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<rdf:Description>¿Cuáles eran sus preocupaciones cuando comenza ejercer la filosofía? <dc:format>Como dije, la influencia de Frondizi fue decisiva para que me interesara en los problemas éticos. Lo tuve por primera vez de profesor cuando él estaba escribiendo su libro ¿Qué son los valores? Pero, a la vez, comprendí, a través de él y de Esti, que las éticas axiolgicas fundamentales fueron las de Scheler y Hartmann. Uno podía no estar totalmente de acuerdo con ellas, pero era imposible no reconocer sus innumerables y decisivos aportes al pensamiento ético. La sensacin de que se trataba de un patrimonio filosfico para ser asimilado y a la vez reformado me acompadesde los primeros aos de mi carrera. Ahí tuve también mis discrepancias con Frondizi, que era fuertemente empirista, mientras a mí me fascinaba el descubrimiento de lo a priori. Por fortuna Frondizi era un verdadero cultor del respeto a la discrepancia, y esa fue posiblemente una de las principales enseanzas que me dej. A través de él fui gestando la idea de que la razn auténtica es la que funciona a través del choque de argumentaciones. En filosofía no hay que sentirse molesto por las objeciones, sino agradecerlas, porque el esfuerzo por responderlas e incluso la disposicin a modificar aspectos de las propias ideas es el nico modo de avanzar. </dc:format>
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<rdf:Seq>  No sé si Ética convergente será mi ltimo libro (todavía tengo proyectos para prximos), pero sin duda es, como digo, el más digno de alguna consideracin. Espero que constituya al menos un diminuto aporte a los actuales estudios éticos en la Argentina, donde veo perspectivas propicias, sobre todo en la nueva generacin de filsofos. En tal sentido quisiera poner de relieve no slo mi deuda con quienes fueron mis maestros, sino también con muchos colegas y con jvenes discípulos que a través del diálogo y la crítica me proporcionaron y siguen proporcionándome estímulo e intercambio de ideas, factores decisivos en toda produccin filosfica. <rdf:li xml:lang="x-default">El libro al que he dedicado mi mayor esfuerzo  lleva justamente el título de Ética convergente y está dividido en tres tomos. Dos de ellos -el primero, dedicado a la “fenomenología de la conflictividad”, y el segundo, a la “aporética de la conflictividad”- ya han aparecido. El tercero, que tratará la “teoría y praxis de la convergencia” está ya en buena parte redactado y espero que se publique en el corriente ao de 2012. Creo que el conjunto es lo menos malo que he logrado producir. Los tres volmenes constituyen una unidad, pero cada uno puede ser estudiado también con independencia de los otros. El primero muestra lo que entiendo por conflictividad y en él procuro justificar mi tesis de que ella está presupuesta en todos los fenmenos morales y en el lenguaje normativo. Presenta asimismo la bidimensionalidad de la razn (correspondiente a las funciones de fundamentacin y crítica) y la doble perspectiva, sincrnica y diacrnica, desde la que puede observarse la conflictividad. El segundo tomo contiene el planteamiento de los dos problemas éticos que considero básicos: el de la “antinomia ética fundamental” (determinada por las oposiciones entre los cuatro principios) y el de la fundamentacin ética, donde discrimino las posibles respuestas e intento justificar una fundamentacin “convergente”. El tercero está dedicado a dos importantes temas: el de la relacin entre los cuatro principios cardinales y el principio (o metaprincipio) de convergencia, y los “paradigmas de aplicabilidad”, entre los que propongo asimismo un paradigma convergente. Este ltimo tomo recoge también las conclusiones generales y aade un extenso Indice temático, válido para toda la obra.</rdf:li>
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<dc:title>2012-08-22T02:02:25-03:00<rdf:Alt>uuid:546a2607-1ddd-4f83-86db-0d2be1ae9b1b<rdf:li>uuid:4bace2fb-dd9c-4eb3-9518-03ddb7c76593</rdf:li>
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         <xmp:ModifyDate>Entrevista a Ricardo Maliandi, por Nicolás Zavadivker </xmp:ModifyDate>
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         <pdf:Producer>Ricardo Maliandi es uno de los más importantes filsofos morales de Latinoamérica. Su desempeo a lo largo de más de cincuenta aos de ejercicio de la profesin tuvo mltiples ramificaciones, realizando aportes importantes en todos los ámbitos de los que particip. Así, es posible evocar al Maliandi promotor incansable de proyectos, revistas y organizaciones, fundador por ejemplo de la Asociacin Argentina de Investigaciones Éticas. O al profesor infatigable que llevsu conocimiento a distintas universidades del país (UBA, UNMdP, UNLP, UCES, UNLa,) y del mundo, despertando en sus estudiantes el deseo de aprender y de profundizar sus investigaciones. O al autor del ya clásico Ética: conceptos y problemas, el más completo volumen de divulgacin de filosofía moral en la Argentina. O al entusiasta formador de jvenes, que tanto colaboren el desarrollo de varias generaciones de pensadores latinoamericanos. O al filsofo, creador de una desarrollada teoría ética propia, la llamada ‘Ética Convergente’. O al Maliandi que supo sobrellevar sin perder sus fuerzas tantas desventuras de la vida académica, como la indiferencia de la burocracia ante el mérito auténtico o el recelo -cuando no la abierta envidia-de colegas que no compartían su deseo sincero de pensar con claridad, de echar algo de luz sobre el mundo. </pdf:Producer>
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<xmpMM:InstanceID>Hice mis estudios de grado en la ciudad de La Plata, mi ciudad natal. Allí estudié primero Veterinaria y luego Filosofía. Para ser más exacto, comencé Filosofía sin abandonar Veterinaria. Durante dos aos estuve corriendo entre una y otra Facultad. Cuando terminaba mis estudios de grado en Filosofía me tocvivir lo que se llamel “conflicto entre la laica y la libre”, a mediados de los aos 50. El Presidente Arturo Frondizi estaba habilitando la creacin de las Universidades privadas, a lo que se oponía su hermano, el filsofo Risieri Frondizi, por entonces Rector de la UBA y bajo cuya direccin hice mis primeras investigaciones. Como estudiante milité en el reformismo, y por tanto en la concepcin laicista de la educacin superior. Mis principales maestros fueron precisamente Risieri Frondizi y Emilio Esti. A Frondizi le debo mi dedicacin a la ética, y a Estimi interés por los filsofos alemanes. Por eso hice mi doctorado en Alemania, teniendo como director a Fritz-Joachim von Rintelen, especialista en filosofía de los valores, y como co-director a Gerhard Funke, especialista en Kant y en fenomenología. Con el mismo Funke, mientras yo hacía mi doctorado, Karl-Otto Apel estaba haciendo, en la misma Universidad de Maguncia, su habilitacin. Pero en aquella época slo lo conocí de nombre, por referencias que alguna vez me hizo Funke. Habría de conocerlo personalmente muchos aos más tarde, en unas Jornadas Internacionales que se hicieron en Grecia, y sobre todo a través de una visita ulterior que le hice en Alemania y que fue muy significativa para la formacin de mi pensamiento. Apel fue una especie de maestro de mi madurez. Entablé con él una amistad que me fue muy fructífera filosficamente. Nos encontramos numerosas veces, en Alemania y en Argentina, e incluso en congresos mundiales, como el de Moscy el de Boston. Puedo afirmar que en cada encuentro aprendí algo de él, y el estudio de su obra me result la más fecunda de mis investigaciones. </xmpMM:InstanceID>
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<ImageData>
ENTREVISTA </Figure>

<Part>
<H4>“EN FILOSOFÍA HAY QUE AGRADECER LAS OBJECIONES” </H4>

<P>Entrevista a Ricardo Maliandi, por Nicolás Zavadivker </P>
<Figure>

<ImageData>
</Figure>

<P>Ricardo Maliandi es uno de los más importantes filsofos morales de Latinoamérica. Su desempeo a lo largo de más de cincuenta aos de ejercicio de la profesin tuvo mltiples ramificaciones, realizando aportes importantes en todos los ámbitos de los que particip. Así, es posible evocar al Maliandi promotor incansable de proyectos, revistas y organizaciones, fundador por ejemplo de la Asociacin Argentina de Investigaciones Éticas. O al profesor infatigable que llevsu conocimiento a distintas universidades del país (UBA, UNMdP, UNLP, UCES, UNLa,) y del mundo, despertando en sus estudiantes el deseo de aprender y de profundizar sus investigaciones. O al autor del ya clásico Ética: conceptos y problemas, el más completo volumen de divulgacin de filosofía moral en la Argentina. O al entusiasta formador de jvenes, que tanto colaboren el desarrollo de varias generaciones de pensadores latinoamericanos. O al filsofo, creador de una desarrollada teoría ética propia, la llamada ‘Ética Convergente’. O al Maliandi que supo sobrellevar sin perder sus fuerzas tantas desventuras de la vida académica, como la indiferencia de la burocracia ante el mérito auténtico o el recelo -cuando no la abierta envidia-de colegas que no compartían su deseo sincero de pensar con claridad, de echar algo de luz sobre el mundo. </P>
</Part>

<Part>
<H4>¿Cmo era el ambiente intelectual en el que realizsus estudios de grado? ¿A quienes considera sus maestros? </H4>

<P>Hice mis estudios de grado en la ciudad de La Plata, mi ciudad natal. Allí estudié primero Veterinaria y luego Filosofía. Para ser más exacto, comencé Filosofía sin abandonar Veterinaria. Durante dos aos estuve corriendo entre una y otra Facultad. Cuando terminaba mis estudios de grado en Filosofía me tocvivir lo que se llamel “conflicto entre la laica y la libre”, a mediados de los aos 50. El Presidente Arturo Frondizi estaba habilitando la creacin de las Universidades privadas, a lo que se oponía su hermano, el filsofo Risieri Frondizi, por entonces Rector de la UBA y bajo cuya direccin hice mis primeras investigaciones. Como estudiante milité en el reformismo, y por tanto en la concepcin laicista de la educacin superior. Mis principales maestros fueron precisamente Risieri Frondizi y Emilio Esti. A Frondizi le debo mi dedicacin a la ética, y a Estimi interés por los filsofos alemanes. Por eso hice mi doctorado en Alemania, teniendo como director a Fritz-Joachim von Rintelen, especialista en filosofía de los valores, y como co-director a Gerhard Funke, especialista en Kant y en fenomenología. Con el mismo Funke, mientras yo hacía mi doctorado, Karl-Otto Apel estaba haciendo, en la misma Universidad de Maguncia, su habilitacin. Pero en aquella época slo lo conocí de nombre, por referencias que alguna vez me hizo Funke. Habría de conocerlo personalmente muchos aos más tarde, en unas Jornadas Internacionales que se hicieron en Grecia, y sobre todo a través de una visita ulterior que le hice en Alemania y que fue muy significativa para la formacin de mi pensamiento. Apel fue una especie de maestro de mi madurez. Entablé con él una amistad que me fue muy fructífera filosficamente. Nos encontramos numerosas veces, en Alemania y en Argentina, e incluso en congresos mundiales, como el de Moscy el de Boston. Puedo afirmar que en cada encuentro aprendí algo de él, y el estudio de su obra me result la más fecunda de mis investigaciones. </P>
</Part>

<Part>
<H4>¿Cuáles eran sus preocupaciones cuando comenza ejercer la filosofía? </H4>

<P>Como dije, la influencia de Frondizi fue decisiva para que me interesara en los problemas éticos. Lo tuve por primera vez de profesor cuando él estaba escribiendo su libro ¿Qué son los valores? Pero, a la vez, comprendí, a través de él y de Esti, que las éticas axiolgicas fundamentales fueron las de Scheler y Hartmann. Uno podía no estar totalmente de acuerdo con ellas, pero era imposible no reconocer sus innumerables y decisivos aportes al pensamiento ético. La sensacin de que se trataba de un patrimonio filosfico para ser asimilado y a la vez reformado me acompadesde los primeros aos de mi carrera. Ahí tuve también mis discrepancias con Frondizi, que era fuertemente empirista, mientras a mí me fascinaba el descubrimiento de lo a priori. Por fortuna Frondizi era un verdadero cultor del respeto a la discrepancia, y esa fue posiblemente una de las principales enseanzas que me dej. A través de él fui gestando la idea de que la razn auténtica es la que funciona a través del choque de argumentaciones. En filosofía no hay que sentirse molesto por las objeciones, sino agradecerlas, porque el esfuerzo por responderlas e incluso la disposicin a modificar aspectos de las propias ideas es el nico modo de avanzar. </P>
</Part>

<Part>
<H4>Es marcado en su trayectoria su interés por las éticas aprioristas, tradicin inaugurada por Kant. ¿Qué rescata, a grandes rasgos, de la ética kantiana y qué le parece cuestionable? </H4>

<P>En relacin con lo anterior, creo que el mayor legado de Kant (en esto sigo la interpretacin que de él hacía Nicolai Hartmann) es la crítica, es decir, el descubrimiento de que la filosofía no puede ser dogmática ni escéptica. Es algo que ha ocurrido desde el comienzo del filosofar, pero fue Kant quien lo mostry demostrcon toda claridad. Y vale para todas las disciplinas filosficas. En ética ya lo puso de manifiesto Scrates, quien no podía estar con el dogmatismo de los conservadores tradicionalistas ni con el relativismo de los sofistas. Es una especie de ciclo histrico: se comienza por la actitud cerrada de los dogmáticos, contra ella reaccionan justificadamente los escépticos, y finalmente aparece la actitud crítica para balancear las posibilidades de la razn. Es también un proceso dialéctico, inherente a la razn misma, como demostrHegel. Creo que el rechazo del apriorismo por parte de las corrientes más o menos escépticas, en cambio, es una confusin de lo a priori con la postulacin de entidades supraempíricas, sin advertir que lo a priori no es lo que está más allá de la experiencia, sino más acá de ella. Creo que se comete así una falacia, a la que he llamado “falacia empirista”. También lo vio bien Husserl, y por haberlo visto abandonsu postura psicologista inicial y se consider, a mi juicio con razn, “más positivista que los positivistas”. Creo, en otros términos, que el reconocimiento de lo a priori es uno de los requisitos de la actitud crítica, y que en ello reside lo más “rescatable” del pensamiento kantiano, que fue sin duda una de las cumbres, an insuperadas, de la filosofía. Lo cuestionable de ese mismo pensamiento, sin embargo, se encuentra, al menos por lo que respecta a la ética, en actitudes como el rigorismo, que, paradjicamente, representa una forma de pensamiento dogmático. Kant hizo posiblemente, con su “imperativo categrico”, el descubrimiento más importante en la historia de la ética. Es la decisiva percatacin de que el criterio de la moralidad de un acto no puede prescindir de la validez universal, y de que la asuncin de tal validez (aun cuando la ley moral nunca rige lo que “es”, sino exclusivamente lo que “debe ser”) puede lograrse mediante una “ficcin” de la razn, o de lo que hoy se llama un “experimento mental”, consistente en preguntarse si uno podría querer, sin contradiccin, que su propia “máxima” –es decir, lo que rige subjetivamente una accin determinada— se convirtiese en ley universal. Ahí surge el descubrimiento del principio de universalizacin y del carácter ineludible de su consideracin en materia de ética. Sin duda, uno de los grandes descubrimientos que marcan hitos en la historia de la filosofía. El error kantiano (comprensible quizás por la fascinacin con su propio descubrimiento) fue creer que el principio era absolutamente aplicable, y que un acto slo podía considerarse moral si representaba un total cumplimiento de aquel imperativo. Eso es el rigorismo. Con éste a su vez se vincula la incapacidad kantiana para reconocer, por un lado, la posibilidad y la fáctica existencia de “conflictos de deberes” y, por otro, la vigencia, junto al de universalizacin, de un principio de individualizacin. Fue posiblemente Georg Simmel, ya en el siglo XX, quien puso en evidencia este ltimo, con lo que llam“ley individual”. Pero Simmel, por su parte, cometiel error inverso: no entendiel carácter imprescindible del de universalizacin. El mérito de Nicolai Hartmann consistien advertir que la complejidad de lo ético deriva precisamente de que ambos principios son válidos, y de que la conflictividad en definitiva impregna todo el inmenso laberinto del ethos. En definitiva, creo que el imperativo categrico kantiano es necesario y por tanto no es errneo, pero resulta insuficiente. </P>
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<H4>¿Sobre qué temas se ocupen sus estudios de posgrado realizados en Alemania? </H4>

<P>Fui a Alemania por primera vez en 1960, con una beca del CONICET, otorgada para hacer una investigacin sobre valores. Mi director, von Rintelen, me convencide que, ya que estaba, convirtiera esa investigacin en una tesis doctoral, y así lo hice. Trabajaba especialmente en los textos de Hartmann, no slo porque me interesaban los temas que él trataba y la perspectiva desde la que los exponía, sino también porque mi alemán todavía era inmaduro (en realidad lo sigue siendo todavía, aunque ya no tanto como entonces) y los textos de Hartmann eran relativamente fáciles de leer. Mucho vocabulario, sí, pero una sintaxis regular y sencilla, a diferencia de las interminables dificultades que ofrecen Heidegger o Hegel o la mayoría de los filsofos alemanes. Mi investigacin se fue centrando, cada vez más, en la cuestin de la diferencia que marca Hartmann entre los actos emocionales en los que se aprehenden los valores y aquellos otros actos, también emocionales, en los que se aprehende la realidad. El título de mi tesis fue, entonces “La objetividad de los valores y la experiencia de la realidad. Con especial referencia a la filosofía de Nicolai Hartmann”. Fue también mi primer libro que, subsidiado por el CONICET de Argentina, fue publicado por la Editorial Bouvier, de Bonn. Tuvo una primera recepcin de privilegio: le mandé un ejemplar a Robert Hartman (filsofo alemán, nacionalizado norteamericano y residente en México, que nada tenía que ver con Nicolai) para que me hiciera una resea, pero en lugar de eso le dedic un largo y muy generoso estudio que se publicen el anuario Diánoia de México. Fue un gran estímulo, porque me anim a creer en mis propias ideas, ya en aquel primer momento. </P>

<P>Cuéntenos sobre su relacin con la ética del discurso, y sobre su tarea de difusin de la misma en el país. </P>

<P>Ya dije cmo conocí a Apel. Quisiera insistir en que aquella primera reunin en su casa, que durmuchas horas, representpara mí un momento clave, una especie de revelacin filosfica. Desde mis primeras discusiones con Risieri Frondizi acerca de la fundamentacin de la ética (problema que a él lo obsesionaba y cuya obsesin heredé), en las que disentíamos especialmente, como antes acoté, acerca de si era o no posible una fundamentacin apriorística, yo había buscado algn tipo de fundamentacin que no incurriera en los defectos que eran tan visibles en las perspectivas aprioristas de Kant, o de Scheler y Hartmann. En Apel me encontré con que una “fundamentacin fuerte” apriorística era realmente posible. Desde entonces (hablo del ao 1981) me dediqué a estudiar a fondo esa propuesta, que además me parecimás filosfica que la de Habermas (el otro representante de la ética del discurso, pero, a mi juicio, también víctima de la “falacia empirista”). Slo encontré que, en cambio, la ptica de Apel no era suficiente para captar la conflictividad radical del ethos, lo que, en cambio, se conseguía desde Hartmann. La conclusin de esto me pareciobvia: era necesario buscar una convergencia entre ambas perspectivas, y a eso me he dedicado desde entonces. La difusin de Apel en la Argentina comenzcuando conseguí un subsidio del CONICET para traerlo a dar cursos y conferencias en 1985. Muy pronto me acompaaron en esto Julio De Zan, de Santa Fe, y Dorando Michelini, de Río Cuarto. Entre los tres, y cada uno en su ámbito de influencia, fuimos haciendo conocer esta teoría ética que nos parecila más completa y coherente de la segunda mitad del siglo XX. Pronto se nos sumaron algunos colegas más jvenes, como Alberto Damiani, quien luego hizo en Alemania una Habilitacin con uno de los principales discípulos de Apel, Dietrich Bhler, en Berlín. Apel mismo ha venido a la Argentina en otras dos oportunidades ulteriores, y siempre tuvo aquí ocasin de exponer y discutir sus ideas. Algo semejante ocurrien México, donde Enrique Dussel también adopty adaptalgunas ideas apelianas a su “ética de la liberacin”. </P>
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<H4>¿Qué otros temas o discusiones introdujo usted en Argentina? </H4>

<P>Desde que fui delineando los rasgos principales de esa convergencia entre el pensamiento de Hartmann y el de Apel he venido elaborando la “ética convergente”, que recibe ese nombre no slo por la conjuncin de esas dos líneas de filosofía práctica, sino también porque, a diferencia de Apel, defiendo un pluriprincipialismo y veo que el primordial problema ético se plantea como conflictos entre principios, y de lo que se trata, en definitiva, es de indicar cmo, y hasta qué punto, es posible la convergencia entre las exigencias contenidas en tales principios. Estos no provienen de otra instancia que la razn misma, la cual de ese modo revela su conflictividad intrínseca. Algunos de mis críticos me reprochan que yo adjudique a la razn dos responsabilidades que ellos consideran contradictorias: la minimizacin de la conflictividad y el reconocimiento de la aprioridad de la misma. Sin embargo, precisamente en la compatibilizacin de ambas tareas consiste la ética convergente. Lo lamento, pero si no se entiende esa compatibilidad no se entiende la propuesta. De todos modos seguiré haciendo el esfuerzo para darle mayor claridad. Al margen de los inevitables malentendidos, creo que he contribuido a llamar la atencin sobre el problema de los conflictos éticos en general, y he tenido –y sigo teniendo—discusiones acerca de ideas básicas de la ética convergente, tales como la de un principio de individualizacin, o de un “a priori de la conflictividad”. En estos días está por aparecer un libro que, con el título de Ética y conflicto recoge las principales discusiones que tuve con dos colegas jvenes, Alberto Damiani, profesor en Buenos Aires y Rosario, y Guillermo Lariguet, profesor en Crdoba. Ambos son, además, investigadores del CONICET. La ética convergente, para mi satisfaccin, está despertando interés en el interior del país (por ejemplo, se le dedicuna sesin especial en el Congreso Nacional que tuvo lugar en San Juan en 2007) y también en el exterior (en Chile se publicun libro colectivo sobre el tema, y este ao en Colombia me invitaron a hablar sobre ética convergente en un Doctorado en Bioética). </P>
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<H4>¿Podría ampliarnos en que consiste su propuesta en relacin a los aspectos conflictivos de los fenmenos morales? </H4>

<P>Entiendo que los dos principales problemas de la ética filosfica han sido siempre el de si es posible –y cmo— fundamentar las normas morales, y el de cmo afrontar los innumerables conflictos morales que se producen en toda sociedad, y entre grupos sociales. Estos dos problemas están de hecho interrelacionados: si se piensa que hay una fundamentacin posible, se cree que los conflictos son más aparentes que reales y que pueden conjurarse con relativa facilidad y, por el contrario, si se advierte la fuerza y la importancia de los conflictos, se tiende a negar toda posibilidad de fundamentacin. La ética convergente es un intento de mostrar que la fundamentacin toma especialmente en cuenta las estructuras conflictivas de todo lo social y que estas estructuras tienen su reflejo precisamente en la razn. Esta es, como quería Kant, la “facultad que proporciona principios a priori”, pero es también una facultad que ejerce dos funciones en cierto modo contrapuestas: la fundamentacin y la crítica. La primera de ellas es por excelencia anticonflictiva: en tal sentido, la razn es la tendencia a rechazar los conflictos de la praxis, así como rechaza también las contradicciones en lo terico. La crítica, en cambio, es el fruto del reconocimiento que hace la razn de sus propios límites. Así como la fundamentacin se acompaa de confianza en la razn, la crítica implica cierta desconfianza en ella. La crítica, en su carácter de funcin opuesta a la fundamentacin, no llega a celebrar los conflictos, pero es la toma de conciencia de que éstos son y serán inevitables. El uso de la razn práctica presupone conflictividad. Esto es lo que he llamado “a priori de la conflictividad”. De este modo, la ética convergente se asienta en una teoría de la “bidimensionalidad de la razn”. Si la razn se limita a su funcin fundamentadora, confía excesivamente en sí misma y se hace dogmática; si lo excesivo es en cambio la desconfianza, se hace relativista o escéptica. Una razn en sentido pleno debe ejercer las dos funciones racionales, y esto significa también confiar y desconfiar de sí misma simultaneamente. Ello es sin duda difícil, y por tal motivo suelen con gran frecuencia los seres racionales transgredirlo mediante la limitacin a una sola de sus funciones (y de sus “dimensiones”). La ética convergente sostiene que en tal caso se comete una </P>

<P>unilateralizacin de la razn. </P>

<P>¿Por qué le parece que la conflictividad se da a priori, y no como un fenmeno propio del mundo empírico? </P>

<P>Entiendo el “a priori de la conflictividad” en un sentido trascendental: creo que todo uso de términos éticos, y por tanto toda proposicin normativa o valorativa, presupone algn conflicto. Sin conflictividad no existiría la moral, y por tanto tampoco la ética, que es la tematizacin terica de lo moral. Desde luego, los conflictos reales, perceptibles, son empíricos. Son, por ejemplo, conflictos de intereses, y, como quiere Apel, los seres racionales, en cuanto usuarios de argumentaciones, ya siempre hemos reconocido implícitamente que se debería intentar resolver esos conflictos por medio de discurso práctico, es decir, de intercambio de argumentaciones en bsqueda de consenso. Esa es la versin discursiva del principio de universalizacin. Pero, como Apel mismo reconoce (y por eso se ve obligado a formular una “parte B” de su ética) –y a diferencia de lo que pasa en la ética kantiana con el imperativo categrico--, no siempre se puede recurrir al discurso práctico, porque, dada la complejidad de las interrelaciones sociales, es frecuente que ese recurso implique la transgresin de alguna responsabilidad asumida frente a un “sistema de autoafirmacin” (una familia, un grupo, un partido político, un país). Apel, sin embargo, no cae por eso en el relativismo, ya que indica que, cuando se deja de aplicar el principio del discurso pese a haber advertido su validez, se reconoce implícita pero inmediatamente una nueva responsabilidad: la de procurar, en la medida de las propias posibilidades, la colaboracin en la gradual institucionalizacin de los discursos prácticos. Apel llama a esto “principio de complementacin.” La ética convergente tiene aquí algunas objeciones: entiende que la “responsabilidad ante un sistema de autoafirmacin” es simplemente un modo de reconocimiento del principio de individualizacin. Lo que hay es, por de pronto, un conflicto estructural, a priori, entre ese principio y el de universalizacin. Y lo que Apel llama “principio de complementacin” es para la ética convergente el principio de convergencia, un metaprincipio, en realidad, ya que su exigencia está referida a la necesidad de equilibrio entre los otros principios. Por la misma razn, la ética convergente considera que no es necesaria una “parte B” de la ética, porque ya la fundamentacin general involucra tanto el principio de universalizacin como el de individualizacin y la tensin conflictiva entre ambos. </P>

<P>¿Encuentra usted algunos límites a la idea de convergencia? </P>

<P>Sí, claro, y por dos razones: en primer lugar, porque toda teoría ética, si no es dogmática, tiene que admitir su imposibilidad de abarcar toda la complejidad del ethos, y, en segundo lugar, porque una característica esencial de los conflictos es la dramaticidad representada por el hecho de que nunca puede saberse de antemano si un conflicto es o no soluble. Esto vale tanto para conflictos empíricos –entre intereses, por ejemplo— como para conflictos a priori –entre principios— Lo que la ética convergente sostiene no es que todos los conflictos alcancen o puedan alcanzar la convergencia total, sino simplemente que es racional procurar en cada caso la mayor convergencia posible. La posibilidad de convergencia gradual entre principios es posible porque los principios mismos son complejos: en cada uno de ellos se puede cumplir aspectos de su exigencia que resultan compatibles con el cumplimiento de aspectos de las exigencias de otros. Lo que no es posible, o lo es muy excepcionalmente, es un cumplimiento ptimo. La ética convergente alude, en tal sentido, a una “incomposibilidad de los ptimos”. Dicho de otro modo: los principios son imprescindibles, pero no hay que hacerse sobre ellos demasiadas ilusiones; lo decisivo no es su cumplimiento pleno, sino su indemnidad. Si se los reconoce como principios, lo coherente es no dejarlos nunca fuera de consideracin. Su admisin terica implica presuncin de aplicabilidad, y ésta compromete al agente a intentar su aplicacin concreta. </P>

<P>Además de la docencia en investigacin, se destaca en su trayectoria su condicin de creador de diferentes organizaciones, grupos de investigacin y revistas filosficas. ¿Puede contarnos sobre ello? ¿Qué idea está detrás de estos modos de aunar a los distintos pensadores? </P>

<P>En las distintas universidades donde ejercí la docencia dirigí también muchas investigaciones, tanto individuales como grupales, y es algo que, por fortuna, sigo haciendo todavía. Con un grupo de colegas y estudiantes avanzados fundamos y organizamos, en la década del 80, la Asociacin Argentina de Investigaciones Éticas, que pronto tuvo filiales en Santa Fe, Chaco, Tucumán y Mar del Plata. La he venido presidiendo desde entonces, y dirigiendo su principal rgano de expresin, la revista Cuadernos de Ética. Desde los ltimos nmeros compartimos esa direccin con María Luis Pfeiffer y Alberto Damiani. También fundé y dirigí en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires el Centro de Investigaciones Éticas, donde se llevaron a cabo gran nmero de investigaciones y reuniones nacionales e internacionales. Lamentablemente, después de mi jubilacin en la UBA hubo quienes se encargaron de disolver ese Centro. Otra de las actividades de ese tipo fue la organizacin del Comité de Ética del Hospital Garrahan de Buenos Aires. En todo ello no me ha guiado otro propsito que el de colaborar a hacer cada vez más consciente la importancia del pensamiento ético, sobre el que pesan muchos malentendidos. Con mi esposa y colega, Graciela Fernández, hemos logrado en la Universidad Nacional de Mar del Plata la formacin de muchos filsofos jvenes, que constituyen hoy un grupo de proyecciones nacionales. Por mi parte estoy dirigiendo en la Universidad Nacional de Lans el Doctorado en Filosofía y en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales, de Buenos Aires, una Licenciatura en Filosofía con rasgos muy especiales y con la inslita característica, para una universidad privada, de que no se cobran aranceles. </P>
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<H4>Si tuviera que elegir uno, ¿cuál de sus libros le gustaría que sea leído y estudiado por la posteridad? </H4>

<P>El libro al que he dedicado mi mayor esfuerzo  lleva justamente el título de Ética convergente y está dividido en tres tomos. Dos de ellos -el primero, dedicado a la “fenomenología de la conflictividad”, y el segundo, a la “aporética de la conflictividad”- ya han aparecido. El tercero, que tratará la “teoría y praxis de la convergencia” está ya en buena parte redactado y espero que se publique en el corriente ao de 2012. Creo que el conjunto es lo menos malo que he logrado producir. Los tres volmenes constituyen una unidad, pero cada uno puede ser estudiado también con independencia de los otros. El primero muestra lo que entiendo por conflictividad y en él procuro justificar mi tesis de que ella está presupuesta en todos los fenmenos morales y en el lenguaje normativo. Presenta asimismo la bidimensionalidad de la razn (correspondiente a las funciones de fundamentacin y crítica) y la doble perspectiva, sincrnica y diacrnica, desde la que puede observarse la conflictividad. El segundo tomo contiene el planteamiento de los dos problemas éticos que considero básicos: el de la “antinomia ética fundamental” (determinada por las oposiciones entre los cuatro principios) y el de la fundamentacin ética, donde discrimino las posibles respuestas e intento justificar una fundamentacin “convergente”. El tercero está dedicado a dos importantes temas: el de la relacin entre los cuatro principios cardinales y el principio (o metaprincipio) de convergencia, y los “paradigmas de aplicabilidad”, entre los que propongo asimismo un paradigma convergente. Este ltimo tomo recoge también las conclusiones generales y aade un extenso Indice temático, válido para toda la obra.</P>

<P>  No sé si Ética convergente será mi ltimo libro (todavía tengo proyectos para prximos), pero sin duda es, como digo, el más digno de alguna consideracin. Espero que constituya al menos un diminuto aporte a los actuales estudios éticos en la Argentina, donde veo perspectivas propicias, sobre todo en la nueva generacin de filsofos. En tal sentido quisiera poner de relieve no slo mi deuda con quienes fueron mis maestros, sino también con muchos colegas y con jvenes discípulos que a través del diálogo y la crítica me proporcionaron y siguen proporcionándome estímulo e intercambio de ideas, factores decisivos en toda produccin filosfica. </P>
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