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<dc:format>LETICIA BASSO MONTEVERDE </dc:format>

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<rdf:Seq>Extraas comunidades. La impronta nietzscheana en el debate contemporáneo, Cragnolini, M. (comp), Buenos Aires: La Cebra, 2009, 51-64. DERRIDA, Jacques, La hospitalidad, Buenos Aires: Ed. de La flor, 2000. ESPOSITO, Roberto, Communitas. Origen y destino de la comunidad, Buenos Aires: Amorrortu, 2003. ESPOSITO, Roberto, Immunitas. Proteccin y negacin de la vida, Buenos Aires: Amorrortu, 2005. ESPOSITO, Roberto, Bíos. Biopolítica y filosofía, Buenos Aires: Amorrortu, 2006. NANCY, Jean-Luc, La comunidad enfrentada, trad. J. M. Garrido, Buenos Aires: La Cebra, 2007. NANCY, Jean-Luc, La comunidad desobrada, Madrid: Arena Libros, 2001. NANCY, Jean-Luc, “Conloquium”. Communitas. Origen y destino de la comunidad, Esposito, Roberto, Buenos Aires, Amorrortu, 2003. 9-19. <rdf:li xml:lang="x-default">CRAGNOLINI, Mnica, “La comunidad de Nancy: entre la imposibilidad de representacin y el silencio”. La comunidad enfrentada, Nancy, Jean-Luc. Buenos Aires: La Cebra, 2007. 59-65. CRAGNOLINI, Mnica, “Extraas comunidades. Para una metafísica del exilio”. </rdf:li>
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ARTÍCULOS </Figure>

<Part>
<H4>LAS FORMAS DEL ORIGEN EN LA COMUNIDAD DE ESPOSITO </H4>

<Sect>
<H4>The Forms of Origin in Esposito’s Community </H4>

<Sect>
<H5>LETICIA BASSO MONTEVERDE </H5>

<P>(CONICET-AADIE, Argentina) </P>
</Sect>

<Sect>
<H4>Resumen </H4>

<P>El trabajo aborda el concepto de origen en la obra de Esposito con el fin de dilucidar su sentido dentro del doble paradigma comunitario-inmunitario. La pregunta por el origen cae en una aporía al buscar una modalidad positiva de comunidad. La lgica del origen implica una negacin que ya está implícita en la idea del munus, por tanto todo refuerzo e institucin de la comunidad conlleva la ulterior negacin de su negacin. Para desarrollar esas cuestiones el escrito se estructura en tres partes. La primera sintetiza la interpretacin espositiana del término communitas y destaca la idea de deber que la donacin porta. La segunda describe las diferentes formas del origen que el autor analiza con el objetivo de comprender la tensin inherente al fenmeno y la tercera expone el paradigma inmunitario para estudiar cmo se protegen algunos sistemas inmunolgicos. </P>

<P>Palabras clave: Esposito | comunidad | inmunidad | donacin | origen </P>
</Sect>

<Sect>
<H4>Abstract </H4>

<P>This paper analyzes the concept of origin in Esposito’s work to elucidate its meaning in the context of immunitarian-communitarian double paradigm. The logic of origin implies a denial that is already implicit in the idea of munus, therefore any strengthen and institute of community leads to further denial of their denial. This paper is structured in three parts. The first part studies the Espositian interpretation of the term communitas to emphasize the idea of duty that the givenness has. The second part describes the different forms of origin analyzed by the author in order to understand the inherent tension in the phenomenon of community. Finally, the third part of the paper explains the immunitarian paradigm to understand how some immunitarian systems protect themselves. </P>

<P>Keywords: Esposito | Community | Immunity | Givenness | Origin </P>
</Sect>

<Sect>
<H4>Introduccin </H4>

<P>En el presente trabajo abordaremos el concepto de origen en la obra de Roberto Esposito, primordialmente en sus textos Communitas. Origen y destino de la comunidad e Immunitas. Proteccin y negacin de la vida, con el fin de dilucidar su sentido y funcionalidad dentro del doble paradigma comunitario-inmunitario. La constitucin del origen revela la co-existencia del resultado y el presupuesto de la comunidad. Vida y muerte se conjugan en la génesis de “lo comn”, y generan una dialéctica particular que subsiste en la pura tensin sin una superacin salvadora. De este modo, Esposito plantea diversas formas de comprender el origen en Communitas y maneras de protegernos de éste en Immunitas. </P>

<P>La pregunta por el origen cae en una aporía al buscar una modalidad positiva de comunidad. La lgica del origen implica una negacin que ya está implícita en la idea del munus, por tanto todo intento de refuerzo e institucin de la esencia de la comunidad conlleva la ulterior negacin de su negacin. Para esto, Esposito plantea la necesidad de incluir un poco del veneno original en el cuerpo (orgánico o político), ya que de esta forma se logra rodear y neutralizar desde el sistema inmunolgico todo tipo de accin destructiva. </P>

<P>Ahora bien, una vez expuesta en sus rasgos generales la problemática que nos interesa trabajar, procederemos con el desarrollo de la misma. Para esto el escrito se estructura en tres partes. La primera parte sintetizará la interpretacin espositiana del término communitas para destacar la idea de deber que, a través de la lgica del don, el munus porta. La segunda parte describirá las diferentes formas del origen que el autor analiza con el objetivo de comprender la tensin inherente al fenmeno. Por ltimo, la tercera parte del escrito se adentrará en el paradigma inmunitario para estudiar cmo se protegen algunos sistemas inmunolgicos -como el jurídico, teolgico, antropolgico, biopolítico-frente al problema implícito en el origen de la comunidad. </P>
</Sect>

<Sect>
<H4>1. Pensar la comunidad </H4>

<P>Esposito al comienzo de su escrito Communitas indica la dificultad de pensar la comunidad. Todo intento de tematizacin la distorsiona, puesto que no debemos tomarla por objeto. Hasta el momento, toda tendencia filosfica la ha reducido a alguna nocin metafísica ocultando su naturaleza disolutiva por medio de construcciones de identidad y propiedad. Esposito dice que para las distintas modalidades comuniales, comunitarias, comunicativas la comunidad es “un origen a aorar, o un destino a prefigurar, segn la perfecta simetría que vincula arche y telos.” (2003: 23) Entonces, para el filsofo italiano es necesario despegarse de esta forma de acceso a la comunidad y buscar el origen de la cosa misma por medio de una hermenéutica del concepto que ponga en evidencia el sentido inherente a ella y las notas lingísticas que dan cuenta de su naturaleza. </P>

<P>En un principio el sustantivo communitas nos remite a lo comn, en oposicin a lo propio. De allí se deriva la vertiente habitual de interpretacin que marca la separacin entre lo pblico y lo privado, aludiendo con la primera de éstas a la idea de lo que nos es comn a todos, lo que compartimos. Sin embargo, Esposito se siente más a gusto dirigiendo su mirada a otro componente semántico presente en el término communitas. Este elemento es el munus que segn Esposito oscila en tres significados que se alejan de la primera interpretacin y nos acercan a la idea de deber, los cuales son onus, officium y donum (obligacin, oficio y don), especialmente el ltimo nos remite al carácter obligatorio que el munus tiene en la relacin que se genera. </P>

<P>Esposito se interna en la relacin entre don y deber reconociendo la dificultad de vincularlos, puesto que en general la idea del don no nos dirige a un deber sino a algo espontáneo que se brinda o recibe en libertad. En este sentido, no habría algo más lejano a la idea de un deber. Toda donacin es una accin transitiva que implica un objeto directo, ya que algo es lo que se dona. En algunos pensadores nos encontramos con una donacin sustraída o con un don velado que debe desocultarse, otras veces lo que importa es el portador del don </P>

<P>o su receptor. Sin embargo, más allá de las distintas modalidades, la donacin implica un vínculo entre dos partes donde una de ellas, la receptora de la donacin, adquiere la responsabilidad que conlleva ser interpelado o poseedor de la carga de esto que el don transfiere.1 Esposito apunta, por un lado, al peso de esta donacin porque el que recibe el don se ve en la obligacin de reponer o responder, es decir, de efectuar la contra-donacin.2 El don nos penetra, invade y condiciona, además el hecho de recibir un don nos pone en la obligacin de la dacin. En este sentido, Esposito indica la especificidad del munus en el don, que como el carácter de obligacin el mei de meines denota. “Una vez que alguien ha aceptado el munus, está obligado (onus) a retribuirlo.” (Esposito, 2003: 27) No obstante, Esposito retoma de Benveniste la idea del don unilateral, es decir, del don que no implica un contra-don. De esta figura de la donacin rescata la importancia del “deber de dar”, entonces, el munus es el don que se da y no su recepcin. Si nos concentramos en esta forma de la donacin observaremos qué intenta aclarar el filsofo italiano. Esposito busca resaltar la idea de que tenemos en comn la obligacin de la dacin, somos en la expropiacin, en la falta de algo (mancanza), puesto que nuestra esencia no reside en la propiedad sino en la entrega y la carencia que ésta implica. El munus de communis está en la falta que nos vincula, una deuda.3 Esto “no implica de ningn modo la estabilidad de una posesin […] menos la dinámica adquisitiva de una ganancia, sino pérdida y sustraccin, cesin.” (Esposito, 2003: 28) </P>

<P>Frente a la oposicin clásica entre lo pblico y lo privado, Esposito plantea una nueva polaridad en la que ambas partes se necesitan, se implican, porque una no es sin la otra. Esta doble dimensin es la de communitas e immunitas. Sobre este aspecto Esposito dice: “…si communis es quien debe desempear una funcin –u otorgar una gracia-por el contrario, immunis es quien puede permanecer ingrato sin ofrecer un servicio.” (Cfr. 2003: 30) El </P>

<P>1 Mnica Cragnolini aclara que “la idea del don no debe llevar al error de pensar la comunidad en términos de ‘sujetos agradecidos’ los unos con respecto a los otros: el análisis que realiza Derrida de la idea de don en Dar el tiempo muestra justamente que el don no puede ser pensado en el circuito del intercambio. […] Pensar el don en una lgica de agradecimiento ‘por lo dado’ implica la idea de sujetos individuales que ‘hacen’ o ‘son’ algo y por ello forman comunidad como lazo intersubjetivo. Frente a esta idea la nocin de comunidad desarrollada por Esposito ve en la misma ‘un espasmo en la continuidad del sujeto’.” (2009: 57) 2 Maurice Blanchot explica que la naturaleza de este don “obliga a quien lo recibe a entregar un excedente de poder o de prestigio a aquel que da. […] El don que es abandono encomienda al ser abandonado a perder, sin pensar en restitucin, sin cálculo y sin salvaguarda, hasta su ser que da: de ahí la exigencia del infinito que está en el silencio del abandono.” (1999: 45) 3 Virginia Cano seala que la comunidad aparece constituida por la nada y dice: “Es esta nada (niente), esta no cosa (non-cosa), esta falta, esta carencia de algo, esta deuda inscripta en el munus de la communitas, este don expropiante, el que permite plantear una nueva forma de pensar el ser-con más allá de la semántica de lo comn y lo propio, y de una ontología de lo pleno y lo cerrado.” (2010: 91) </P>

<P>inmune está dispensado de ceder su propiedad, y por esto se mantiene entero y libre del sacrificio comunial. </P>

<P>Así se plasma la particular comprensin de Esposito acerca de la nocin de comunidad. El autor se aleja de toda idea vinculada a lo tradicional bajo las notas de pertenencia e identidad. La comunidad o, mejor dicho, aquello que nos une no es el reconocimiento de sí en el otro por medio de algo en comn, y la necesidad de formar parte de un grupo y adquirir cierta característica o propiedad. Por el contrario, a pesar de que podemos decir que hay algo en comn, este algo es una negacin. La comunidad no es la bsqueda de la propiedad, del reconocimiento, sino la comparecencia del otro que como yo está incompleto y, paradjicamente, se realiza en la expropiacin. La comunidad tiene un origen negativo, pero esta falta es la que nos permite la responsabilidad de cargar con esta deuda. </P>

<P>Esta forma de entender a la comunidad por medio de un origen negativo que mutila a los sujetos pues los deja abiertos y expuestos en su finitud, disipa la posibilidad de la integracin en un cuerpo mayor que los complete y, además, no implica la idea de una intersubjetividad por medio de la cual se dé la reciprocidad y comunicacin de esta falta. Por el contrario, la idea de una comunidad, que ya se aprecia en pensadores como Bataille, Blanchot, Derrida y Nancy, en diálogo con Agamben, el mismo Esposito, y otros autores del entorno contemporáneo, es la de una comunidad desobrada, inoperante, lejana a todo produccin, instalacin o sedimentacin, fuera de toda definicin y conformacin. </P>

<P>Ahora bien, para Esposito la comunidad no es nada de lo previamente planteado, y sin embargo deriva en esto, es su contracara. El origen lleva al hombre por el camino de la conservacin a protegerse del peligro inicial. Esto se debe a que esta fisura en nuestro ser y en los otros, la muerte que somos, nos impulsa a buscar una forma de evadirla. El miedo a lo indeterminado se convierte en reaccin y compensacin. Por ello la comunidad es junto a la inmunidad, y en ella, teniendo en cuenta parte de su inclusin como estrategia inmunitaria, cuestin que más adelante explicaremos. Para Esposito “la categoría de inmunizacin constituye el más incisivo contrapunto semántico de la communitas y, particularmente, es la clave explicativa de todo el paradigma moderno.” (Cfr. 2003: 39) Sin embargo, el filsofo italiano seala en su obra Bios. Biopolítica y filosofía que al conectar la modernidad con la inmunizacin no pretende sostener ni que aquella sea interpretable nicamente mediante el paradigma inmunitario, ni que este sea reductible slo al período moderno. (Cfr. 2006: 82) </P>

<P>En el apartado que sigue analizaremos la particular dinámica entre communitas e immunitas, para comprender el lugar y el sentido del origen en la lgica del don. En este caso, nos interesa comprender qué se entiende por origen, qué genera su naturaleza y cuáles teorías rescata Esposito para estudiar esta cuestin. </P>
</Sect>

<Sect>
<H4>2. El sentido del origen </H4>

<P>Frente al peligro que como vimos implica el origen negativo de la comunidad, la modernidad se caracteriza por sacrificar la vida a su conservacin, tal como nos dice Esposito. (2003: 43)1 De esta manera, surgen teorías filosficas que, para el autor italiano, analizan la naturaleza escindida e indeterminada del hombre desde su génesis y articulan su transformacin por medio de una revisin de la agencia humana. Esposito retoma algunas formas del origen de la comunidad para visualizar cmo algunos pensadores describen los elementos que se conjugan en estas construcciones de poder que intentan aplacar la potencia de negacin que el don porta. Al respecto nos presenta las formas del origen, en el miedo en Hobbes, la culpa en Rousseau, la ley en Kant, el éxtasis en Heidegger y la experiencia en Bataille. En adelante revisaremos estas visiones para rescatar el sentido del origen de la comunidad. </P>

<P>2.1. En el pensamiento de Hobbes encontramos al miedo como el factor primordial que revela el origen de la comunidad. Esposito ve que el miedo original e incierto de los hombres es lo que los constituye, y este es el miedo a la muerte. De este modo, el miedo a la muerte nos impulsa a su opuesto, la conservacin de la vida, porque queremos alejar de nosotros la posibilidad de la </P>

<P>1 Al respecto sobre la modernidad Cragnolini explica que: “El pensamiento de lo individual funda lo social en el sentido moderno: individuos que pretenden defender sus derechos conforman ‘sociedad’ para preservarlos. Al interpretar la filosofía política moderna en términos de la immunitas, Esposito considera que el individuo moderno –para el cual todo tiene precio-no puede soportar esta idea del munus como gratuidad del don […] y debe inmunizarse contra esa idea.” (2009: 58) </P>

<P>muerte. Por tanto, el miedo tiene un papel fundacional; de él nacen la política, el derecho y la moral, puesto que en él hay una tendencia destructiva y constructiva. En este sentido, se da una progresin del miedo, desde el miedo particular de los hombres en su estado natural al miedo controlado y comn que se determina en la forma de un cuerpo político, un estado civil. Este segundo miedo es derivado del primero, de forma tal que pueda lograrse algo seguro de él por medio del cálculo y proteccin de las fuerzas integradas bajo el poder de uno que con la sancin rige al resto. Dice Esposito que por este camino el miedo se transforma en un motor que dirigido intencionalmente termina siendo la garantía de todo el sistema fundado. Aquí se presenta la estrategia inmunitaria que se mantiene activa a través de contener dentro sí un poco de la violencia y el conflicto originales. El don del origen se retira, pero en cierto punto permanece latente porque de él surge esta forma contenida de la vida. Ante un origen negativo de la comunidad emerge su negacin, la ruptura de toda relacin. De este modo, observamos la dialéctica abierta y tensional que funciona sin el momento de una síntesis en la que se logre la superacin. Al respecto Esposito nos dice: </P>

<P>Hay que examinar los dos costados de la cuestin, y a la vez la contradiccin que los mantiene unidos: los hombres ahora se deben asociar segn la modalidad de su recíproca disociacin, unificados en la eliminacin de todo interés que no sea el puramente individual. Artificialmente acomunados en la sustraccin de la comunidad. (2003: 65) </P>

<P>Segn Esposito hay una diferencia abismal entre la lgica gratuita y unilateral del don y lo que suele llamarse una lgica interesada y bilateral del contrato. Para él no coincide el contrato con el don, sino que el primero es la completa negacin del segundo. La sustraccin del munus elimina toda posibilidad del cum de communitas. En síntesis el contrato de Hobbes es un sacrificio de los sbditos que autorizan su alienacin a fin de conservar su vida, que en su origen fue asechada por aquello que en el fondo los hombres eran. De esta forma, el sacrificio es el resultado pero también el presupuesto para que se lleve a cabo un pacto. </P>

<P>2.2. Por otro lado tenemos a Rousseau y su elemento, la culpa. Rousseau, como el adversario de Hobbes, parte de una separacin entre el presupuesto y el resultado de la comunidad. Hay una distancia entre la culpa inicial y el sacrificio que le sigue. Para Rousseau “el sacrificio no hace más que repetir la culpa que debería reparar.” (Esposito, 2003: 85) De este modo, una comunidad conservada mediante el sacrificio está prometida a la muerte, hay un círculo vicioso en el discurso hobbesiano que debe romperse. </P>

<P>Segn Esposito, Rousseau plantea a la comunidad originaria de una forma más acertada.1 El filsofo moderno entiende el estado natural, contrario a Hobbes, como una instancia no socializada, es decir, sin vínculo, en la que hay un vacío, una falta de realizacin. Hay que salirse de la categoría o el problema de la sociabilidad para entender a la comunidad desde su esencia. Si analizamos la comunidad desde los parámetros de una sociedad caemos en la tergiversacin de su sentido.2 La comunidad no es sociedad, la comunidad no es relacin, ésta tiene una lgica particular que es la que Esposito está tratando de desentraar. Sin embargo, como puede verse a partir del estudio de su funcionalidad, no queda otra forma más que visualizarla desde su contrario, puesto a que no logra apartarse de él porque en él termina siendo. Para comprenderla no hay mejor camino que el de la negacin de su negacin. “Si el origen no se presta a más definicin que la que su negacin provee por contraste, habría que concluir que el origen coincide con su no ser tal: en el origen no hay sino el rastro de su retiro.” (Esposito, 2003: 90) Seguido de esto, Esposito indica en su texto Communitas que a pesar de que Rousseau logra mostrar claramente la naturaleza del origen, no sigue el camino planteado aquí sino que propone en algunos de sus escritos una forma positiva del origen a partir de una lectura de su falta. Para Esposito, Rousseau cae en una aporía debido a la contradiccin patente en la descripcin de algo que no está o quizás no existi. Con los desarrollos de Rousseau sobre lo natural y lo artificial, se penetra un terreno pantanoso ya que para Esposito no se puede describir el estado natural, se recae </P>

<P>1 Nancy también opina que Rousseau “es quizá el primer pensador de la comunidad, o más exactamente el primero que hace experiencia de la cuestin de la sociedad como una inquietud dirigida hacia la comunidad, y como la conciencia de una ruptura.” (2002: 26) 2 Cragnolini nos recuerda en un artículo que: “La clásica distincin entre Gemeinschaft y Gesellschaft establecida por Tnies (1887) da cuenta de […] un ámbito de ‘artificialidad’ y derecho, como el ámbito propio de la sociedad, frente a la ‘naturalidad’ u ‘organicidad’ de las relaciones en el seno de la comunidad.” (2009: 52) </P>

<P>en la historia y en todo proceso cultural propio de la técnica. Entonces, surge el tema de si hay realmente una naturaleza primera pre-social. Luego Esposito indica, adentrándose en la teoría de Rousseau, que más allá de sus intentos de reivindicar la figura de la comunidad y su origen, contina el paradigma inmunitario que Hobbes inici. El hombre del contrato de Rousseau termina siendo un sujeto completo que busca su perfeccin y apropiacin; la voluntad general termina siendo un correctivo y, de este modo, del individualismo de uno se llega al individualismo de la mayoría. </P>

<P>2.3. Para Kant la comunidad constituye la raíz del pensamiento, él cree que no es posible pensar fuera de la comunidad pues todo adquiere sentido en ella. (Esposito, 2003: 113) Esposito piensa que el imperativo categrico kantiano sigue la línea de la teoría rousseauniana de la libertad de la voluntad, a su manera. Para el alemán la ley es el eje en el que rota todo el pensamiento de la comunidad. La voluntad y la ley se conjugan en Rousseau y Kant, en el primero “se deriva la ley de una voluntad libre respecto de cualquier condicionamiento externo […] y Kant hace que la voluntad dependa de una ley que de algn modo expresa su misma libertad.” (Esposito, 2003: 115) Una diferencia que Esposito seala es que la ley en Kant es de orden trascendental, y por tanto no coincide directamente con la voluntad, esta ltima ahora depende de algo que la precede. De esta forma, se deja a un lado el problema de la imposibilidad de pensar la comunidad propia de la inmanencia del pensamiento de Rousseau. Al extrapolar el sentido de la comunidad a un elemento que nos sobrepasa y constituye nos liberamos de su origen mitolgico. </P>

<P>Entonces, en este autor vemos que la ley es el origen de la comunidad. La ley es lo que se da, la donacin original. Ahora bien, esta ley es necesaria porque el mal es el modo que tienen los hombres para relacionarse. Por tanto, sin el mal no habría ley, aquí nos acercamos a la visin de Hobbes. A diferencia de Rousseau, Kant no reivindica la naturaleza de la comunidad, pues el hombre proviene del mal y necesita de la ley como su contrario. El hombre en Kant no es degradado a posteriori del estado natural, el hombre acepta su culpa primigenia, de allí que libertad y mal estén relacionadas, sean co-originarias en la comunidad. </P>

<P>El discurso de Kant contiene algunas antinomias que no pueden disolverse por causa de la impenetrabilidad del origen, el origen está siempre fuera de sí. Que la libertad y el mal estén al inicio pero la ley los preceda es un problema a la hora de explicar el origen. Este problema lo trabaja Kant en la Crítica de la razn práctica y en Los fundamentos de la metafísica de las costumbres. </P>

<P>Para Esposito el pensamiento acerca de la comunidad en Kant no se acaba en esta interpretacin. Fuera de la lectura de Hannah Arendt acerca del juicio estético y su comunicabilidad, Esposito ve una brecha que vislumbra su lectura en la primera edicin de la Crítica de la razn pura. Específicamente “en los pasajes de la Dialéctica donde la subjetividad se retira y se torna indefinible el sujeto […] para devenir simple proposicin formal, pura funcin que no subsiste por sí o en sí.” (2003: 130) Aquí es donde para Esposito hay una similitud al sentido de la comunidad y su crisis de la subjetividad. Al pertenecer el sujeto a la ley, y no a la inversa, podemos observar cmo la ley nos atraviesa y deja expuestos, expropiados a la hora de ser. Esta finitud muestra la imposibilidad de la comunidad que todos los hombres comparten. Por eso, en este sentido, es Kant el que logra acercarse a la nada que tenemos en comn. </P>

<P>Por medio de un salto, Esposito resuelve proseguir su análisis del origen de la comunidad en dos pensadores contemporáneos, Heidegger y Bataille. Este salto, y la previa seleccin de los tres pensadores modernos están fundamentados en el diálogo propio de los pensadores y en las conexiones que el italiano plantea con claridad. </P>

<P>2.4. En el caso de Heidegger, Esposito cree que contina el pensamiento de Kant para expresar aquello que Kant no pudo decir frente al abismo del sujeto. Esto que abre y expone al sujeto es para Heidegger el tiempo. La constitucin del hombre queda expuesta bajo la forma del éx–tasis que implica la manifestacin o esenciacin del tiempo en el ser-ahí del Dasein que se proyecta a sus posibilidades. De allí Heidegger describe en su analítica existencial la estructura modal del hombre a través de existenciarios que muestran la trascendencia propia del Dasein, su tendencia a la apertura y su disposicin en el mundo. No obstante, pensadores como Esposito plantean, de forma acertada, que tal constitucin y tal comprensin de la vivencia en Heidegger presentan una lectura inmanente que se cierra a su propia significacin por medio de las nociones de identidad del sí mismo y las modalidades de la propiedad e impropiedad. </P>

<P>Esposito también menciona que Heidegger en los ’30 analiza el peso del deber que implica siempre algo por cumplir que nos condiciona. El sujeto moral no fue, segn la lectura de Esposito sobre Heidegger, desarrollado por Kant. En este sentido, para Heidegger habría que destrascendentalizar la ley, toda ética originaria debería apuntar de forma pre-ontolgica a la posibilidad de la ley, es decir, contener primero la instancia de la ley o no-ley. Vale destacar que la nocin de lo trascendental que Kant y Heidegger plantean no es la misma.1 Heidegger propondría volver la ley al hombre, ejemplo de ello es la idea de la conciencia (Gewissen) que en Sein und Zeit es un imperativo o vocativo, un llamado al sí mismo que viene de sí, y no de afuera como Kant argumentaba. </P>

<P>En el texto de Esposito, Communitas, encontramos otras cuestiones planteadas por Heidegger como el modo de la caída, entendida como un estado originario en el que los Dasein co-existen.2 Asimismo hay que rescatar el análisis del italiano sobre los existenciarios de lo propio e impropio, su co-originariedad y sostener su tensin permanente en el Dasein, puesto que, en todo caso, para Heidegger el Dasein todavía no pudo salir de la indigencia del pensar y, en definitiva, todo estancia en el sí mismo es un momento esporádico que prontamente se disipa e interna en el “uno” (das Man). Sin duda alguna la caída representa el lugar donde ya somos, en el que incluso de alguna forma comprendemos bajo ciertos estados de ánimo nuestra realidad. No obstante, el autor alemán introduce un tono ético en su discurso y en su obra capital que oscurece y pervierte la lgica tensional que la estructura del Dasein tenía, a través de la acentuacin del sí mismo por sobre el modo impersonal del “uno”. Más adelante, en el texto de Esposito se menciona brevemente la situacin de Heidegger en 1933/34, su discurso, su posicin en el rectorado, separándola de su obra previa.3 </P>

<P>1 Heidegger plantea una nocin de lo trascendental que tiene en cuenta a las cosas, la temporalidad y la relacin en el mundo, es decir, que no es una estructura modal netamente subjetiva y de orden gnoseolgico. 2 La idea de la instancia primigenia del ser-con en la que los hombres ya son, es un elemento fundamental de la comunidad de Esposito apartado de toda idea de intersubjetividad. 3 No nos adentraremos en este tema, puesto a que fue desarrollado en el trabajo previo que realizamos sobre la comunidad, titulado “La comunidad en Heidegger y su recepcin en la línea francesa”. </P>

<P>Por otro lado, más allá de la lectura de Esposito no queremos dejar de hacer un paralelo entre la nocin heideggeriana de la donacin sustraída y la idea de la donacin en Esposito y otros pensadores de la comunidad.1 La donacin sustraída es una figura clave del pensamiento de Heidegger que explica la diferencia ontolgica en el acontecer del ser, tanto en los aos 20 como en los aos 30, que bien podría apuntar al munus que el don porta. La donacin sustraída en Heidegger expresa esa instancia originaria en la cual el ser o el sentido, en una de sus manifestaciones particulares, se da (es gibt) ocultándose, de este modo la donacin primera es desde la negacin. Incluso en algunos textos de la década del ’20 se plantea respecto de la comprensin del Dasein, la necesidad de negar este origen para producir, es decir, para instituir su sentido. Esta idea se acopla directamente con el proceso de la inmunidad que para afirmar la vida necesita negar su origen. Aquí encontramos la idea de Heidegger de dos niveles en la relacin del Dasein con el ser, la de lo originario y lo derivado, o sea, la deriva degenerativa del origen que la objetivacin genera. Hay elementos presentes en la obra de Heidegger, que se relacionan con la lgica de esta visin que en este trabajo abordamos, cuestiones que describen la dinámica y funcionalidad del origen, problemática que tanto a Heidegger le ha interesado. </P>

<P>2.5. Por ltimo tenemos a Bataille y su idea de la experiencia interior. Esposito presenta a Bataille como un opositor a Heidegger. Lo nico que tendrían en comn, para Esposito, sería aquello que en el filsofo alemán fue el silencio. Bataille vino a cortar con la dialéctica del origen y la realizacin para darle fin a la idea de una repeticin del origen anhelado. Para el francés hay un “no saber” (non savoir) que destina el pensamiento a su incurable “inconclusin”. (Cfr. Esposito, 2003: 187) Este no saber expresa lo impensable de la comunidad. En este sentido, la forma que Bataille genera, paradjicamente, para hablar de este no saber es la “experiencia interior”. Esta nocin no tiene nada en comn con la vivencia fenomenolgica (Erlebnis) o cualquier tipo de experiencia (Erfahrung) filosfica tradicional. Bataille busca </P>

<P>1 Por ejemplo Blanchot en La comunidad inconfesable habla de las maneras en la que el don da esa nada y se retira (Cfr. 1999: 46) </P>

<P>esta experiencia en lo invisible de la vida, cuando ésta se retrae y donde ésta genera una indeterminada intensidad.1 </P>

<P>Ahora bien, no hay que confundir el sentido de la experiencia por la nominacin de “interior” que Bataille le da, puesto que inversamente la experiencia refiere a la pura exterioridad y negacin, a la disolucin de todo sujeto que pudiera ser consciente de este evento.2 Ya nos dice Nancy en La comunidad desobrada que Bataille fue “sin duda el primero en hacer la experiencia moderna de comunidad: ni obra que producir, ni comunin perdida, sino el espacio mismo, el espaciamiento de la experiencia del afuera, del fuera-de-sí.” (2001: 41) De este modo, el no saber no produce sentido sino que expone, exhibe lo que ya es, nuestra herida, la de la comunidad. Para Bataille esta herida muestra “lo que no somos”, en este sentido consideramos que hay una disociacin que difícilmente pueda plantearse más allá de un sujeto </P>

<P>o identidad, puesto que cuesta realmente salirse de los conceptos y modalidades que la modernidad nos impuso. Incluso, creemos que reconocer “eso que no somos”, implica bajo esta mentalidad la posibilidad obstruida que en algn punto aoramos. A nuestro entender hay algunas falencias de orden performativo en el discurso de Bataille o hay una enorme dificultad para comprenderlo, puesto a que en él todavía hay resabios de aquellos conceptos filosficos. Nancy indica que: “Este límite mismo es la paradoja: a saber, la paradoja de un pensamiento imantado por la comunidad, y sin embargo reglado por el tema de la soberanía de un sujeto. Para Bataille, como para todos nosotros, un pensamiento del sujeto malogra un pensamiento de la comunidad.” (2001: 48) De este modo, toda experiencia de una herida, requiere de cierta corporalidad o espiritualidad que la sustente, por tanto este no saber o esta patentizacin de una falta, implica cierta subjetividad latente de forma negativa. El antihumanismo de la antropología de Bataille no debería –en todo caso-denominarse así, porque “no ser hombres” es un calificativo que procede de la esencia humana. Del mismo modo, se complica hablar de comunicacin sin la </P>

<P>1 Sin embargo a pesar de que la experiencia interior no puede compararse a la vivencia en Heidegger, Blanchot –por ejemplo-la describe en su apartado “La experiencia interior” por medio de los rasgos del éxtasis heideggeriano, a saber: “…del tiempo que hace que estalle la existencia y la libera extáticamente de todo lo que quedase en ella de servil. La ilusin de Acéphale es por tanto la del abandono vivido en comn, abandono de y a la angustia ltima que otorga el éxtasis.” (1999: 49) 2 En palabras de Blanchot: “La experiencia interior dice así lo contrario de lo que parece decir: movimiento de impugnacin que, viniendo del sujeto, lo devasta….” (1999: 50) </P>

<P>idea de sujetos.1 Ahora bien, Maurice Blanchot dice acerca de la comunicabilidad de la “experiencia interior” de Bataille, que “…no podía tener lugar si se limitaba a uno solo que se hubiera bastado para cargar con el acontecimiento, su desgracia y su gloria: ella se cumple […] cuando se comparte…” (1999: 51) </P>

<P>Esposito compara las nociones de comunidad y muerte en Heidegger y Bataille, y descubre diferencias. Sobre la primera observa que para Heidegger es algo ya dado que se origina desde el ser-con, y acerca de Bataille plantea que es a donde llegamos por medio de la zona límite que nos arrastra al abismo causado por la herida y su comunicacin.2 Por otro lado, la muerte para Heidegger nos abre el abanico de posibilidades a realizar y para Bataille es la imposibilidad de ser. Segn Bataille la comunidad se logra slo a través del contagio de esta herida que se comunica nicamente cuando tanto uno como otro hombre se encuentra al borde de la nada, experimentando el abismo que somos. De esta exposicin mutua surge la comunidad, de la experiencia del límite, de la muerte que afecta, para Bataille la del otro. Esposito considera que Bataille es el pensador que con mayor claridad abriga la oposicin communitas e immunitas. </P>

<P>Cerrando este recorrido por algunas de las visiones del origen en torno a la comunidad, Esposito recurre a la contraposicin de Hobbes y Bataille para destacar justamente dos tendencias opuestas. En Hobbes se analiza con claridad la huida del origen negativo de la comunidad a través de su inmunizacin por medio del contrato. Toda compensacin se lleva a cabo para salvaguardar la vida sacrificándola a su negacin. En el otro extremo tenemos a Bataille que celebra la negacin, la disolucin y expropiacin de los hombres, abrazando a la comunidad y a su destino abismal. Por esto, de la economía del contrato al derroche del don nos encontramos en la permanente tensin. </P>

<P>1 Véase la nota al pie de Nancy en su texto La comunidad desobrada. (2001: 42) 2 No obstante, tal como Cano indica, la comunidad es siempre un punto de partida y no de llegada [esto] se entiende slo a partir de la idea de que la communitas tiene como reverso inevitable a la inmunidad.” (2010: 92) </P>
</Sect>

<Sect>
<H4>3. La reaccin inmunitaria frente al origen </H4>

<P>En su texto Immunitas Esposito profundiza la dialéctica compleja que vinimos trabajando, para dar cuenta en mayor detalle de la semántica y la funcionalidad del mecanismo de proteccin de la vida frente a su origen destructivo. </P>

<P>Ante el peligro inminente del origen incierto y de la amenaza encubierta en nuestra propia constitucin abierta, se erige el mecanismo de proteccin que la lgica inmunitaria plantea. La estrategia inmunitaria esboza, en un primer nivel, la necesidad de la ruptura con lo originario, para una ulterior restitucin de la comunidad. Esta restitucin forzosa se restringe a normativas que prefiguran una modalidad condicionada de convivencia. La proteccin que caracteriza al sistema inmunitario está signada por el paradigma moderno de la individualidad. En este sentido, la proteccin de la vida implica el refuerzo de la voluntad y la propiedad al costo de una relacin escindida entre los hombres. Para Esposito aquello que provoca la intrusin es la amenaza disolutiva, la que intenta borrar las fronteras entre lo externo y lo interno, lo propio y lo extrao, aquello que pone en riesgo la identidad y mismidad de los sujetos. </P>

<P>Recordemos brevemente el sentido de la inmunidad y su relacin con la comunidad. La tensin communitas-immunitas es una polaridad compleja que no apunta a una simple oposicin sino que ambas partes slo son en correspondencia con la otra.1 Immunitas lleva en el fondo a communitas, y ésta ltima es en su deriva inmunitaria. El vínculo indisoluble entre ambas procede de la negacin, puesto que inmunitas es la negacin del munus, es la liberacin de la carga de esta falta original. Ya nos dice Esposito que “la immunitas no es slo la dispensa de una obligacin o la exencin de un tributo, sino algo que interrumpe el circuito social de la donacin recíproca2 al que remite, en cambio, el significado más originario y comprometido de la communitas.” (2005: 16) </P>

<P>1 “La lgica comunidad-inmunidad es una lgica paradjica, en la medida en que la inmunidad preserva la comunidad a costa de su sacrificio o limitacin, y a su vez, la inmunidad requiere de la comunidad como elemento negativo que se retiene para prolongarse a sí misma.” (Cano, 2010: 95) 2 Tal como Esposito indica, la reciprocidad no es propia de la comunidad, ya que los pensadores de la comunidad no plantean una reciprocidad del don. Incluso, por ejemplo, Blanchot en La comunidad inconfesable retoma cmo Marx somete a juicio la nocin de reciprocidad. Blanchot comenta que debe reformularse la idea de una reciprocidad más allá de la relacin del Mismo con el Mismo, introduciendo al Otro como irreductible, siempre en disimetría, se impone una clase de relacin totalmente distinta.” (1999: 15) </P>

<P>La inmunidad se caracteriza por su individualidad y su sentido anticomunitario, el del ingrato. Sin embargo, Esposito aclara que su funcionalidad es más compleja y no se reduce a su contraposicin a la comunidad. Por ejemplo, en referencia a uno de los sistemas inmunitarios, el biomédico, podemos decir que el organismo tiende a refractarse ante el peligro del contagio de una enfermedad. De este modo, la inmunidad puede ser natural </P>

<P>o adquirida. Uno puede generar la inmunidad a partir de la intrusin de parte de aquel peligro en el organismo, en una cantidad que no amenaza pero produce su acostumbramiento y fortalecimiento ante un futuro peligro de las características de éste aunque en una escala mayor de riesgo. Esta estrategia se compone de la intrusin, el rodeo y la neutralizacin del mal. “Es la dialéctica de la inclusin excluyente o de una exclusin mediante la inclusin.” (Esposito, 2005: 18) Por tanto, se hace evidente que acceder al mal para dominarlo es la base del mecanismo que la inmunidad propone. Este es un mecanismo de reaccin ante una fuerza externa, que en un comienzo era interna pero ahora se entiende como algo que no pertenece a la naturaleza humana ya que la misma se ha reconfigurado en vistas a la produccin de sentido implícita en la cultura y la concepcin de mundo. </P>

<P>En su texto Immunitas Esposito procede, como comentamos en la introduccin de este trabajo, a analizar algunas formas inmunolgicas de proteccin y negacin de la vida. En este caso, aborda el problema del origen ya no para comprender su sentido sino para entender su anulacin. En Immunitas, la segunda de tres obras de Esposito que se completa con los textos Communitas. Origen y destino de la comunidad y Bios. Biopolítica y filosofía que plantea de forma positiva una nueva manera de abordar la comunidad y pensar la política en la forma misma de la vida-el autor detalla los sistemas jurídico, teolgico, antropolgico, biopolítico. En el presente trabajo revisaremos dos de los sistemas, a modo de ejemplo, para dilucidar la reaccin inmunitaria. </P>

<P>3.1. En cuanto al sistema jurídico Esposito presenta al derecho como la legalidad que salvaguarda a la comunidad de la muerte, protegiendo y prolongando la vida. Esta es una forma indirecta de proteccin por medio de un instrumento que en parte es su contrario.1 De este modo, contra la contaminacin reacciona el derecho y refuerza la identidad. La visin habitual es la que considera que el derecho inmuniza al sujeto de la comunidad, puesto que al adquirir derechos otros tienen obligaciones ante mí. Esto se garantiza en el espacio pblico por el reconocimiento del sujeto y su individualidad, mediante la fuerza y el acatamiento del individuo al colectivo que pertenece, puesto que todo reparto de derecho está subordinado a la fuerza. Sobre este aspecto, Esposito destaca la idea conocida de que la violencia acompaa al derecho y rescata su lectura de Zur Kritik der Gewalt de Benjamin, acerca de la encrucijada entre el origen y el destino, y los mecanismos de institucin y conservacin del derecho. La violencia puede interpretarse en dos instancias: como aquello que deforma los límites y que contagia indiscriminadamente al comn, esta es la violencia original, o como la violencia medida que en la inmunidad distingue, presiona y organiza lo pblico. </P>

<P>Por otro lado, frente a la idea tradicional del derecho, Simon Weil propone una “semántica de obligaciones”, volviendo a la “ley en comn” y al sentido de la comunidad. Esta visin se focaliza en el munus rompiendo con la relacin irreflexiva entre subjetividad y derecho. Aquí se plasma otra forma de entender el derecho, a saber, la idea de que el reconocimiento de obligaciones es lo que resalta el derecho. Esposito dice que ante esta forma de expropiacin, es decir, ante el reconocimiento de la obligacin que nos determina, se alza la tarea inmunitaria. De este modo, se invierte el razonamiento y ahora se establece la idea de que “dado que yo tengo derechos otros tienen obligaciones”. El filsofo italiano explica que con el surgimiento de la persona jurídica se instituye esta forma del derecho para hacer frente a la forma originaria de la comunidad como expropiacin. La identidad del sujeto, su estatuto y valor dentro de una sociedad normativizada en base a la ley, el poder, la propiedad y el derecho, desdibuja “lo comn” o genera una hipostatizacin del mismo relegándolo al plano utpico de lo irrealizable. </P>

<P>Luego, Esposito se adentra en la teoría de los sistemas de Niklas Luhmann y sus cambios, a partir de la pregunta por el modo a partir del cual el </P>

<P>1 En Bios Esposito indica que: “…así como en el ámbito biomédico se refiere a la condicin refractaria de un organismo vivo, ya sea natural o inducida, respecto de una enfermedad dada, en el lenguaje jurídico-político alude a la exencin temporal o definitiva de un sujeto respecto de determinadas obligaciones o responsabilidades que rigen normalmente para los demás.” (2006: 73) </P>

<P>derecho puede inmunizarse de la violencia externa. Para esto, Luhmann reformula el problema y los conceptos referentes a él.1 Para Luhmann la dinámica de los sistemas plantea la inherencia del derecho y la violencia en el plano de la funcionalidad. Por cuanto toda idea de violencia emerge desde el sistema, puesto que no se puede definir el mismo por algo externo. Esposito plantea en Bios que: “La tesis de que los sistemas no funcionan descartando conflictos y contradicciones, sino produciéndolos como antígenos necesarios para reactivar sus propios anticuerpos, sita por entero su discurso [el de Luhmann] en la rbita semántica de la inmunidad.” (2006: 79) De este modo, cada sistema se auto-regula por medio del derecho y a través de la inmunizacin. </P>

<P>3.2. En el desarrollo del sistema teolgico Esposito presenta una dialéctica de asuncin y rechazo o incorporacin y expulsin, en la que se indica la superposicin funcional de dos, por así decirlo, fuerzas que en la religin son potencia de vida y negacin. Aquí se realiza un análisis etimolgico minucioso de las nociones sacer y sanctus, retomando el trabajo de Benveniste y Derrida. La idea de lo sacro refiere la religin a la connotacin inmunolgica de lo que se salva o sana de un peligro mortal. En este concepto se encuentra una situacin de plenitud, que expande vitalidad y proteccin. Por otro lado, frente a lo positivo del origen divino, el concepto de sanctus nos remite a la idea de prohibicin y sancin, esta nocin, dice Esposito, es la frontera que divide lo sagrado de lo profano. (2005: 81) En este punto que rodea la periferia de lo sacrum encontramos la voluntad de negacin que caracteriza lo inmune. Sistema en el cual se cruza lo biomédico con su cuestin de la vida y lo corporal, y lo jurídico con la agencia de la ley. </P>

<P>La religin está vinculada semánticamente a un freno que marca la imposibilidad de repetir o acceder al origen. El hombre proviene de algo que lo excede y la consagracin de su vida está estrechamente enlazada a la idea del sacrificio. El conflicto propio de la encrucijada entre vida y muerte, y la oscilacin que se muestra por la funcionalidad propia de la dinámica inmunitaria que la religin presenta, intentan restablecer el equilibrio por </P>

<P>En Bios dice Esposito que “…fue Niklas Luhmann quien extrajo las consecuencias más radicales, aun en el plano terminolgico. Al afirmar que ‘el sistema no se inmuniza contra el ‘no’, sino con ayuda del no.” (2006: 79) </P>

<P>medio de la promesa de una vida después de la muerte. La religin quiere subsanar el origen negativo de la finitud de la vida humana por medio de esta reaccin inmunitaria. </P>

<P>Por otro lado, Esposito analiza el pensamiento de Pablo. En él observa el sentido de la comunidad, bajo las ideas de la donacin y la expropiacin de toda identidad individual para ser en el “con”. Asimismo, Esposito destaca la relacin entre la ley y el pecado a través de la figura del katékhon que indica lo que impide cierta manifestacin. Las lecturas del katékhon han sido varias, sin embargo la cuestin fundamental es la naturaleza de dicho freno que enfrenta conteniendo. De este modo, Esposito nos dice sobre el katékhon: “Impide, sí, el triunfo del mal, pero obstaculiza, con su existencia misma, también la parousía divina. Su funcin es positiva, pero por la negativa. El katékhon es exactamente esto: el positivo de un negativo. El anticuerpo que protege al cuerpo cristiano de aquello que lo amenaza.” (2005: 94) Para comprender la nocin de katékhon Esposito recurre a las interpretaciones de Agamben y a su revisin del sentido de los términos anomía y ánomos que Pablo introduce para definirlo. Al respecto Esposito rescata el doble significado de nmos de tipo normativo y en sentido de promesa. En este caso, la segunda opcin es la elegida por cuanto no indica una agencia sino que “…coincide con la fe en que Pablo ubica la fuerza revolucionaria del mensaje cristiano.” (Esposito, 2005: 95) Luego, acerca del katékhon Esposito retoma de Agamben el mismo sentido de lo inoperante que tiene en el verbo katargein el sufijo args derivado de a-érgos. De este modo, la lectura mesiánica de Agamben sobre el katékhon resalta la potencia latente que desde la pasividad se encamina a la ley. </P>

<P>La figura del katékhon se encarna en la teología política, en la que se funda una relacin que refuerza la analogía en la base ideolgica y sus procesos. En este sentido, se da la asimilacin del poder de dios al poder del rey, y se mantiene en pie la continuidad de los procedimientos de confesin, sancin y retribucin. El cruce de estas dos formas se entiende por el destino político de la religin y también por la fundamentacin de la religin en la política. De esta manera, la religin se institucionaliza porque consigue un cuerpo en el cual alojar a la comunidad (la iglesia) y, a la vez, ya que establece su legalidad por medio de la ley que la trasciende. Por tanto el katékhon se perfecciona ya que ahora es “entre” la vida y la muerta, se verifica y sustenta en la inmanencia de la corporalidad y se fundamenta y excusa en la trascendencia espiritual. </P>
</Sect>

<Sect>
<H4>Reflexiones finales </H4>

<P>Para concluir la exposicin y el análisis que presentamos acerca del sentido y la funcionalidad del origen en la obra de Esposito, queremos brevemente hacer un recorrido por aquello que se fue desarrollando en el trabajo. </P>

<P>Primero consideramos importante sealar que el problema inicial que dio lugar a la temática propuesta del origen fue el de la aporía subyacente en la idea de “pensar la comunidad”. El sentido de la comunidad en el pensamiento contemporáneo al cual nos remitimos expone la paradoja propia de la imposibilidad de tomar por objeto de estudio a la comunidad, puesto que esta nocin no puede definirse sin tergiversar su significado. Todo intento de delimitacin de la nocin contradice justamente aquello a lo que la comunidad se refiere. La comunidad en su carácter inoperante tiende a la expropiacin, pues en ella se despliega la herida original y su deriva tanática. Frente al origen negativo de la comunidad que impulsa a la disolucin, reacciona el hombre para proteger su vida y proyectar su continuidad. </P>

<P>Con todo, Esposito propone un análisis hermenéutico de la nocin de comunidad que permite describir su sentido atendiendo al fenmeno en sí y, a la vez, descubriendo en su génesis etimolgica sus rasgos particulares. De este modo, expusimos en la primera parte de este trabajo la interpretacin que el filsofo italiano presenta en contraste con la versin tradicional de comunidad. En esta instancia pudimos comprender el origen negativo por medio del munus que communitas contiene. De esta manera, la lgica de la donacin y la carga que ésta transmite se cristaliz en el rasgo de la falta que nos constituye. </P>

<P>Una vez que nos introdujimos en la problemática de la comunidad, nos dedicamos en la segunda parte del escrito a reflexionar sobre las diferentes formas del origen que Esposito presenta partiendo de la modernidad, etapa en la que se ve con claridad el paradigma inmunitario. Al respecto revisamos las formas del miedo en Hobbes, la culpa en Rousseau, la ley en Kant, el éxtasis en Heidegger y la experiencia en Bataille. Por medio de estas formas y los puntos que tienen en comn se pudo visualizar: qué factores predominan en la comprensin del origen en cada visin, cmo se articulan dichos elementos en cada propuesta, cmo argumenta cada filsofo su visin y cmo critica la del otro, y cuál es la lectura particular de Esposito en referencia a cada perspectiva. La consideracin crítica de estas formas del origen nos permitiavanzar un poco más en la comprensin de la dinámica entre comunidad e inmunidad, ya que algunos de los pensadores abordados son un ejemplo explícito del paradigma inmunitario. Por tanto, en esta parte del trabajo aparecieron algunas precisiones preliminares de esta dialéctica particular. </P>

<P>Finalmente, una vez aclarado el sentido de la nocin de origen en el pensamiento de la comunidad y gracias a los ejemplos proporcionados por Esposito, logramos acceder a la tensin inherente a la dinámica que se genera entre los opuestos (comunidad e inmunidad) y descubrir su correspondencia. Por tanto, en la tercera parte del trabajo se analizan los mecanismos de inmunizacin para entender cmo reacciona el hombre frente a su origen disolutivo. Gracias a la descripcin espositiana de algunos sistemas inmunitarios como el biomédico, teolgico, jurídico, biopolítico, entre otros, se logresclarecer en detalle cmo son los dispositivos de defensa que los sistemas desarrollan para protegerse del peligro original. </P>
</Sect>

<Sect>
<H4>Bibliografía </H4>

<P>BATAILLE, Georges, “Proposiciones”. La conjuracin sagrada. Ensayos 19291939, trad. S. Mattoni, Buenos Aires: A. Hidalgo, 2003. 181-189. BLANCHOT, Maurice, La comunidad inconfesable, Madrid: Arena Libros, 1999. CANO, Virginia, “Del don a la ingratitud: vida, comunidad e inmunidad en Roberto Esposito y Nietzsche”. Contrastes. Revista Internacional de Filosofía, vol. XV (2010): 85-103. CRAGNOLINI, Mnica, “Temblores del pesar: Nietzsche, Blanchot, Derrida”. Pensamientos de los confines, N° 12, junio (2002): 111-119. </P>

<P>CRAGNOLINI, Mnica, “La comunidad de Nancy: entre la imposibilidad de representacin y el silencio”. La comunidad enfrentada, Nancy, Jean-Luc. Buenos Aires: La Cebra, 2007. 59-65. CRAGNOLINI, Mnica, “Extraas comunidades. Para una metafísica del exilio”. </P>

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