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ARTÍCULOS </Figure>

<P>BIOPOLÍTICA DE LA DIVERSIDAD Y LA COLABORACIÓN ANTROPOLÓGICA POSTMODERNISTA EN LA HABILITACIÓN DE IDENTIDADES </P>

<Part>
<H4>Biopolitics of Diversity and Posmodern Anthropological Collaboration in the Enabling of Identities </H4>

<Sect>
<H4>Resumen </H4>

<P>Mi artículo es el fruto de articular las nociones foucaultianas de ”capilaridad” y “prácticas discursivas” en su engarzamiento real, pues ellas componen la pinza que me permite captar las líneas actuales de accin y desarrollo del poder burgués: La “inter-culturizacin” capitalista de procesos productivos y de orden, siendo potenciado un bagaje “pre-capitalista” técnico, jurídico o de consumo, en la fábrica y sobre el ámbito “comunitario” en desmembracin o en formacin. El estudio de las identidades entrantes en los espacios y en los ámbitos de movilidad territorial adscritos a tales procesos. El cultivo, la promocin, la represin </P>

<P>o el control -y, en cualquier caso, la asignacin de espacios y el estudio-de las “identidades de adaptacin” que emergen y se extienden socialmente en correlacin a los procesos de movilidad poblacional, precarizacin, exclusin laboral y lumpenizacin hoy abiertos en los denominados “centros capitalistas”. Las remodelaciones jurídicas y legislativas necesarias a la tarea de politizacin de todas esas identidades, a su conjuncin, a su integracin y a des-problematizar su particularidad. </P>
</Sect>
</Part>

<Part>
<H4>Tamer Sarkis Fernández </H4>

<P>UAB – Espaa </P>

<Sect>
<Sect>
<H4>Abstract </H4>
</Sect>

<P>My paper was produced by articulating two Foucaultian notions -capilarity and discoursive practices-in their real linking, because they both compose a tool that allows me to win over the actual ways which burgess power takes action and development with: Capitalist “inter-curturalitation” of production and ordering processes, by the fact of empowering technical, legal and consumption “pre-capitalist” background, inside the factory and also at breaking or shaping “communitarian” level. Study of identities entering in spaces and in territorial movility levels which are appointed to those producting and ordering processes. Cultivation, promotion, represion or control -but always allocation in spaces and exam-of all those “adaptation identities” which emerge and take social wideness beside several processes opened nowadays in the such named “capitalist centers” (population movility, growing precariousness, labour exclusion and “enlumpenment”). Legal and legislation remodelings necesary in order to catch politically all those identities, as well to their conjunction, to integrate them and to put their particularity out of problem. The process of producting -and stablishing as paradigmas-certain La produccin y elevacin paradigmática de unas Antropologías, unas Sociologías..., especializadas en articular objetivamente a los grupos humanos y al capitalismo que los contiene, en una especie de “juego de prestaciones y de contra-prestaciones” -jurídicas, de atencin, de reconocimiento, de “puesta en reserva”, etc. Su exaltacin de la particularidad como horizonte de lo “real”, con que estas nuevas modalidades cognitivas ocultan el ser social objetivo compartido, junto con su relativizacin idealista de las identidades, son un curioso nuevo modo de esencializar los tipos sociales originados (fetichismo del hecho subjetivo). </P>

<Sect>
<P>Palabras clave: proletarizacin, práctica discursiva, performance. </P>
</Sect>

<P>anthropologies, sociologies..., specialiced about linking human groups and their capitalist mark, into a sort of common “game of emisions and takings” -concerning on legality, on atenction, on recognaizing, on “putting under reserve”, etc. Their exaltation of particularity as the horizont of reality, in order to hide common objective social being -and beside their idealist relativitation of identities-, both compose a curious new way to esentialize the originated social types (fetichism of subjective fact). </P>

<P>Keywords: Proletariation, Discoursive practice, Performance. </P>

<P>El problema no es cambiar la conciencia de la gente </P>

<P>o lo que tienen en la cabeza, sino el régimen político, econmico e institucional de produccin de verdad (Foucault, 2000: 145). </P>
</Sect>
</Part>

<Part>
<H4>Algunas intenciones </H4>

<P>Me propongo con este artículo mostrar la retro-alimentacin solidaria que existe entre un conjunto de paradigmas -en boga y en desarrollo-etnográficos, antropolgicos, sociolgicos, jurídicos, urbanísticos, geográficos, y el despliegue de una ingeniería social y científica ocupada en afrontar el reto capitalista de encajar y articular a poblaciones, a territorios, a grupos, a identidades, en dos conjuntos distintos de procesos sociales. El primero consiste en los nuevos cursos de proletarizacin y de lumpenizacin abiertos por la fase actual de diseccin de los procesos productivos en fases separadas y por su distribucin planetaria. El segundo conjunto, relacionado con el primero, está compuesto por las coetáneas problemáticas ecolgicas urbanas, de gestin de recursos, de tratamiento de conflictos, de dinamizacin de paliativos “intracomunitarios”, de cálculos y análisis de perfiles migratorios, y de competencia inter-imperialista por ordenar operaciones de pacificacin regional. Esos paradigmas postmodernos -dialgica, etno-desarrollo, etno-eco-desarrollo, mediacin, enpowerment, Etnografía del etngrafo y de la distorsin etnográfica sobre el sujeto de estudio...-son paradigmas que emergen con vocacin de ceir sus investigaciones a “recolectar” y a transcribir “el hecho subjetivo”, es decir, la voz y la auto-percepcin manifestada por los grupos estudiados. Tal vocacin es la de ceirse también a catalizar y a estimular un supuesto fluir de energías e iniciativas intersubjetivas de auto-construccin y auto-re-definicin. </P>

<P>Me propongo mostrar, así mismo, cmo la funcin de ser “correa de transmisin” de necesidades, demandas, protestas..., que estos estudiosos dan a sus trabajos y a sus intervenciones en Foros, en Cumbres y ante los gabinetes institucionales de Política Social que les contratan, es una funcin en perfecta sintonía con la matriz científico-política de intervencin. Esta ltima tiene que tomar conocimiento de esa multiplicidad real, y al tiempo asesorarse sobre los ptimos de uso y de manipulacin práctica de tal surtido de riqueza descubierta como “recurso cultural”. Tengo, indisociablemente a lo dicho, el propsito de mostrar cmo aquellos paradigmas regentes en “el nivel terico” de la Antropología, la Sociología, etc., tienen que re-emerger sobre el terreno de la implementacin de planes y proyectos socio-culturales presidiendo las miras de los interventores, los asistentes, los cooperantes, las agencias de recursos y la Antropología aplicada. </P>

<P>Pretendo mostrar, en fin, cmo la coartada perfecta para gran parte de este nuevo “universo paradigmático”, así como la válvula de escape con que ilusionar a tantos trabajadores de campo, viene consistiendo en remitir la cuestin identitaria a la performance. Cristalizacin subjetiva del lenguaje y de otros cdigos de mensaje habría de ser la identidad, cuya lucha defensiva, reivindicacin por su conservacin y por su respeto, remake, negociacin, “deconstruccin” efectiva o subversin dependerían de un portador y escenificador de “la Idea”. El terico habría de fijarse en la eventualidad de esos movimientos en tanto que “desenvolturas al gusto”, que “el buen antroplogo” transcribe y vehicula, desapareciendo así, del campo crítico, no “solamente” la base histrico-objetiva de la sujecin, sino la cualidad objetiva también de la sujecin misma. </P>

<P>Atiendo, a lo largo del texto, a las cuestiones presentadas, empleando en ello el sistema conceptual que fue armado por Michel Foucault. Pero también, e inseparablemente, pongo empeo en practicar el análisis sobre esas herramientas tericas mismas y en exponerlo. Ejercicio tanto más interesante, cuanto que me ayudará a demostrar la profunda adversidad existente entre, de un lado, el subjetivismo performativo y, del otro, la obra, el pensamiento y las propuestas en que éste dice hallar sustentacin. </P>
</Part>

<Part>
<H4>I. Retomar a Michel Foucault y el lugar del Estado en sus análisis del poder, a contracorriente de los estereotipos al uso </H4>

<P>Cuando se pretende emplear a Foucault, es frecuente aludir al tpico segn el que convendría, al analizar el poder, olvidarse del Estado en su definicin total de clase dominante políticamente organizada –o arrinconarlo-, pues el elemento central serían unos “micropoderes” cotidianos, a lo sumo circunstancialmente estatales1. Esto no es así: distinguir el Estado como ncleo de enfoque de su mirada terica, fue para Foucault un acto fundamental; punto de anclaje precisamente para el despliegue de esa mirada suya hacia una multiplicidad de ámbitos extra-estatales que acabaron siendo “Factores de Produccin” estatal. Esa atribucin de importancia inspiral pensador en su confeccin de los parámetros para un análisis estratégico de las relaciones de poder. Y no digamos en qué medida distinguir la especificidad del Estado le sería hoy fuente de inspiracin: control de proporciones o tasas de origen en las poblaciones; vigilancia de la correspondencia electrnica; ingeniería genética; inyecciones presupuestarias y saneamiento de empresas; inversin estatal en cualquier sector y presencia bursátil del Estado como una empresa cuyo Capital son sus arcas y el fondo tributario; preparacin masiva organizada para aceptar una guerra o manifestarse en su contra; etc. El capitalismo de Estado va actualmente más allá de los primeros esbozos hitlerianos y stalinistas. Lo que sí afirma Foucault es que el Estado no crea nada (es un monstruo que no tiene entraas, metaforizNietzsche2); sus mecanismos los adopta todos de la vida </P>

<P>1 . </P>

<P>Padres sobre hijos, adultos sobre nios, cuerdos sobre locos, médicos sobre pacientes, funcionarios sobre ciudadanos o sobre presos, hombres sobre mujeres, maestros sobre pupilos, militares sobre soldados, soldados y cooperadores sobre refugiados, heteros sobre homos… </P>

<P>2 “Falso es todo en él; con dientes robados muerde, ese mordedor. Falsas son incluso sus entraas” (Nietzsche, 1998: 87). </P>

<P>política a priori foránea al Estado3: policía, prisin, antigua forma esclavista de trabajo hoy estatalizado en las prisiones o como voluntariado y prestaciones penales, dispositivos de control fabril, sistemas religiosos para el archivo y seguimiento de la pobreza, correccionales, etc. Una laguna en Foucault fue obviar el peso que tuvieron las estructuras obreras en el proceso -captativo de realidad, digestivo, metabolizador y re-organizador-a través del cual la burguesía fue “armando” a su Estado: escuela obrera organizada por los sindicatos, los sindicatos mismos, cajas de resistencia, fondos de pensiones, mutualidades obreras, etc. Podríamos pensar en completar dicha carencia, narrando cmo fue produciéndose esa absorcin estatal de la vida anticapitalista proletaria. </P>

<P>Para otros pretendidos empleadores de Foucault (algunas corrientes del anarquismo de ahora, y las anarco-insurreccionalistas en especial), el pensador habría descubierto la esencia del Estado como una especie de mana, que está en todo en distintas proporciones (es nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestra mirada, nuestro deseo…). Segn ellos, Foucault habría dicho que el Estado no es un aparato, sino una carga energética y definitoria que lo atraviesa y posee todo, siendo inadecuado preguntarse por una maquinaria generadora de esa energía porque ésta no empieza ni acaba en un espacio y porque no se sabe qué fragmento de realidad ha colonizado y “estatalizado” a qué. Eso es errneo: lo que sí hace Foucault es tomar el Estado como una especie de fuerza de condensacin que aglutina, coordina, relaciona, potencia, dispositivos políticos de origen variopinto y que no tenían porqué guardar relacin originaria entre sí. Por otra parte, Foucault advierte del error que supone definir el poder como una exterioridad localizable, asaltando a una sociedad “asediada”, “tomada”, “manipulada”, “corrompida”, pero a la vez pura “de esencia” contra aquella entidad política “oriunda de otra esfera”. </P>

<P>Sin embargo, si nos previene de adoptar esta conceptualizacin, y nos dice que, en cambio, el poder de normalizacin discurre a través del cuerpo social, no es en el sentido del “todo es poder”, ni de una identidad política subyacente a cualquier relacin social, ni, por ltimo, de suponer al poder como </P>

<P>3 Mecanismos que forman parte de lo que Michel Foucault denomin“poder capilar” (Foucault, 1980: 91113). </P>

<Sect>
<H5>Año I -Número 1 -Mayo-Agosto de 2010 -www.prometeica.com.ar </H5>

<P>a una especie de ejercicio auto-referencial4. Foucault niega que tal poder mismo yazca encerrado por unas fronteras que slo habría de saltar cuando “golpea”. Y lo niega en el sentido preciso de que, igual que el “individuo” externo a la socialidad es ficcin de la Economía Política, el “sujeto” exterior a ser políticamente impactado con violencia, coaccin, ideología o seduccin es una ficcin jurídica (es la ideología del Estado mismo pensando el poder, y anunciándose a la poblacin como si eso fuera meramente o principalmente5). Por ejemplo, el proceso de proletarizacin que afecta hoy en Turquía a las mujeres hilanderas de alfombras policromas y de tapices, podrá parecer a primera vista un Hecho econmico “puro y despiadado”: la produccin fabril se lleva al grueso de la demanda de esos productos y, sin el mercado mínimo indispensable que les procurase ingresos suficientes a la subsistencia familiar, esas mujeres abandonan su máquina doméstica para asalariarse en fábricas. Pero la visin economicista olvida que, si la burguesía ha llegado a detentar también los Medios de Produccin -y no tan slo el Capital dinerario y el comercial-, dando paso, así, a la época de la industria, ello acontecisobre una base política compuesta por procesos de sustraccin de tierras, de maquinaria doméstica, de herramientas, por procesos de internamiento formativo y de examen en Work Houses, así como por procesos de internamiento correctivo y nuevamente de examen en instituciones donde eran ingresados “Casos” procedentes de la calle (no asimilados por el nuevo sistema laboral) o procedentes de las Work Houses segn su diagnosis de seguimiento. Esas instituciones correctivas producían/examinaban/conocían/aplicaban tal saber a su actividad productiva /perfeccionaban el saber/re-examinaban... a esos proletarios habiéndolos identificado previamente y prosiguiendo con su descomposicin identitaria en pobres, refractarios, perversos, nios débiles, locos, alcohlicos, huérfanos, perdidas, adlteras, infantes anormales, necesitados, enfermos, inoperantes, negligentes conyugales, etc. Y tal proceso </P>

<P>4 “[…] no hay poder que se ejerza sin una serie de miras y objetivos” (Foucault, 2003: 115). </P>

<P>5 Porque a través de esa imagen de contra-fuerza respecto de una Libertad abstracta primordial, el poder es capaz de hacerse tolerar a pesar de todo, dado que es así concebido como “límite” o “encarrilamiento” que ignorar, que engaar, que desobedecer, del que desencadenarse con un acto de fuerza. Aun así, esta imagen no es una artimaa de embaucamiento sin más: el Estado slo pudo nacer en la historia sustentándose realmente sobre un poder vehiculado a través de formas y de figuras jurídicas. Los dos pies de sostenimiento fueron: 1. La unicidad de la Ley. 2. La pacificacin del territorio estatalizado. Para mayor detalle en relacin a la genealogía de esta forma de poder efectivamente cifrada en mecanismos jurídicos, Foucault, 2003: 105-111. </P>

<P>multiplicador, a su vez, suministraba el motivo para la gestacin de nuevos espacios de intervencin adecuada y de nuevos saberes especializados que, operando conjuntamente, producían nuevos Tipos de sujetos, refinaban las Tipologías existentes y multi-dimensionaban las identidades en una “complejidad de facetas”. Esta base política del Modo de Produccin estuvo integrada también por procesos de agrupacin urbana y vigilancia, y finalmente por procesos de ruptura de agregados, desmembracin de solidaridades de parentesco y comunitarias, y liquidacin de unidades domésticas que rebasaban el perímetro “familiar”. Slo así pudo haber, no solamente un proletariado, sino también el tránsito de las viejas clases pre-capitalistas -de que las familias hilanderas forman parte-hacia la cuerda floja de no poder competir con el Capital y así precipitarse hacia el proletariado. Pues no es que esos pequeos productores intenten competir en ventas “por vocacin”: es que ese conglomerado de procesos políticos de base ha hecho de su subsistencia una cuestin de tener que ingresar medios de cambio. Ese es el reverso inextricable -en el contexto de la pequea burguesía supervivente-respecto de la proletarizacin del grueso de la sociedad: ni los circuitos de reciprocidad, ni el intercambio mercantil pre-capitalista, garantizan la adquisicin de producto suficiente, y tampoco dan, al producto doméstico, una salida con que reunir dinero para acudir luego al mercado capitalista. No importa que, mientras continen siendo pequeos propietarios, esos productores permanezcan fuera de la relacin econmica Capital-explotacin: no hay sombra a la que guarecerse -no hay un aparte-; esos mismos procesos procesos histricos políticos que han atado a esas mujeres a una identidad objetiva precaria e inestable, conforman la infraestructura política de unas relaciones econmicas que las desplazan hacia la pertenencia a otra identidad objetiva, proletaria ahora. El aparato jurídico bien podrá legislar a estos sujetos lo intocable, advertirles, castigarles, surtirles de unos derechos y de unas libertades indispensables para el funcionamiento, en sociedad, de aquella identidad que esos sujetos son, nuclearmente y con arreglo a contextos cotidianos distintos. O bien podrá darles, al menos, garantías legisladas de que pueden intentar sobrevivir en la identidad real que esa infraestructura histrica política hizo de ellos ya antes de que nacieran, y garantías de que pueden legítimamente hacer méritos de entrada en otra identidad. Para toda esta habilitacin jurídica funcional del sujeto no van a </P>

<P>ahorrarse leyes de amparo, leyes reguladoras del crédito a familias, expertos, asistencia, abogados, fiscales y prisiones. Pero los sujetos mismos -su clase, su actividad concreta, debida a su posicin en la estructura de propiedad, y así su complejidad de facetas y dimensiones al atravesar etapas y condiciones-de-ser específicas- son el efecto de un poder. Veamos: </P>

<P>A pesar de que, obviamente, un hospital no es una prisin, ni una escuela es un psiquiátrico, ni un orfanato un hospital…, etc., en cuanto a las especies de sujetos –reales, objetivas-a que dan lugar, todas ellas coinciden en alojar unas técnicas comunes de poder, y por tanto en alojar un modo comn de generar conocimiento. Una empresa de telemarketing producirá trabajadores “honestos” disuadidos de “inventarse las llamadas” y con una eficiencia normalizada en la realizacin de encuestas por unidad de tiempo; una prisin bombeará a la calle con una intensidad rítmica y peridica normal a una “reserva” de desempleados, a lumpen, a policías, a infiltrados, etc.; un IES6, con sus tutorías de orientacin sexual y su CV7 de “Sexualidades y drogodependencias” producirá alternativamente homosexualidad y heterosexualidad; un “centro de retencin de inmigrantes” producirá un volumen de “acogidas” y de “denegaciones”8 acorde a las necesidades de una burguesía nacional, tanto en nmero como en ajuste de “perfiles” a la “capacidad econmica de integracin laboral”, es decir, a un uso utilitario de Fuerza de Trabajo; un psiquiátrico tenderá a hacer enfermar realmente a sus internos; etc. Pero las estrategias desplegadas9 efectivamente recorren esa </P>

<P>6 Instituto de Enseanza Secundaria. </P>

<P>7 Crédito Variable. </P>

<P>8 Crea, por tanto, “ilegales” hasta su deportacin, o “recién llegados” poseedores de “particularidades” o de “rasgos de diferencia” a conocer y con que operar, no necesariamente desde aquel paradigma integracionista demodé, sino ahora desde ideas basadas en la interculturalidad como recurso y fuerza sociales. En Catalua, sin ir más lejos, ha aflorado todo un surtido discursivo antropolgico, geográfico, demográfico, sociolgico, psicosocial, asistencial, de Relaciones Laborales…, a partir y alrededor de esa categoría de “nou vingut”. Tal aislamiento epistemolgico, que sirve de punto de arranque y de apoyo a saberes varios en cooperacin, en rivalidad y en discusin, es a su vez el producto humano de prácticas político-cognitivas anteriores: Política Econmica; políticas gubernamentales de migracin; reagrupacin y segregacin en el espacio urbano; legislacin específica en lo que se refiere a la relacin de la categoría con las “prestaciones sociales”; Etnografía e investigacin social en todo el mundo y circulacin de sus frutos textuales; etc., lo que da lugar a la fragmentacin de la categoría-matriz en nuevas categorías de sujetos sobre los que intervenir diferencialmente, y que son con ello elaborados y fijados a “sí mismos”. La demarcacin de sujetos acostumbra a ser, en el giro consecutivo mismo de la espiral poder-saber, hallazgo de otros sujetos y complejizacin de tipologías. </P>

<P>9 Un visionado sistemático de los sujetos y de sus evoluciones, una archivística de consulta poblada de casos, un régimen de castigos y recompensas, una prospectiva de peligrosidad o de potencial para cada caso o en relacin a situaciones generales posibles dentro del espacio de poder. </P>

<P>multiplicidad de “paisajes de existencia”. Y esas estrategias, aunque previas en la historia al Gobierno de la burguesía, fueron “hechas Estado” por tal clase, y reorganizadas en el mismo llenando a esa pluralidad de instituciones que pasaban a ser dirigidas por la nueva clase dominante. Esas mismas estrategias serían también aplicadas a instituciones inéditas. </P>

<P>El hecho de que parte del anarquismo presente confunda los conceptos filosficos de “esencia” y de “participacin fenoménica”10, y encima invoque en esto a Foucault, posee consecuencias nefastas para el planteamiento de modos de conocer integrados en el movimiento histrico que tiende a abolir las condiciones de existencia actuales (el planteamiento, por ejemplo, de una Antropología). Primero porque el Estado es desdibujado entonces en la más absoluta in-distincin (a partir de constatar su huella e influencia en ámbitos variopintos, se deduce errneamente que el Estado se ha transubstanciado “en todo”). El Estado emerge así como una Idea Espectral de la que liberarse cambiándose a uno mismo, disintiendo (sintiendo diferente11, pensando diferente), con cierta forma de entender la okupacin (buscándose otra vida), pasando del Estado, “desobedeciéndolo” –o creyéndolo así-civil o cívicamente. Segundo, porque cuando el Estado no “se nos revela” como vida entera, desde estas consideraciones emerge en tanto que un gigantesco molino, origen de todo Mal y cuya interrupcin desmantela per se toda voluntad y toda capacidad políticas. Y, de esta concepcin segunda, emanan dos postulados de expectativa errneos: 1º. Todo cambio en las relaciones sociales se fía a ser consecuencia mecánica del maana radiante de la gestin comn, en que no sean unos cuantos quienes administren la sociedad entera para beneficio de otros pocos. Y 2º. Si la destruccin del Estado en sí misma acaba con la política, no es preciso ejercer un poder organizado contra los partidarios de seguir conservando la posicin social que el Estado les garantizaba y, por tanto, partidarios de reconstituirlo. Pero sabemos que Foucault afirmque las relaciones de poder pueden aparecer y reaparecer desconcentradas poblando cualquier espacio decisivo para una racionalidad política que necesita tomar su funcionamiento, por ejemplo en la produccin, en los procedimientos, criterios y forma de distribucin, en la fuerza militar de clase o en los Consejos obreros mismos. </P>

<P>10 Es decir, el Ser del Estado, con su estar, su intervenir, sus presencias. </P>

<P>11 Este es justamente el significado etimolgico del término “disentimiento”. </P>

<P>Una tercera cuestin más o menos relacionada con las anteriores, corresponde al tpico –éste muy al uso en Etnografía, en la Antropología para el Desarrollo y del Desarrollo- segn el que Foucault habría postulado que el poder no lo tiene una clase y que, por tanto, la Teoría genuinamente marxista del Estado habla de éste en términos míticos o anacrnicos. De modo que estos investigadores rigen sus consideraciones metodolgicas y sus pasos en relacin con el objeto de estudio, su eleccin de variables, en el axioma de un Estado que no sería un cuerpo unitario con una racionalidad política -reproducir unas relaciones de clase-, y unos fines y funciones intrínsecos. Y que sería, por contra, un conjunto desarticulado de fragmentos burocráticos o tecnocráticos barriendo cada uno para su casa, intentando beneficiarse y sobrevivir, estableciendo alianzas y cooperaciones utilitarias entre sí y contra otras micro-estancias, etc. Foucault no postula un Estado sin una lgica objetiva más allá de lgicas subjetivas –éticas o utilitarias-propias de camarillas, sujetos y corporaciones de interés. Foucault dice que, contrariamente a modos anteriores de Estado, quienes funcionaron auto-anunciándose ruidosamente, el panoptismo sistemático y organizado que es el Estado burgués busca más bien su propia invisibilidad al tiempo que la visibilizacin y definicin (cognoscitiva y productiva, material) detalladas de los sujetos. La vocacin totalitaria de este modo de operar define un ejercicio interclasista del poder (por una legin filantrpica, honesta y cristiana de hormigas laboriosas operando con modestia y en el anonimato, a menudo con mucho más poder sobre los sujetos, del que poseen burgueses “de condicin” como un juez o el presidente del gobierno)12. Pero ello no significa que el Estado carezca él mismo de definicin por parte de una clase que produce la realidad necesaria a su orden de produccin. </P>

<P>II. El concepto de biopolítica en la médula del sistema foucaultiano de pensamiento en torno al poder: fragmentacin internacional de los procesos productivos, sumisin poblacional a nuevas identidades reales y atencin política a la diversidad cultural </P>

<P>12 “[…] ni la casta que gobierna, ni los grupos que controlan los aparatos del Estado, ni los que toman las decisiones econmicas más importantes administran el conjunto de la red de poder que funciona en una sociedad (y que la hace funcionar)”, (Foucault, 2003: 115). </P>

<P>Foucault es el ejemplo perfecto de cmo aquello que él llamaría Régimen de saber, neutraliza e incluso se beneficia de un pensamiento daino para el orden de cosas, no reprimiendo, silenciando o suprimiendo ese pensamiento, sino privilegiando su edicin, premiando y publicando ciertas formas de aplicacin, estimulando su popularidad académica y poniéndolo en todas las salsas. Como pascon los surrealistas, quienes abominaban el museo, la obra como centro de gravedad de la actividad artística, la separacin entre texto y contexto, la compensacin literaria de la fealdad real, y quienes acabaron siendo los reyes del museo e iconos de la “cultura de masas”. Como ocurricon los situacionistas, duplicados ellos mismos en su imagen espectacular por un Régimen de saber trivializador de sus conceptos tericos clave. Con Foucault se opera haciéndole pedazos para pasar a idolatrar cada fragmento desconectado. La clave es negar su unidad sistemática de pensamiento, aduciendo que no se le puede “etiquetar”; que no fue, contra otras clasificaciones, ni estructuralista ni postmoderno. Seguro que no, pero produjo un pensamiento. Se recuerda también, en desconexin, que él mismo decret“la muerte del autor”, y se le representa como a una especie de diletante, tan profundo y potente que donde se metía revolucionaba el modo de analizar la cuestin (una u otra). “Fue un todo-terreno”, repiten las clases magistrales y los libros de texto -el feminismo, los homosexuales, la antipsiquiatría, las relaciones laborales (cierta formacin empresarial o de Psicología para gestores y cuadros lo toma también como base), los inmigrantes, los movimientos de descolonizacin, las minorías “raciales”-, a quien análisis posteriores y tantos grupos sociales respectivamente tanto le deben. Perfecto: surc innumerables terrenos, pero fue un todo-terreno. Aplica cuestiones dispares –o dispares en apariencia-unos parámetros epistemolgicos, unos conceptos y una auto-consideracin13 en lo que se refiere a la intervencin política del terico. </P>

<P>Pongamos por caso su concepto de biopolítica. En su acepcin foucaultiana real, significa que la vida es el nutriente, el input de manufacturacin, la riqueza inseminadora, de la propia vida que el poder produce, y que esta vida política cuida, aseptiza, “descontamina”, sexualiza y fortalece por tanto a esa fuente de energía suya. Esta relacin global del poder </P>

<P>13 Una concepcin de las relaciones entre terico y grupo social. </P>

<P>con la vida se aprecia claramente en el modo de produccin actual del sujeto homosexual. Un contingente de psiclogos en las escuelas, de psicopedagogos, de sexlogos, de profesores, de educadores sexuales, en tutorías personalizadas y en asignaturas (créditos variables), operan no celebrando juicios represivos o aplicando terapias conductistas contra unas preferencias14, sino animando al chico o a la chica a “ser él mismo”, a “salir del armario”, a expresar aquello que es y a conocerse. Hablándole de sus especificidades psicolgicas, de sus tipos y grados de inteligencia o de sensibilidad diferenciales, de sus aptitudes e inclinaciones de aprendizaje, e incluso de unas probables llamadas interiores “suyas” respecto de profesin o de trabajo. Tratando de desentraar, de registrar y de estudiar unas etapas “características” de la “homosexualidad adolescente”, con unos estados de ánimo, una vida interior, unos modos de relacin. O de aplicar, a la dimensin orientativa de su tutoría, saber previamente elaborado sobre “la cuestin”. Al final el sujeto reaparece atado a su identidad lo más sana, utilitaria y aconflictivamente que sea posible, dotado de una psicología estimulada y solidificada por profesionales y que habría de pertenecerle por su “condicin”. Ya no será más un chico o una chica con gusto afectivo y aliciente atractivo hacia homnimos, y sencillamente con unas conductas, sino un “caso” al que se le ha hecho ver claro, y que reaparece soldado a “su sexualidad” e incluso explicado por ella. </P>

<P>El poder se comporta atravesando los datos de atraccin, de ternura, de excitacin, de cierta predileccin por contactar con otros cuerpos, y subsume a estos datos en la cuestin de “el sexo”. ¿Es éste el hecho bruto básico al que se puede reducir una multiplicidad de manifestaciones corporales, de sociabilidad, pulsionales, etc.?. ¿O es “el sexo” la lectura política de todo eso?. ¿Y qué significa esa lectura?; ¿a qué responde histricamente?. ¿A qué se debe que a partir de determinado momento la burguesía y sus estamentos médico y punitivo se formulen un planteamiento del siguiente tipo?: Se acabconsentir la represin de la carne y de su inquietud; ella es sexo. Segn se comporte el sujeto y lo indiquen una serie de signos (inconsciente, asociacin de ideas, presentacin </P>

<P>14 Como el condicionamiento negativo que médicos “soviéticos” suministraban, al aplicar descargas eléctricas sobre los genitales del sujeto tratado, simultáneas a la muestra de fotografías que contenían relaciones homosexuales o desnudeces coincidentes con el sexo del sujeto. Otra de las principales intervenciones consistía en la muestra de una fotografía de una mujer, acompaada de una inyeccin con substancia eufrica, que iba seguida de otra fotografía, de un hombre esta vez, con su “correspondiente” inyeccin aversiva (Foucault, 2000: 146). </P>

<P>corporal, relacin con el padre y la madre, uso del lenguaje…), ése es su sexo, y, </P>

<P>segn sea su sexo, eso es el sujeto. Y, más adelante, el planteamiento se verá </P>

<P>ampliado, admitiéndose que, eso que el sujeto sea, no importa qué, eso debe ser: </P>

<P>el sujeto debe ser él mismo. </P>

<P>En este sentido –la biopolítica-, dice Foucault que poder y libertad, </P>

<P>aunque acostumbran a ser vistos como antinomia, son en realidad una unidad </P>

<P>solidaria. La lgica ideal del poder de normalizacin es dar libertad a la </P>

<P>identidad15: asegurar su expresin, su reconocimiento y evitar su no-</P>

<P>funcionamiento (darle unos derechos) o su disfuncionalidad (proveer al grupo </P>

<P>de espacios y de momentos para la “comunalizacin” identitaria de rasgos, así </P>

<P>como para la emisin, hacia “el resto” del “universo plural”, de los valores de </P>

<P>uso propios16 o de mensajes en torno a esos valores de uso17). Esta lgica se </P>

<P>distingue muy bien en la configuracin capitalista actual de la divisin del </P>

<P>trabajo a escala planetaria (fragmentacin de los procesos agrícolas e </P>

<P>industriales). Contra cierta ideología que pinta la llamada “Globalizacin” como </P>

<P>aculturacin y homogeneizacin, el proyecto es justamente preservar una </P>

<P>disparidad identitaria y potenciar su expresin, darle foro, voz, autogestin. </P>

<P>Porque esta diversidad supone una riqueza preciada tanto (1º.) productiva </P>

<P>(técnicas ancestrales de produccin que incrementan el valor de cambio de la </P>

<P>mercancía o su vendibilidad; nuevas mercancías que slo se obtienen </P>

<P>15 Aunque esto no pueda realizarse completamente y ni siquiera mínimamente en muchos casos, dadas unas contradicciones intrínsecas a la realidad socioeconmica misma que produce esas cosificaciones objetivas y que tiene que amarrarlas a su seno en calidad de “diferencia”, “particularidad”, “grupo social”, “grupo de atencin”. </P>

<P>16 Prácticas, Instituciones sociales, modos de relacin, formas de conciencia, etc., tiles tanto 1. a la reproduccin del orden que articula al grupo social, como 2. a la articulacin del grupo mismo en el orden productivo mundial englobante, y tiles, en fin, 3. a otros “contextos sociales” de ese orden material “compartido”, receptores de esos valores de uso. En síntesis (1 &amp; 2 &amp; 3, no mera suma de las dimensiones), es la parte social dominante en ese orden material de la divisin, quien se beneficia de las utilidades social-reproductivas que presentan esos valores de uso extraídos, puestos en circulacin, puestos “en contexto”, etc., mediante esa exprimicin llamada “diálogo entre las culturas”, con las antropologías de su sello y propiedad, y con las prácticas discursivas en que ellas se funden. </P>

<P>17 Las antropologías dialgicas dentro del postmodernismo llegan para justificar epistemolgicamente esta necesidad capitalista de organizar la separacin social por clasificaciones csicas, tanto como para formalizar este proceso en el nivel de la teoría, y para ejecutarlo a través de determinados planteamientos a propsito de lo que habrían de ser formas admisibles y no admisibles de trabajo de campo. Tienen por ello que autodefinirse (y definir normativamente la práctica antropolgica), en términos de ser el escriba de auto-retratos –sumisin al hecho desde el subjetivismo. Por lo mismo, definen al antroplogo como catalizador de una construccin interactiva de la diferencia por los sujetos de estudio, por ejemplo a través de reforzar la comparticin de experiencia. Y en términos de contribuir a ganar espacios y momentos para la misma. También en términos de dar consistencia escrita y fuerza ante la Administracin a las auto-representaciones en pugna con las representaciones externas. Finalmente, en términos de ser canal de unas demandas de atencin –o de no injerencia administrativa-formuladas a partir de modos de autodefinirse vueltos tan visibles en la “arena política” como capaces (enpowerment). </P>

<P>protegiendo y alojando a esas técnicas esta vez en la fábrica); como (2º.) en la gestin de conflictos multiplicados por una precariedad e inacceso de recursos cada vez mayores (potenciacin del “Derecho” consuetudinario, identitarizacin folk de los cdigos jurídicos estatales); como (3º.) en el consumo (adopcin por las mercancías de una morfología culturalista y diversificacin productiva segn variables culturales definitorias de la demanda por mercados regionales: la mueca con shador, el mobiliario montable como metáfora de interculturalidad a la carta, té “oriental” en bolsitas exportado a Oriente Medio por empresas británicas); como (4º.) antídoto a la ruptura del equilibrio subsistencial (proyectos de activacin de redes de solidaridad a nivel de parentesco y de vecindario “étnico” o “multiétnico” entre los indígenas llegados a los suburbios y convertidos en proletarios urbanos); como (5º.) de cohesin social detrás de cada burguesía nacional (reivindicacin de una diferencia; de una grandeza pasada; de una cultura; de unos Mitos; de una prosperidad y un Bien Comn “precoloniales”18). Por eso, entre otros, el Frum de Barcelona. Presentar a las Antropologías dialgicas y a la mediacin antropolgica como formas disidentes de actuacin, depende de hacer triunfar la imagen del poder como un ciclpeo taponador, contenedor, represor de las identidades, contra el cual se erigiría –o habría de ser erigida-una Antropología para el desarrollo socio-cultural. A fin de redondear esta ltima premisa, regresemos al ejemplo de las productoras turcas de alfombra y tapiz tradicionales: La sujecin al mercado capitalista en lo que se refiere a adquirir producto subsistencial, y la determinacin a concurrir con su propio producto en el mercado capitalista a fin de obtener ingresos, son condiciones generalmente incompatibles con el valor de cambio que esas productoras pueden generar trabajando en su taller doméstico. Se ven forzadas, pues, a proletarizarse. Pero, evidentemente, ello no les garantiza su proletarizacin efectiva, sobre todo en un contexto de relativa libertad de circulacin de Fuerza de Trabajo tanto como de grandes posibilidades abiertas a la automatizacin y simplificacin de procesos. Si el Capital -y justamente el Capital de la alfombra y el tapiz, y no cualquier otro sector-las prefiere a ellas, eso se debe al Valor aadido que a la mercancía llega a través de sus saberes </P>

<P>18 Sin poder ejercido desde la divisin social y para la reproduccin de la misma (así intenta auto-sublimarse, ser inadvertido en su esencia), o de poder magnánimo y beneficioso que los nuevos gobernantes “propios”, vestidos polícromamente de tradicin y de “Pueblo”, estarían pretendiendo resucitar. </P>

<P>productivos tradicionales, de su hábito de produccin y paciente regularidad en tareas de tiempo largo, de su conocimiento en torno a las policromías, a los efectos de brillo tonal y a las texturas genuinas de uso campesino, a través de las características somáticas diferenciales de sus manos de mujer, etc. De modo que el Capital turco, en lugar de ponerse a competir en cantidad con el sudeste asiático, consigue posicionarse en una cuota de mercado específica y fidelizarla, gracias a la integracin industrial de procesos artesanales con los que, más que emular al producto original, se puede afirmar que lo consiguen (aunque los ritmos y condiciones de trabajo que pesan sobre estas mujeres indudablemente trastocan algo el producto). Hay, pues, comparativamente a otras técnicas de produccin con que este Capital compite, mayor densidad de trabajo (o gasto de Fuerza de Trabajo por unidad de tiempo) depositado en la mercancía resultante. Esa mercancía contiene, así mismo, mayor proporcin de Fuerza de Trabajo -y mayor importancia de ésta-con arreglo al papel que juegan las máquinas: no hay máquina que pueda lograr los acabados típicos de superficie con tonalidad ondulante segn sea peinado el hilo al pisar o al pasar la mano. Finalmente, esa Fuerza de Trabajo contiene mucho más valor que la del trabajador que simplemente activa y controla una máquina, pues mucho mayor ha sido el tiempo y el sustento necesarios para su formacin y para su perfeccionamiento de destreza, todo lo cual es transferido a la mercancía. Así que las industrias turcas pueden vender a un precio mucho más alto, al tiempo que diversifican la oferta con modalidades paralelas más baratas: las industrias turcas alcanzan siempre a medirse con su competencia, pero ésta ltima no las alcanza a ellas. Queda expuesto cmo en este caso -y en otros miles-la especificidad y la diversidad llamadas “culturales” son insertas en sí por el Capital en calidad de una Fuerza Productiva más. Sin embargo, esta operacin no pueden agenciarla por su propia mano, ni las organizaciones de empresarios ni los fríos tecncratas de Estado tradicionales. Esas mujeres van y vienen de la urbe a cada jornada laboral, o acaban por establecerse en ella, trayendo con ellas a marido, hijos, padres y otros parientes. Muchas de ellas hablan un turco “real”, rural, que preservgran cantidad de léxico y de expresiones árabes, allí donde la “renovacin” lingística kemalista llegdébil. Los recién llegados deben entender los cdigos escritos de su sujecin, en la empresa, en la urbe, ante la prensa, ante el trabajador de campo recolector de peticiones e identificador de puntos para la intervencin, ante las oficinas del Estado. Resulta funcional, también, la preservacin e incluso la recuperacin de mecanismos de origen -o viejos y ahora rescatados-en lo que respecta a la crianza, al cuidado y la rectificacin de la prole, a los itinerarios de ayuda, a las transferencias de producto y a la asistencia a la manutencin, etc. Todo esto deberá reaparecer, a su manera, en el suburbio de “acogida”. Para la fraccin más progresista -más acorde con las exigencias reales que sus tiempos le deparan-y más visionaria de la clase dominante internacional, se trata tanto de capitalizar el patrimonio socio-cultural y productivo humano, como de “multi-culturizar” los modos de intervencin política sobre los grupos humanos en proletarizacin, adoptando y centralizando estatalmente esos recursos de relacin averiguados, y al tiempo que la práctica y despliegue de estos recursos por “sus propios sujetos culturales” es estimulada y potenciada. El boom de las Antropologías dialgicas es el reflejo epistemolgico -financiado, enseado y becado, obviamente-de este nuevo marco de necesidades: la bisagra-star. Pero claro: movilizar a un material humano antropolgico -a menudo de disposicin netamente crítica- atrayéndolo hacia tales prácticas científicas cuya cosecha cognitiva recogerán y usarán también otros expertos, dependerá ineludiblemente de desenfocar la propia crítica. Dependerá de englobar los ojos de la crítica en aquella matriz ideolgica en torno al poder, que lo “distinga” a éste -y lo acuse, lo critique-como al adversario de la afirmacin, expresin, potenciacin y amparo de las divergencias y de las multiplicidades de identidad. Justamente porque el poder, en su racionalidad actual, no es ese adversario, sino, al revés, el paladín de las valorizaciones utilitarias y las contribuciones sobre bases de identidad. Auto-anunciarse como “adversario” y auto-ocultarse como “paladín” es la jugada maestra para encuadrar, al ánimo crítico y a los intereses de realizacin profesional, en el segundo polo de esa falsa dicotomía, siempre perteneciente al poder sea en una u otra racionalidad suya con arreglo a estadio histrico capitalista. </P>

<P>Esos sujetos atravesados por el proceso actual de diseminacin planetaria de unas u otras secuencias en la produccin de mercancías, justamente por eso mismo son fundados como identidad proletaria, con unos derechos de verdad – </P>

<P>o al menos inspirados por una intencin política verdadera-, como proletarios que son y que deben ser con el mínimo grado de disfuncionalidad identitaria posible. El despojado de todo salvo de su cuerpo productivizable necesita poder leer y escribir porque tiene que responder, como miembro de la sociedad civil, en su relacin con la Administracin (derecho a la educacin), igual que en un futuro deberá hacerlo su progenie; al proletario rural se necesita darle una salida mínima de subsistencia como Fuerza de Trabajo que es, velándose por que no sea extorsionado por cualquier burcrata corrupto cuando va a la ciudad a declarar impuestos; igualmente, los campesinos indígenas no proletarizados – que antes vendían fuera de relaciones capitalistas19-, pero que ahora necesitan dar salida mercantil urbana a sus cosechas porque están compitiendo con otras Unidades productivas, son sujetos que quiebran, y con ellos el sostén econmico y presupuestario de la acumulacin de Capital, si quedan expuestos al abuso de poder de tal o cual individuo. En todos estos casos, la burguesía como totalidad de clase –el Estado-se protege a sí misma tratando de garantizar a la cosificacin humana su participacin equilibrada en las relaciones sociales, en su lugar correspondiente, contra excesos individuales de tal o cual burgués o administrador. </P>

<P>Lo importante del análisis foucaultiano de las identidades, contra lo que suponen y practican ciertas antropologías “disidentes”, no es que las identidades sean ideología, o “discurso”20, que el poder formula y que son admitidas e interiorizadas como auto-pensarse y como experiencia de sí –subjetividad-, “tomando cuerpo” (embodiment)21. Identidades a pesar de todo negociables, redefinibles, transgresibles (identidad como performance). Eso es una verdad </P>

<P>19 Vendiendo sus productos, conseguían dinero para adquirir otras mercancías. </P>

<P>20 En una acepcin de lenguaje o relato, nada foucaultiana, por cierto. Conviene recordar aquí cmo no emplea Foucault el término: “discurso”, ni es la palabra que el poder inventa a fin de persuadir a ver con sus ojos, ni es tampoco una potestad que el poder se auto-arrogaría en monopolio, relativa a mostrar, mediante el habla, una realidad prohibida, censurada, estigmatizada, por el acto mismo de referirse a la realidad como aquello que no debería ser o que debe cesar. “Discurso” es en Foucault, por el contrario, una latencia siempre adscrita a la realidad; realidad ciertamente no externa o contrapuesta en substancia al poder, sino consubstancial a éste. Pero tampoco producida fundamentalmente mediante la representacin, sino mediante prácticas materiales, lugares contenedores de relaciones objetivas que la afectan, y fijaciones situativas que provocan modificaciones en la realidad y su insercin en una historia “propia”. Un modo concreto de politizacin de una realidad, aconteciendo en un momento preciso de esa “historia”, estudia a aquélla, pero también la suscita, la provoca a manifestarse y a actuar, la estimula a auto-exponerse, a hablar de sí. El resultado de todo ello es discurso. </P>

<P>21 Concepto clave en los análisis de Judith Butler, pero en cualquier caso tremendamente recurrido; ocurre con él algo así como llega ocurrir con la moda de referirse a “discurso” e incluso reducir todo al mismo o explicarlo todo desde el mismo. Ello desde su mal-comprensin idealista tomándolo como lenguaje o visin en desconexin a su marco formativo, y que actores e instituciones incorporarían definiendo –con actos y con una comprensin idealmente determinada-la realidad a partir de esa especie de “Ontología lingística”. </P>

<P>superficial22. </P>

<P>La grandeza de la aplicacin de Foucault a la Antropología para la articulacin de disidencias es justamente el ejercicio contrario a la visin postmoderna: constatar que la ideología –la (auto)credulidad, la representacin, el “discurso”, el lenguaje-es el ltimo eco del proceso material subyacente: de cmo y de para qué los cuerpos son políticamente objetualizados tanto en espacios distintos23, como por normativas, derechos y libertades mltiples, que validan a los cuerpos como cosificaciones humanas concretas y como a tales los protegen. </P>

<P>El tipo de loco producido por los psiquiátricos no es una etiqueta ni una autosugestin (una adopcin de rol, como postulaba C. De La Campagne24): es el resultado objetivo de unas prácticas políticas25. Ha sido terapeutizado y producido a nivel neuroquímico y sináptico, de modo que la base material de su adopcin y su adquisicin de ideas, de emociones y formas de tomarse la realidad, se halla configurada no al nivel de la conciencia, o de la ideología, sino al de sus condiciones orgánicas de posibilidad. También es un autista de la razn, o tiende a volverse así: es “irrazonable”, sin sentido de la realidad, porque está realmente alienado de ella; vive en sí mismo; en su propio reducto, y se pudre en esa falta de contacto y esa ignorancia correlativa. </P>

<P>El nio infantilizado por la escuela no es una performance y– literalmente-no tiene nada que afirmar y redefinir en ese espacio. No ha sido apartado, alienado, privado de “sí mismo”, privado de un ejercicio de autodefinicin. Sencillamente, jamás ha estado inmerso en las relaciones sociales que pudieran haber hecho de él un nio –radicalmente de otra especie-</P>

<P>Menudo descubrimiento hacen estas “Nuevas Antropologías” de la performance... Desde el Renacimiento se acabla idea de un Mundo y un “Hombre” definidos por dios, inalterables salvo por “su voluntad” (Providencia) y cuyas bases substanciales de funcionamiento son inaccesibles (Dogmas de Fe, Misterios, Doctrina). El Renacimiento es el nacimiento del sujeto de conocimiento. Ya se sabe que, cuando conocemos y creemos aquello conocido, estamos en un ejercicio de autocredulidad; de creernos al narrador que somos hacia nosotros mismos. </P>

<P>23 Mediante disciplinas: vigilancia jerárquica, sancin normalizadora, examen. Mediante ajustes a unos estándares de capacitacin, de habilidades y de rendimientos. Mediante dispositivos de aislamiento y de estimulacin regulada de las relaciones en el espacio compartido. Mediante una mecánica de optimizacin utilitaria de posturas, movimientos, rutinas corporales. </P>

<P>24 De La Campagne, 1997: 58. </P>

<P>25 Por tanto, tampoco se trata fundamentalmente de un “personaje” confeccionado por el propio actor que decide encarnarlo como nico medio de adjudicarse una identidad reconocida y por tanto atendida, huyendo, a través de la “accin dramatrgica”, del horror vacui de la propia disolucin. Veáse este “goffmanianismo” de fondo, por ejemplo, en Butler, J. Performative acts and gender constitution. En: The Routledgefalmer Reader in Gender &amp; Education. Volume 1, Part 3 July 2006, páginas 61-71. </P>

<P>en un mundo sin “adultos” y sin “nios”. No participa de las decisiones en la unidad doméstica, no participa de la gestin de los recursos y problemas de su entorno inmediato, no propone actividades y contenidos que lo vinculen al “mundo adulto” de por ejemplo su barrio, no debe escuchar de política, no entiende del mundo, tiene sus programas infantiles. Esa identidad real producida, de la fantasía, la imaginacin, el egocentrismo, el ocio, el aprendizaje y la inocencia, dispondrá de un Día Mundial establecido por la ONU. Freud analizlos modos de sexualidad en la pre-pubertad. Determinada antropología postmoderna hará la crítica de Freud y, sustentándose presuntamente en Foucault, denunciará el sexo reprimido de la niez. Como si pudiera existir un inconsciente pulsional “adulto” no socializado –reprimido-, fuera de la subjetividad adulta. Estos críticos “de ltima generacin” van por detrás de Freud: toman el Ello como una reserva animal, en lugar de verlo como producto de su dialéctica con la totalidad identitaria26. </P>

<P>Un proletario rural es un proletario rural: es la subjetividad resultante de la alienacin de los Medios de Produccin y de los medios de vida, y de su formacin para poder “ir por la vida” como tal. Es la identidad que actualmente están produciendo los procesos interdependientes de capitalizacin de la tierra y de dislocacin, en redes fabriles mundiales, de Unidades productivas antes concentradas. No tiene, como identidad proletaria, nada que afirmar, que auto-recalificar o que negociar; “solamente cadenas que perder”. Si disiente de los procesos de habilitacin en que la burguesía lo inserta, será un proletario igual, slo que productivamente deficitario y por ello en desempleo, o sin capacidad de manejarse cuando viaje a la capital en su deber de registrarse y de relacionarse con el Estado. Impermeable a la ideología dominante escrita en prensa y libros, y también impermeable a las lecciones y aprendizaje histrico de clase, escritas y editadas. Si no disiente de su formacin como identidad tendrá mejor </P>

<P>26 Preciosa la reflexin de Foucault en una entrevista de antología con Bernard Henry-Levi (Foucault, 2000: 154-155): </P>

<P>Se dice generalmente: la vida de los nios es su vida sexual. Desde el bibern hasta la pubertad slo se trata de eso. Tras el deseo de aprender a leer o la aficin a los dibujos animados se esconde la sexualidad. Ahora bien, ¿cree usted que este tipo de discurso es efectivamente liberador?. ¿No contribuirá a encerrar a los nios en una especie de insularidad sexual?. ¿Y si todo eso les importase un comino, después de todo?. ¿Y si la libertad de no ser adulto consistiese precisamente en no estar sujeto a la ley, al principio, al lugar comn, tan aburrido a la postre, de la sexualidad?. ¿No sería acaso la infancia la posibilidad de establecer relaciones polimorfas con las cosas, las personas, los cuerpos?. […] Lea usted el libro de Schérer y Hocquenghem, que demuestra bien claramente que el nio tiene un régimen de placer para el que la cuadrícula del “sexo” constituye una auténtica prisin. </P>

<P>garantizada la supervivencia en su condicin miserable, y estará más </P>

<P>férreamente atado a esa condicin. Si reivindica y participa en el amparo </P>

<P>político de “sus” recursos e Instituciones “culturales”, practicará su medicina </P>

<P>autctona, sus mecanismos punitivos y jurídicos autctonos, sus sistemas </P>

<P>tradicionales de redistribucin de subsistencias coordinados esta vez por </P>

<P>mediadores en los casales de los tugurios. Y con todo ello librará al Estado de </P>

<P>parte de su carga en la funcin de reproductor de las relaciones entre las clases. </P>

<P>En este panorama totalitario, no existe disidencia tal y como podemos </P>

<P>idealizarla. Tan slo la necesidad proletaria de hacerse pedazos como </P>

<P>cosificacin histrica, negando aquella privacin material que define a esta </P>

<P>ltima. </P>

<P>III. Nueva Acumulacin de proletariado, y habilitacin de éste para </P>

<P>su funcionamiento en contextos sociales varios. Planteamiento de </P>

<P>posibles líneas antropolgicas de estudio y disidencia, a partir de un </P>
</Sect>
</Part>

<Part>
<H4>Michel Foucault des-postmodernizado </H4>

<P>Si nos proponemos abordar disidencias27 desde la Antropología, y hacerlo </P>

<P>desde una perspectiva que sea, ella misma, disidente28, debemos empezar </P>

<P>asumiendo el compromiso por distinguir las solidaridades entre ejercicio del </P>

<P>poder, y requisitos, retos y problemáticas de la produccin capitalista en este </P>

<P>27 Con ellas me estoy refiriendo a las obstrucciones, cortocircuitos, imposibilitacin funcional, que los objetos de poder interponen -o se plantean trazar-frente al despliegue de la maquinaria política que opera regularizando su existencia a modo de cosificaciones reales. No cabe, por tanto, en el concepto que manejo, la disidencia concebida como auto-vivencia, auto-experiencia, auto-definicin, auto-comprensin, auto-afirmacin, potenciacin “de grupo”, empoderamiento…, en esa clave identitaria. Esas operaciones para la auto-fijacin objetiva, curiosamente siempre se despliegan acompaándose de un “lado subjetivista” de las luchas, centradas las ltimas en el plano de la redefinicin de la “visin social” frente a las imágenes formuladas por la ideología dominante, o en el plano de la asuncin de parte de lo dicho en esas imágenes al tiempo que recalificando su valor, sus connotaciones, etc. </P>

<P>28 Una Antropología que describa y analice cmo, a pesar de la mistificacin de los sujetos a modo de identificacin –dialgica: como generacin, acumulacin y uso de conocimiento científico, y como auto-asuncin de aquellas categorías en que nos divide el orden de la produccin-, existen tendencias a auto-reconocerse en el Ser social comn de clase. Y por tanto, a trazar relaciones desde una nueva perspectiva: derribar la racionalidad econmica que ordena a todos los identificados en esas opresiones y precariedades “particulares” de cada uno. Una antropología, así, antagnica a aquellas postmodernas que no slo reproducen mecánicamente en el nivel textual esas reificaciones identitarias, sino que las estimulan constantemente a actuar como sí mismas a la vez que las procuran espacios o “intersticios” donde emplazar su solidificacin. Se da así por sentado, 1º. Que la auto-asuncin dentro de los parámetros exclusivos del hecho fenoménico identitario no es ella misma representacin que oculta participaciones más profundas en un Ser social compartido que trasciende a ese hecho…, y 2º. Que el Antroplogo que no se limita a “evocar” –quien no se somete postmodernamente al hecho subjetivo contado-, está ya representando desde un “afuera”, cuando esa “foraneidad” meramente fenoménica a lo mejor les está importando “un pimiento” a quienes pueden estar usando el marco de la dinámica etnográfica para establecer posicionamientos y luchas desde el Ser social compartido con el Antroplogo. </P>

<P>contexto transitivo desde el mercado-Tierra a la fábrica-Tierra. Ello empieza por identificar el pensamiento de Foucault como un constante dar cuenta del entrelazamiento complejo entre tres variables: 1ª. Prácticas, dispositivos, procedimientos de poder; 2ª. Racionalidad política (para qué se ejerce poder; qué persigue éste); 3ª. Racionalidad de la Economía (mantener la vida distintiva de una clase dominante, como por ejemplo en el Feudalismo; desarrollar constantemente los Medios de Produccin necesarios para poder ganar la guerra de mercados a la competencia y absorberla o destruirla, en el capitalismo). Esta Antropología debe tener en cuenta aquello que Foucault llamla “espiral poder-saber”; tiene que conocer también cmo otras Antropologías están conociendo a estas identidades inscritas a las Relaciones de Produccin, y la manera en que ese saber circula hacia otros estamentos especialistas y se reinyecta en el espacio de poder del que ha emanado, marcando directrices de ejercicio político. Debe ser una Antropología que analice cmo, en qué espacios, con qué tecnologías –igual que la Acumulacin británica tuvo sus workhouses y sus slums y la estaliniana sus gulag, koljoses y sovjoses-, está teniendo lugar esta nueva Acumulacin primitiva del proletariado sin la cual la Acumulacin de Capital no sirve de nada, porque no asegura rendimientos competitivos. Y, por eso mismo, tiene que explicar qué identidades objetivas se generan: </P>

<P>De cooperativista que se auto-explota; que autogestiona una parcela y aumenta así la productividad y la capacidad estatal de recaudacin y reinversin. A quien se le reconoce como un dato pintoresco y entraable sus conocimientos ancestrales sobre momentos estacionales de plantacin y mejoramiento de las cosechas, o su capacidad de anticipar cultivos más o menos propicios segn su previsin de la pluviosidad ese ao a partir de los signos que lee en la naturaleza. Pero a quien es necesario suministrarle “conocimientos serios” porque se trata de normalizar su trabajo en unos estándares productivos. Conocimiento de modos de roturacin, manejo de Medios de Produccin, uso de fertilizantes, informacin de la eleccin correcta del monocultivo segn rentabilidad de mercado y salida internacional. Por ello, ingenieros agrnomos, misiones pedaggicas al campo, ONGs, técnicos en aprovechamiento de aguas. </P>

<P>De ciudadano con voz y voto en planes de desarrollo, en dotacin de recursos, en planes de higiene, potabilizacin, autocontrol y control sanitario del vecindario. </P>

<P>De para-policía allí donde la policía no se atreve o no se arriesga a operar. </P>

<P>De soldado que en el cuartel es producido como “indígena”, y a quien le “recuerdan” antepasados y se le vincula con batallas, se le da un enemigo, se le atribuye una diferencia, un orgullo, un victimismo “nacional” frente a poderes siempre “extranjeros”, etc. </P>

<P>De refugiado, de socorrido, que debe deponer las armas si quiere ser nutrido por los directores de los campos de concentracin (ONGs, FAO, Cascos Azules, OTAN). </P>

<P>De estudiante expuesto a un cambio de orientacin en el suministro de conocimientos (por ejemplo, tránsito desde la historia de las élites y del proceso de “civilizacin”, “educacin” y “modernizacin” del “pueblo”, hacia una historia en claves culturalista, indigenista, etc.). </P>

<P>En fin, una Antropología que analice cmo se configura la réplica jurídica de estas figuras humanas emergentes; a qué derechos quedan adscritas, no como “ideología” (falsedad esencial del enunciamiento del derecho), sino como necesidad funcional. </P>

<P>Una Antropología de las disidencias con atencin real a Foucault debería centrarse también en ver la afectacin, respecto de la permisividad relativa de usufructo en el campo, respecto de la ocupacin de parcelas, respecto de los pequeos hurtos de cosecha, por parte del proceso de subyugacin progresiva de las élites locales rentistas a la burguesía autctona o a otras burguesías nacionales más fuertes. Es decir, sería interesante etnografiar de qué manera a medida que la capitalizacin de la tierra llega a través de expropiaciones, reformas agrarias, reparticiones, etc., ello da paso a una aplicacin punitiva real de las leyes privativas de la propiedad. Y debería ser analizado cmo el fin de la permisividad de facto en relacin a unas apropiaciones de producto y de tierra, </P>

<P>o en relacin a un nomadismo al cobijo de una y otra tierra, es el reflejo jurídico de un cambio de racionalidad productiva: la tierra, de ser fuente de Renta, pasando a ser Factor de Produccin de Capital, lo que dictamina el cerco a los desvíos de producto y de terrenos, a la vez que el ocupante y el vagabundo deben ser proletarizados, siendo el fin de su liminalidad. </P>

<P>En lo que se refiere a los éxodos rurales y traslados de poblacin, no verlos como un movimiento apolítico, y que se resuelve y se concreta slo o fundamentalmente por la fuerza automática de la miseria que se instala en otro lugar donde intentar sobrevivir. Tampoco evaluarlos desde el apriorismo de una burguesía desentendida, centrada en la Economía, de modo que dejara hacer a un proletariado que va amontonándose amorfamente en espacios donde construir sus chabolas y casas, mientras la burguesía se complace viendo “el propicio curso de los acontecimientos” y maximizando su ahorro mediante un absentismo inversionista en la miseria. Ver estas reubicaciones, por el contrario, como procesos políticos activos. Primero, como organizacin política del territorio, con sus fronteras, sus enrejados, sus cámaras, sus respiraderos y reglamentacin de las distancias entre viviendas, proscripcin de materiales, etc. Segundo, como policía de las relaciones, que las segmenta y las agrega a partir de imperativos de salud pblica; de imperativos de eliminacin de costumbres disfuncionales al mantenimiento familiar (frecuentacin de tabernas, juego, apuestas); de imperativos de control o impedimento de circunstancias proclives a la comunicacin y a la adquisicin de conciencia de clase por identificacin mutua en base a experiencias compartidas, a reclamos de ayuda y solidaridad; etc. Así, ver cmo el control sobre la arquitectura de las viviendas hace inviable materialmente el mantenimiento urbano de los modelos campesinos de convivencia transparenteral en una sola unidad doméstica, y cmo las alternativas propiciadas por organizaciones para la cooperacin y el desarrollo, las casas baratas, Arquitectos sin Fronteras, etc., se muestran funcionales a imperativos de nuclearizacin familiar. Analizar, en este sentido, cmo la nuclearizacin familiar y la reserva del rol de padres sociales (mantenimiento, crianza, educacin) exclusivamente a los progenitores biolgicos, pasa por asegurar la responsabilidad del proletario en el gasto del salario, la vida ordenada de éste, su descanso, su cuidado doméstico, su recogimiento que lo aleje de relaciones con otros proletarios y por tanto de desarrollar camaraderías. Distinguir antropolgicamente, como reverso simétrico del proceso, la produccin de nuevas figuras de mujer29, su blindaje y proteccin jurídica (el reconocimiento de sus derechos, de las obligaciones del marido, etc.), el papel del Estado como promotor de concienciacin mediática e in situ (campaas de reparticin de folletos, charlas, etc., en esas áreas de la </P>

<P>29 La prescripcin de sus “responsabilidades”, de su maternidad, de sus “auto-exigencias” para su “auto-realizacin”; la atribucin de tener una “sensibilidad diferencial” para la crianza y la proteccin; etc. </P>

<P>urbe), sin olvidar la funcin objetiva que en la produccin de esta identidad tienen ciertas Antropologías y grupos de presin. Obsérvese y analícese también la forma que tiene la burguesía, desde sus altavoces mediáticos y a través de sus agentes “sociales”, de dirigirse a las mujeres ex-campesinas cuyas economías de procedencia han sido presionadas y arruinadas, y que han sido así arrojadas a las urbes a su proletarizacin fabril y tallerista. Contándoles a ellas -y a la “opinin pblica”-su condicin social en términos de “igualdad” y de “derechos”, trata de rebajar el potencial reivindicativo e incluso de crear “nocin” de la fortuna que se tendría por “beneficiarse del avance”, procurándole ptimos de exigibilidad al explotador y “estabilidad empresarial”. Todo ello significa, transmutar en Antropología, eso que entiendo por axioma sintetizador del pensamiento foucaultiano en relacin al poder: hay una produccin política del orden productivo y una ordenacin del ejercicio del poder desde la racionalidad productiva. </P>

<P>En síntesis, no reproducir tan slo ni fundamentalmente el tipo de crítica que practicEngels en La situacin de la clase obrera en Inglaterra: una descripcin profundísima de la inhumanidad del slum y de las condiciones de existencia que alojaba. Investigar, por contra, desde la consciencia de la interdependencia existente entre condicin proletaria y el cuidado político que se le presta a esta condicin. Cuidado que tiene por fin reproducir la Fuerza de Trabajo en condiciones mínimas de fortaleza (valga la aparente redundancia) y evitar su anulacin por endemia, su lumpenproletarizacin masiva, la creacin de economías de ghetto paralelas al salariado, el abandono de la identidad proletaria por inviabilidad de supervivencia como tal y la desercin hacia identidades extralegales que restan al Capital su fuente de adicin de valor. </P>

<P>Si el compromiso político de nuestra Antropología va más allá de difundir la realidad investigada y teorizada; si nuestra Antropología quiere consagrarse a idear y a practicar, con los sujetos, mecanismos de resistencia a la identitarizacin y puesta en funcionamiento de estos, entonces no debemos caer en la siguiente trampa. La de creernos el estereotipo que designa a Foucault como un negador del sujeto (decretador de su fin), quien habría visto la posibilidad de luchas reactivas, pero no la posibilidad de dotarlas de una teoría que diera a estas luchas la capacidad de encarnar alternativas de vida. En realidad, sí pensen la capacidad de esas luchas para cortocircuitar el funcionamiento de la institucin o del espacio albergador de relaciones de poder específicas –para subvertir las relaciones de poder. Pero piensa, al mismo tiempo, que ni la metodología de resistencia en su conjunto ni las alternativas vitales a ensayar o a buscar, pueden ser propuestas por el intelectual. Han de serlo por los sujetos “vividores”, quienes detentarían una posicin epistemolgica privilegiada. En síntesis, si él se niega expresamente a asumir la funcin de proponer recetas, ello no se debe a una incredulidad suya del sujeto, sino a todo lo contrario: ve la dialéctica negativa inherente a la produccin política de los sujetos, de modo que un intelectual “faro” slo podría estar distorsionando un proceso de constitucin de respuesta organizada que va siendo configurado por las relaciones de poder mismas. Luego, no es un “weberiano extremista” que hubiera cargado las tintas de los conceptos de “racionalizacin de la vida” y de “jaula de hierro”, a diferencia de cmo lo representan no pocos de sus comentaristas y supuestos empleadores. </P>

<P>Donna Haraway ha contextualizado esta “auto-restriccin” en las funciones del intelectual, en su concepto de “conocimiento situativo” (Haraway, 1978). De su vida, atravesada por unas prácticas de poder concretas, por una racionalidad política que los toma y por un contexto espacial de su propia produccin, extraen los sujetos el estímulo de conocer “desde su interés subjetivo por ello” y de actuar, así como unas oportunidades ventajosas de relacin, de comunicacin, de adquisicin de lecciones y por tanto de fortalecimiento, de identificacin y de proyeccin práctica como grupo. El pensador o el Antroplogo pasa a ser un analista, un expositor sistemático de la situacin, por ello clarificador, y un participante en la accin, pero no un director experto en las luchas de los demás. En esa clave intervino Foucault en luchas anti-psiquiátricas, con el GIP (Grupo de Informacin sobre Prisiones) o contra la supervisin de personas inmigrantes, pongamos por ejemplo. </P>

<P>Si pretendemos una Antropología que aborde los procesos educativos en conexin con el actual despliegue industrial que coloca pedazos de la produccin en uno y otro territorio segn criterios de especializacin poblacional selectiva para ganar productividad, abaratar costes, habilitar mercados asalariando a poblacin antes sin ingreso dinerario constante, etc., entonces servirnos de Foucault implica lo siguiente. Analizar la expansin de instituciones educativas, la implementacin de proyectos formativos, la accin de organismos internacionales, de la cooperacin al desarrollo, las campaas televisivas de recaudacin para la apertura de escuelas, el reclutamiento de voluntariado educativo, la exportacin de modelos educativos cívicos y para la ciudadanía adaptados a viejos urbanitas, o a nuevos llegados portadores de referentes rurales, y, sobre todo, la Escuela Nacional. Y analizar este entramado no como uno de los aparatos ideolgicos de Estado (Althusser, 1970), destinado a producir una masa adscrita a una serie de valores correlativos al aparato de produccin30. Tampoco como un aparato ideolgico de Estado destinado a procurar cohesin entre las clases (aprendizaje de una historia “comn”, de unos descubrimientos científicos y técnicos de trascendencia “comn” para el Bienestar “comn”, para “la Humanidad…”; silenciamiento y tergiversacin del pasado de clase, su experiencia, sus luchas, sus lecciones, sus instituciones pasadas erigidas fuera del Estado y contra él). Tampoco analizarlo como una declaracin de derechos vacua e hipcrita, sin interés real de aplicacin, en contraste con una voluntad real, más allá de la propaganda, en someter a las masas a la ignorancia, a la manipulabilidad que el analfabetismo aseguraría, etc. Y sí analizar esta expansin como un proceso no fundamentalmente homogeneizador de los sujetos en una “masa”, sino individualizante; un proceso donde el estudiante –cada uno in situ, y no slo como figura genérica-es constantemente estudiado a fin de saber quién es él –ése en concreto-, qué facilidades posee, cuál es su potencial, qué se puede esperar de él y hacia dnde orientar su adiestramiento segn una especie de esencia latente suya identificada, procurando darle la libertad de ser “él mismo”. También hay que analizar cmo se dan los procesos formativos en la fábrica misma y en escuelas técnicas destinadas a producir Cuadros, ligando la vigencia de estos procesos formativos al hecho de que la actual descomposicin territorial de los procesos industriales31 requiere dispositivos provisores de versatilidad y de reciclabilidad de los obreros. Ello porque, segn altibajos de rentabilidad, traslados inversionistas desde sectores productivos en declive a sectores que se mantienen a flote todavía, fuga de capitales, absorcin de unas empresas por otras y substitucin de unas plantas fabriles por otras, quien produce hoy un fragmento </P>

<P>30 Esfuerzo, jerarquía, resultados, cultura, conocimientos, propiedad, pautacin horaria de actividades, competencia entre alumnos, progresin individual y contribucin de ella al Progreso “social”, concentracin, constancia, planificacin de un calendario, puntualidad, etc. </P>

<P>31 Y, más radicalmente, el desarrollo en la Divisin del Trabajo que esta descomposicin refleja. </P>

<P>de la mercancía total maana produce otro, o interviene en una operacin </P>

<P>técnica distinta. </P>
</Part>

<Part>
<H4>IV. Volver a afilar la crítica foucaultiana, superando sus </H4>

<P>interpretaciones idealistas, es ser capaz de registrar las Variables en </P>
</Part>

<Part>
<H4>cuya relacin Foucault fundamentsu análisis del poder</H4>

<P>   He dicho anteriormente que Foucault acostumbra a ser tratado como </P>

<P>relativista, quien dijera que, por ejemplo, cordura y locura son aquello que luego </P>

<P>otros han llamado performance: “discurso” y escenificacin admitidos, rigiendo </P>

<P>prácticas de poder y sus instituciones. Bien teniendo detrás un interés </P>

<P>maquiavélico del poder mismo en dominar las mentes y las experiencias de las </P>

<P>personas con sus propias demarcaciones y antinomias (locura/cordura), bien </P>

<P>teniendo detrás, por fuente de inspiracin, a variables poco estratégicas como </P>

<P>unas concepciones compartidas, una “cultura”, una “civilizacin”, un </P>

<P>imaginario, etc. Este nihilismo transfigurando copernicanamente a Foucault es </P>

<P>la mejor herramienta para mellar su filo auténticamente crítico, porque, si </P>

<P>cualquier criterio de distincin entre realidades vale lo mismo32, entonces la </P>

<P>disidencia parece deber consistir en no jugar a ese juego, descreer, pasar33. Pero </P>

<P>las realidades continan existiendo y marcándoles la ruta a nuestras vidas, sin </P>

<P>que movilicemos en ese caso voluntad alguna de re-conocer estas realidades y </P>

<P>de re-tomar la realidad en su conjunto. </P>

<P>32 E incluso crea a estas realidades por entero; slo hay criterio, no siendo éstas más que “experiencia sensible”, “experiencia reflexiva”, “experiencia de sí”. No hay realidad; slo conciencia. </P>

<P>33 Por ejemplo, si las asociaciones y contraposiciones actuales dominantes entre salud mental, locura, cordura y enfermedad mental, son meras estrategias que el “enfermo” in-corpora –tal y como cierto postmodernismo define la cuestin-, en ese caso para qué ponerse a analizar estas cuatro variables, y las asociaciones y parentescos trazables entre ellas, desde una perspectiva radicalmente distinta. Si se da por descontado que no hay Ser –sino slo vivencia de la clasificacin-, con un análisis tal no estaríamos más que emprendiendo un “ejercicio totalizante” y “jugando al poder”. La teoría debería supuestamente centrarse, por el contrario, en dar premisas y ofrecer tablas auto-evaluativas al “etiquetado” contribuyendo a que éste abandone una experiencia de sí sufriente, turbulenta y hasta dramática, a medida que “subvierta” la nocin de “problema” a partir de la cual el poder médico está induciéndole a sentir-se. ¿Pero, es esa categoría de “ficcin desproblematizable” el ncleo del asunto?. ¿O, junto a una ideología dominante de “lo sano”, “lo cuerdo”, “lo inadecuado”, “lo enfermo”, “lo inmaduro”, “lo inestable”, etc., el orden de produccin capitalista está efectivamente produciendo enfermedad mental no importa si se la observa –o justamente más an si se la observa-desde unos valores radicalmente distintos en torno a “lo razonable”, “lo sano”, “lo desacomplejado”, etc.?. ¿Y los sujetos sufrientes e institucionalizados, terapeutizados, etc.?; ¿se trata en su caso meramente de ayudarles a “invertir su experiencia” a liberarse de los “parámetros de performatividad en que están atrapados”?. ¿O son ellos los correlatos subjetivos de su Ser social objetivo, resultado de padecer una violencia hacia la mente inscrita a sus condiciones de existencia, igual que otros sujetos –o ellos mismos-llevan consigo el padecimiento de otros tipos de miseria, como la material, la laboral, la relacional, la ideolgica, etc.?. </P>

<P>A estos ontlogos lingísticos de la realidad asimilada a “subjetividad conforme o disconforme con las narraciones existentes, y con capacidad de narrar alternativamente”, poco les importa –o nada saben de-que Foucault llama “puesta en discurso” a la emergencia de una cuestin, de una potencialidad a controlar o a suscitar, de un proyecto o de un grupo social, en la agenda del poder, lo que se traduce en una labor de visibilizacin y, por ende, de produccin de conocimiento. Conocimiento que se constituye en el seno de una política, y que regresa a ella para ser empleado, siendo, por estas operaciones de aplicacin científica y técnica, producidos tipos de sujetos –o fijados a sí mismos-y solidificados espacios de realidad por donde va a transcurrir la existencia. Así, la puesta en discurso es una dimensin siempre activa de la práctica discursiva a que pertenece.</P>

<P>   A fin de afrontar con perspectivas el reto de interrumpir unos mecanismos reales de cuya continuidad la losa de las identidades depende, y el reto de apropiarnos de otros, mecanismos todos en ltima instancia responsables y explicativos de esa propia ideología nihilista de las identidades como representacin subvertible desde el lenguaje, hay que empezar por distinguir en Foucault un sistema de análisis político. Se arma éste sobre el hecho de reconocer una dependencia, de los dispositivos de poder y del ejercicio del poder, respecto de una u otra racionalidad política concreta, y ésta ltima respecto del sentido del Modo de Produccin. Sentido siempre coincidente con la racionalidad econmica diferencial de una u otra clase dominante en la historia: la burguesía o el “poder de Soberanía” en las sociedades de </P>

<P>tributacin. </P>
<Figure>

<ImageData src="https://periodicos.unifesp.br/public/midias/prometeica/pmt01/imagens/51-79_pmt1-sarkis_img_1.jpg"/>
</Figure>
</Part>

<Part>
<H4>Referencias bibliográficas </H4>

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<Figure>

<ImageData src="https://periodicos.unifesp.br/public/midias/prometeica/pmt01/imagens/51-79_pmt1-sarkis_img_2.jpg"/>
</Figure>

<P>Tamer Sarkis Fernández es Licenciado en Sociología (UB), licenciado en Antropología Social y Cultural (UAB) y becario FPU del Departament de Prehistria de la UAB. </P>
</Part>
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