caja de sorpresas </H4>

<P>Creo que para concluir el trabajo valdría la pena decir una vez más que las </P>

<P>metáforas cognitivas en la obra de Clark forman un sistema en que cada una de </P>

<P>ellas se acopla a las demás compartiendo argumentos que tejen una explicacin </P>

<P>de otro nivel, lo que yo interpreto como su tesis central. Es justo a estas alturas, </P>

<P>dedicar unas líneas a la especulacin sobre el sistema de metáforas que éste </P>

<P>sistema confronta. Me refiero a las expresiones consagradas por las tesis que </P>

<P>Clark desea poner en cuestin. </P>

<P>Una de ellas, es la del cerebro como ejecutivo central cuya consecuencia </P>

<P>más palpable es la de aceptar el límite nítido entre el pensador y su mundo. A </P>

<P>esta manera de concebir el cerebro Clark le opone, además de las analizadas </P>

<P>aquí, otras como: ‘cerebros salvajes, mentes andamiadas’; y la mente como ‘caja </P>

<P>de sorpresas’. </P>

<P>Me detendré en esta ltima porque la oposicin tajante permite hacer un cuadro comparativo imaginario de dos modelos de mente diferentes que representan tradiciones enfrentadas. </P>

<P>Esta expresin es la síntesis de una propuesta diferente a la versin tradicional que considera la distincin entre percepcin, cognicin y accin y reniega del papel central de los andamios sociales en la cognicin. Esta caja de sorpresas debe interpretarse como la antítesis de la planificacin y su consecuente simplicidad como principio explicativo para la complejidad que entraa la cognicin de los seres con mente. Esta caja está “repleta de agencias internas, cuyos papeles computacionales se suelen describir mejor incluyendo características al entorno local.” (:279). </P>

<P>Por ltimo, Clark agrega a su metáfora final de la mente una conclusin contundente que abre el camino para reformular interrogantes y para pensar nuevas metodologías que den cuenta de la complejidad del objeto de estudio de las ciencias cognitivas: </P>

<P>Con la desaparicin del ejecutivo central, la percepcin y la cognicin parecen más difíciles de distinguir en el cerebro. Y la divisin entre pensamiento y accin se hace aicos en cuanto reconocemos que las acciones en el mundo real suelen desempear, precisamente, los tipos de funciones que más se suelen asociar con los procesos internos de cognicin y computacin (279) </P>

<P>Resta sealar cmo se vinculan estas metáforas en su conjunto con la propuesta estratigráfica que hace Samaja al definir las cuatro macrosemiticas. </P>

<P>En primer lugar parece muy clara la correspondencia entre la idea de matriz ontolgica de los sistemas de signos expuesta por Samaja en la descripcin de la segunda y tercera macrosemiticas y las metáforas de andamio y de manglar de Clark. Esto es, la capacidad del lenguaje para crear entes y constelaciones de entes que no podrían existir sin su intermediacin. En Clark esta tesis se sostiene, además, en relacin con el carácter de artefacto definitivo del lenguaje expresado en la metáfora de la araa y su tela. </P>

<P>El ‘pensar sobre el pensar’ o dinámica cognitiva de segundo orden, propuesto por Clark por medio de la metáfora del mangle, se complementa con otra figura: la del termitero. La misma dialoga muy bien con el tratamiento que hace Samaja de la ciencia como metalenguaje. Lo que Samaja selecciona como rasgo de la cuarta macrosemitica, la tecnoeconmica, es la capacidad del trabajo científico para crear una regin especial de significados y realidades pero también para orientar la accin cognitiva de los miembros de la comunidad científica. La misma nocin es desarrollada por Clark para argumentar sobre la cuasi estigmergia de las instituciones de formacin cuya premisa puede sintetizarse en que el trabajo colectivo ahorra trabajo individual. De allí que la utilizacin del saber adquirido que portan las instituciones son empleadas por los miembros más jvenes de la comunidad como un recurso externo para descomprimir sus requerimientos cognitivos. </P>

<P>Las nociones anteriores ofrecen una versin formativa de la subjetividad humana, la cual, sostiene Samaja, nos permite primero percibir, después hablar, luego escribir y luego (y como consecuencia de todo eso) hacer ciencia. Este enfoque estratigráfico está presente también en Clark. Estos escalones de la pirámide o las capas geolgicas pensadas por Samaja aparecen una y otra vez en el texto del segundo. Así, la funcin primordial del lenguaje que es la de realizar una operacin cognitiva específica (generar objetos mentales imprescindible para la accin en el entorno) se domicilia en un ser vivo dotado de un cerebro restringido y fragmentado que alcanza dimensin humana cuando reparte los insumos que requiere en instituciones socio culturales. Si bien Clark no adopta la analogía de estratos, al igual que Samaja, no arroja ideas sueltas sino que las integra en un sistema de metáforas que, en su caso, funcionan como un dispositivo que facilita la incorporacin de una nueva concepcin de la mente: un sistema que opera en colaboracin y que potencia sus habilidades biolgicas explotando todo tipo de apoyos físicos y sociales. </P>

<P>La naturaleza procesual de la formacin del conocimiento, el origen escritural de la ciencia, el papel del entorno social en el desarrollo de las funciones cognitivas, la importancia de las extensiones de la mente en nuestros artefactos pernean la obra de ambos autores y aportan argumentos afines para <Figure>

<ImageData src="https://periodicos.unifesp.br/public/midias/prometeica/pmt04/imagens/55-74_pmt4-pineyro_img_1.jpg"/>
</Figure>
los debates actuales de las ciencias de la cognicin. </P>

<Sect>
<H5>REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS </H5>

<P>CLARK, A. (1999): Estar ahí. Cerebro, cuerpo y mundo en la nueva ciencia cognitiva. Paids; Barcelona. CORRAL DE ZURITA, N. (2007): Habilidades de razonamiento y creencias epistemolgicas de estudiantes universitarios avanzados en contextos acdémicos – disciplinares. (Proyecto de investigacin acreditado ante la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional del Nordeste). GONZÁLEZ ASENJO, F. (1993) “Ontología Formal de la Metáfora.” En: Escritos de Filosofía Nº 23 – 24. Buenos Aires. SAMAJA, J. (2004) “Para una Mirada Panorámica del Proceso de la Investigacin Científica en la Perspectiva Semitica.” En: Proceso, Diseo y Proyecto en Investigacin Científica. (Primera Parte.), JVE; Buenos Aires. </P>
<Figure>

<ImageData src="https://periodicos.unifesp.br/public/midias/prometeica/pmt04/imagens/55-74_pmt4-pineyro_img_2.jpg"/>
</Figure>

<P>Nidia Pieyro es Profesora en Letras, Especialista y Magíster en Desarrollo Social. Se desempea como docente regular por concurso en la Facultad de Humanidades en la Universidad Nacional del Nordeste en las Cátedras de Introduccin a las Ciencias Sociales y Teoría y Métodos de la Investigacin, en el Departamento de Ciencias de la Educacin. Autora de un libro en co-autoría, de varios capítulos en libros y de artículos relacionados con el lenguaje y la subjetividad. Se dedica al análisis del discurso aplicado a problemas de la política, la economía, el ambiente y el conocimiento. Es estudiante del Doctorado en Ciencias </P>

<P>Cognitivas de la Universidad Nacional del Nordeste. </P>
</Sect>
</Part>
</TaggedPDF-doc>
