PROMETEICA - Revista de Filosofia y Ciencias. 2026, v. 33


Artículos


https://doi.org/10.34024/prometeica.2026.33.20471

 


VIGENCIA Y POTENCIA DE LA NOCIÓN DE “POSTCAPITALISMO” DE MARK FISHER

RELEVANCE AND POTENTIAL OF MARK FISHER'S NOTION OF "POSTCAPITALISM"
VIGÊNCIA E POTÊNCIA DA NOÇÃO DE “PÓS-CAPITALISMO” DE MARK FISHER


Maribel Vargas Rivas
(Universidad Santo Tomás, Chile)
maribelvargasrivas@gmail.com


Sergio Ragonese

(Universidad de Buenos Aires, Argentina)

sergioragonese@gmail.com


Camilo Enrique Rios Rozo
(Independiente, Alemania)
haimrich.kadmillus@gmail.com


Recibido: 29/04/2025
Aprobado: 10/03/2026

 

 


RESUMEN


Se examina el concepto de "postcapitalismo" a partir de su integración con el "realismo capitalista". Ambos conceptos desarrollados por Mark Fisher en su diagnóstico crítico del presente. Desde un enfoque teórico-conceptual se analiza el “realismo capitalista” como régimen ideológico que naturaliza la idea de que el capitalismo constituye el único sistema socioeconómico viable, al tiempo que opera como dispositivo libidinal capaz de capturar el deseo, la imaginación y la subjetividad, incluso mediante la incorporación de formas de protestas contra sí mismo. Esta dinámica produce precarización y malestar psíquico bajo la promesa de autonomía individual. En este marco, el postcapitalismo fisheriano no se concibe como una mera superación del capitalismo, sino como horizonte político-imaginativo que emerge desde las tensiones del presente y que exige la construcción de alternativas deseables y viables articuladas desde la izquierda. El análisis muestra que ello implica reconfigurar dentro del propio sistema las formas del deseo, el trabajo, la imaginación y la organización social que no se encuentren plenamente capturadas por la lógica del capital. Asimismo, a partir de la revisión de procesos históricos y recientes —como el estallido social chileno—, se examinan las limitaciones de los movimientos anticapitalistas cuando carecen de sostenibilidad o inclusión. Finalmente, se caracteriza lo que puede llamarse una “salida en inmanencia” reconociendo elementos ya presentes en la cultura contemporánea y defendiendo la reinvención de formas colectivas de autoridad, organización y deseo como condición para un postcapitalismo plural y deseable.


Palabras clave: Mark Fisher. realismo capitalista. postcapitalismo. deseo. imaginación.


ABSTRACT


We analyze the concept of “postcapitalism” through its integration with “capitalist realism,” both developed by Mark Fisher in his critical diagnosis of the present. From a theoretical– conceptual approach, capitalist realism is analyzed as an ideological regime that naturalizes the idea that capitalism constitutes the only viable socioeconomic system, while also operating as a libidinal apparatus capable of capturing desire, imagination, and subjectivity, even through the incorporation of forms of protest directed against itself. This dynamic produces precarization and psychic distress under the promise of individual autonomy. Within this framework, fisherian postcapitalism is not conceived as a mere overcoming of capitalism, but rather as a political–imaginative horizon emerging from the tensions of the present, one that calls for the construction of desirable and viable alternatives articulated from the Left. The analysis shows that this entails reconfiguring, from within the system itself, forms of desire, labor, imagination, and social organization that are not fully captured by the logic of capital. Furthermore, through a review of historical and recent processes — such as the Chilean social revolt — the article examines the limitations of anti-capitalist movements when they lack sustainability or inclusiveness. Ultimately, the text characterizes what might be called an exit through immanence, recognizing the most useful and compelling elements already present in contemporary culture, and advocates for the reinvention of collective forms of authority, organization, and desire that could open pathways toward a plural, and desirable postcapitalism.


Keywords: Mark Fisher. capitalist realism. postcapitalism. desire. imagination.


RESUMO


Examina-se o conceito de “pós-capitalismo” a partir de sua integração com o “realismo capitalista”, ambos desenvolvidos por Mark Fisher em seu diagnóstico crítico do presente. A partir de uma abordagem teórico-conceitual, o realismo capitalista é analisado como um regime ideológico que naturaliza a ideia de que o capitalismo constitui o único sistema socioeconômico viável, ao mesmo tempo em que opera como um dispositivo libidinal capaz de capturar o desejo, a imaginação e a subjetividade, inclusive por meio da incorporação de formas de protesto dirigidas contra si mesmo. Essa dinâmica produz precarização e mal-estar psíquico sob a promessa de autonomia individual. Nesse marco, o pós-capitalismo fisheriano não é concebido como uma mera superação do capitalismo, mas como um horizonte político- imaginativo que emerge das tensões do presente e que exige a construção de alternativas desejáveis e viáveis articuladas a partir da esquerda. A análise mostra que isso implica reconfigurar, no interior do próprio sistema, as formas de desejo, trabalho, imaginação e organização social que não se encontram plenamente capturadas pela lógica do capital. Além disso, a partir da revisão de processos históricos e recentes — como o estallido social chileno

— examinam-se as limitações dos movimentos anticapitalistas quando carecem de sustentabilidade ou inclusão. Por fim, caracteriza-se o que pode ser chamado de uma saída pela imanência, reconhecendo os elementos mais úteis e mais interessantes já presentes na cultura contemporânea, e defende-se a reinvenção de formas coletivas de autoridade, organização e desejo que possam abrir caminhos para um pós-capitalismo plural e desejável.


Palavras-chave: Mark Fisher. realismo capitalista. pós-capitalismo. desejo. imaginação.


“Tenemos que imaginar una transformación a partir de donde estamos ahora. No podemos caer en la tentación de buscar una región no contaminada, no alienada, etc. Tenemos que partir de una inmersión total en el capital” (Fisher, 2024, p.240)

Introducción


El ejercicio crítico, por un lado, exige de nosotrxs dar cuenta del presente y de sus entramados, de la contemporaneidad y del modo en que en/y por ella son tejidos los hilos que nos constituyen. En ese sentido, una actualización del diagnóstico de nuestros tiempos, de aquello que nos parece que siempre hemos dejado de ser, pero que no abandonamos del todo. De otro lado, ese mismo ejercicio, casi de manera concomitante, nos ofrece imágenes de una necesaria y productiva inconformidad respecto de eso que nos descubrimos siendo; esa incomodidad reclama alternativas, respuestas, salidas. Dicho de otro modo, reclama que la formulación del problema esté por fin a la altura de las circunstancias.


Suscribiendo a esa acepción de la crítica, nos proponemos recorrer segmentariamente la obra de Mark Fisher bajo la premisa de una inquietud que no es tan sólo teórica. Concretamente, nos interesa reconstruir lo que el crítico cultural británico empezó a entender por postcapitalismo desde su más conocido libro “Realismo Capitalista. ¿No hay alternativa?” (2009) y el resto de su obra, abocada a dibujar una alternativa postcapitalista. Su proyecto, si bien quedó tristemente inacabado debido a su muerte en 2017, felizmente dejó fértiles diagnósticos y propuestas, así como mantuvo abierto el camino para ejercicios como el que acá nos proponemos.


Partiremos dando cuenta de un diagnóstico sobre el capitalismo, cartografiando los énfasis que Fisher sitúa alrededor de su noción de “Realismo Capitalista”, pero también haciendo los nuestros propios. Ya esbozado críticamente ese capitalismo, proponemos un ensamblaje provisional respecto de lo que Fisher llegó a pensar en clave postcapitalista. Acá también, en un intento descriptivo, propositivo, y tal vez apropiativo de la teoría fisheriana.


Metodológicamente, nos preguntamos por la vigencia y la potencia actual tanto del diagnóstico sobre el realismo capitalista como de la propuesta postcapitalista. Ejercicio que pretende inaugurar un diálogo que, desde nuestras realidades, sepa identificar en la máquina fisheriana capitalismo-postcapitalismo una caja de herramientas.


  1. Aquello que Fisher entiende por Capitalismo


    El capitalismo no es para Fisher sólo un sistema político-económico, sino sobre todo uno político- cultural. Esto implica un distanciamiento de cualquier reduccionismo sociologicista, y por lo tanto permite entender el capitalismo más allá de lo material, señalando su capacidad para moldear el deseo y la imaginación. Tal aproximación le permite a Fisher hacer hincapié en la importancia que en las últimas décadas tendrán los llamados “trastornos del ánimo”, que el capitalismo tardomoderno produce no accidental sino necesariamente. Esto, sin embargo, es llevado a cabo de modo cauteloso, tomando distancia de enfoques psicologicistas o neurobiologicistas. Evitar caer en cualquiera de los polos antinómicos, individualismo/biologicismo de un lado, sociologicismo del otro, le permite dar cuenta de fenómenos complejos y evitar un determinismo uni-causal simple y clásico. Sin lugar a dudas, esto abre una perspectiva incómoda para la imagen tradicional que nos hacemos acerca del capitalismo como un fenómeno meramente macroeconómico. Lo importante aquí, siendo fieles a la perspectiva de Fisher, será que en esta redefinición de los problemas pueden aparecer distintas salidas alternativas al capitalismo que no existían bajo los modos heredados del pensamiento de izquierda, anarquista, o socialdemócratas anteriores.


    Uno de los puntos de partida de Fisher es la transformación de las sociedades de los años 60’/70’ hacia el capitalismo postfordista: la desaparición de los empleos tradicionales, estables y a tiempo completo del fordismo. Este nuevo capitalismo deja atrás esto para jugar con la demanda de no volver a ser presxs de una estructura vertical, hiperburocratizada, monótona y aburrida. Hace suyos los deseos de lxs trabajadorxs que querían liberarse de esas restricciones del fordismo, apelando a valores como el dinamismo, la mentalidad individual, la flexibilidad, etc. Operando a través del marketing, este nuevo capitalismo relanza ese deseo y lo usa como vector salvador respecto del “viejo” capitalismo fordista, el socialismo y su fantasma soviético. En este postfordismo, establecido en los 80’s, no sólo se puede

    desear, sino que se debe hacerlo, eliminando la escisión entre trabajo/deber y deseo/afectos: ahora se busca que lxs trabajadorxs quieran pertenecer a la empresa, habida cuenta de que ello les implica más ciegamente, menos críticamente, en su maquinaria. Ahora el sistema aprendió a sacar provecho, extraer plusvalor de aquello que otrora parecía jugarle en contra: muchas empresas refuerzan los lazos entre empleados con el fin de evitar la organización sindical. Este involucramiento personal y afectivo de lxs trabajadorxs fue contemporáneo de una exacerbación del ideario individualista y meritocrático, ahí donde los valores típicamente modernos y medievales perdían fuerza. Se trataba del nuevo sistema de gobierno del deseo, que en respuesta de las demandas trajo trabajos temporales, precarizados y autónomos (Fisher, 2024), así como la necesidad de pluriemplearse para subsistir, o requerir que en una familia-tipo ambos cónyuges trabajen. Según Fisher (2021), para superar el verticalismo fordista se instauran inestabilidad e inseguridad como condiciones que, “de la mano de la digitalización (...) la producción just-in-time y, obviamente, la globalización” (p.176), constituyen una respuesta perversa al deseo que surge de la insoportabilidad del fordismo y que convierte al capitalismo, ahora postfordista, en un ciclo interminable de consumismo individualista miserable.


    Lejos de una visión derrotista (y resultadista: centrada en el desenlace), Fisher señala que ahí se vio en juego la capacidad de maniobra que la clase trabajadora tenía respecto de lo que le aquejaba. Si el Capital respondió es porque pudimos (y aún podemos) hacer cosas con él, teniendo presente que el Capital es ágil en encontrar un aparente término medio a las demandas con las que nos resignamos, ya que “la opción de restituir algunas formas sociales del pasado no representa una respuesta persuasiva o creíble al problema” (Fisher, 2017, p.138).


    Reparemos, ahora sí, en el poder del “enemigo”. En sus últimas clases, de la mano de Lyotard, Fisher (2024) piensa la impronta del capitalismo como sistema total, sin afuera o un otro del capitalismo al que se pueda apelar para superarlo, cuya paradoja es que no deja de expandirse y explayarse. Esto implica que puede entenderse como un sistema metabólico capaz de captar todo aquello producido dentro suyo (más adelante indagaremos si esta capacidad es absoluta o relativa). Toda fuerza levemente contraria a su propia lógica, que paradójicamente él mismo produce, será ingerida axiomáticamente, desviada y puesta a circular de nuevo en su interior como mercancía que no sólo modula nuestro deseo, sino que lo orienta o intenta hacerlo por todos sus medios. Se trata de un sistema que aprendió a transformar en combustible sus propias resistencias. “El anticapitalismo está ampliamente difundido al interior del mismo capitalismo” (Fisher, 2017, p.35). Fisher (2024) adhiere al análisis de Boltanski y Chiapello al decir que “el capitalismo incorpora las rebeliones previas, especialmente la rebelión creativa y artística, y luego las vuelve a vender como este nuevo espíritu del capitalismo.” (p.145). En el capitalismo contemporáneo -parafraseando al Fisher de 2017- hoy, en el 2025, podemos decir que nada le viene mejor a McDonald’s que una protesta contra McDonald’s. La mala prensa ya no existe, sobre todo porque estas protestas ahora ocurren en redes como “X”, generando que las publicaciones que rechazan una marca, usando hashtag se vuelvan trending topic.


    Todavía siguiendo a Lyotard, Fisher (2024) da cuenta de la dimensión propiamente libidinal de este capitalismo: parte de su eficacia radica en que nos ha hecho partícipes de su crecimiento y reproducción, incluso a través de su rechazo. En este sentido propone hablar de “Realismo Capitalista”, lo que implica hacer especial énfasis en una definición psico-sociopolítica del capitalismo en clave libidinal.


    1. Realismo Capitalista: el vector libidinal y el gobierno del deseo


      El “Realismo Capitalista” consiste en la naturalización de las condiciones del propio capitalismo; en él, se nos invita a decir, “todo es como debe ser” y la famosa expresión que Fisher toma de Jameson y relanza como lema: “Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo” (Fisher, 2024, p.58; 2017. p.22) adquiere una centralidad radical. Con esto, Fisher no sólo demuestra su importancia como crítico (contra)cultural sino también su potencia como filósofo, en el entendido deleuzeano de que hacer filosofía es crear conceptos. En las entrevistas publicadas en el tercer volumen de K-Punk (2022), así como en múltiples pasajes de su libro homónimo, Fisher repetirá que el Realismo Capitalista es la versión extendida de que el capitalismo es el único sistema económico y político “realista” o “viable”,

      al mismo tiempo que es también la actitud de resignación, derrota y fatalismo hacia esa creencia; esto es, la asunción generalizada de que la historia le pertenece al Capital o sólo va en su dirección y que lo único posible es intentar acomodarse o poner barreras para retrasar su triunfo inevitable (Fisher, 2021). El Realismo Capitalista no sólo es haber perdido la idea de que el futuro puede ser nuestro, de que es posible avanzar hacia un futuro construido colectivamente, sino además haber olvidado que alguna vez tuvimos tal idea. Donde sentimos/creemos/pensamos que es natural y realista que así sea el sistema, ahí encontramos el efecto específico de una naturalización, artificialmente producida y cuidadosamente buscada.


      Al referirnos a creencias o actitudes recordamos, también con Fisher (2021), que no se trata de una perspectiva psicológica individual, nos referimos a un entramado más profundo, preindividual y transubjetivo, “una infraestructura psíquica colectiva, una atmósfera ideológica difusa y a la manera en que tal entramado o tal infraestructura es instituida en todas las áreas” (p.176). Para acercarnos un poco al complejo funcionamiento de esta infraestructura parafraseamos algunas imágenes ofrecidas como ejemplos por el mismo Fisher (2024) que, citando a Louise Mensch, recuerda el señalamiento que se le hace a manifestantes que por usar iPhone o ir a Starbucks carecerían de autenticidad, lo que les impediría ser genuinamente anticapitalistas. “(…) éticamente quieren vivir en un mundo diferente, pero libidinalmente (…) están comprometidos con la vida capitalista” (p.55). Al respecto Fisher desarrolla un interesante ejercicio, nuevamente deleuzeano, ese de hacerle hijos por la espalda a sus intercesores. Leyendo a Freud y Marcuse, hace visible el funcionamiento libidinal que el capitalismo captura para sí. Lo importante no es el contenido del deseo, sino el hecho mismo de desear. Se nos convence de que desear un iPhone es desear al capitalismo, no habría otro modo de deseo. En este ejercicio diagnóstico se evidencia esa lectura profana que logra Fisher de la idea freudiana de “deseo”, ubicándose mucho más cerca de Deleuze y Guattari, organiza un continuum polisémico de inusitadas agencias donde el deseo ahora produce y reproduce al capitalismo. Por supuesto a este aspecto del análisis le falta otro componente para completar su eficacia, la represión, sobre la cual profundizaremos más adelante.


      Con lo anterior, comprendemos cómo el Capital hace una matriz que no sólo garantiza la reproducción del capitalismo, sino que nos hace partícipes activos de ella.


      “Las protestas anticapitalistas se han convertido en una especie de carnavalesco ruido de fondo para el realismo capitalista. (…). Lo que queda sin decir en el rechazo del mal y la ignorancia, es nuestra propia complicidad en las redes planetarias de la opresión. Lo que debemos tener en mente es que el capitalismo es una estructura impersonal hiperabstracta (…) no sería nada sin nuestra cooperación.” (Fisher, 2017. p.37- 38).


      No deja de sorprender la relación de codependencia entre capitalismo y “clase trabajadora” donde el trabajador “necesita” del capital. Incluso odiando el modo de vida que le impone, reproduce sus condiciones de existencia. Fisher (2024) dirá que “si el objeto de la crítica del proletario desapareciera, desaparecería también su crítica, que lo define en tanto revolucionario” (p.237) y luego agrega “en el proletariado no hay deseo masoquista. Hay un goce de estar subyugado a las intensidades del capital” (p.249). La filosofía política subyacente al análisis de Fisher en este punto llama la atención sobre el desajuste entre las izquierdas existentes y el funcionamiento libidinal del capital. Desajuste que se verifica todavía hoy en la matriz que señalábamos antes:


      “el capitalismo ha tratado siempre de ejercer un derecho natural y monopólico sobre el deseo (…). Pero con la aparición de los bienes de consumo electrónicos ha permitido al capital confundir deseo y tecnología al punto tal que desear [cualquiera de los medios tecnológicos del mercado] se vuelve automáticamente idéntico al deseo de capitalismo a secas.” (Fisher, 2017. p.142)


      Lo anterior, desde una perspectiva moralizante de la izquierda, que Fisher (2024) denomina “izquierda folk” (p.177), nos obligaría, en su ideario regresivo, a renunciar a los bienes tecnológicos, vivir sin consumo y retroceder a una vida austera. Ir hacia un armónico mundo de sociedades que a la inversa de la revolución industrial se trasladan de la ciudad al campo y auto-cultivan para vivir en una suerte de neo-paleolítico que no resulta atractivo para casi nadie. Pensar así, es caer en la trampa, dice Fisher, la de no poder inventar nuevas propuestas positivas y opositivas que partan de anclajes reales en las subjetividades actuales, ya tecnologizadas y habituadas a ciertos consumos. Sin embargo, como lo

      señalamos al principio, lo que le interesa al autor de esa izquierda folk recubierta de cierta imposibilidad de enunciación, son algunos de sus elementos que deben ser rescatados por la imaginación.


      Entre modos de dominación y expresiones de resistencia que componen una red de paradojas e ironías ideológicas, Fisher invita a imaginar la posibilidad de crear una izquierda capaz de hegemonizar el posfordismo, hackeándolo. Esto último es central para empezar a pensar alguna alternativa posible/viable/efectiva. Partir por reconocer “¿sobre qué deseos y fuertes costumbres se apoyan actualmente nuestras vidas?” (Fisher, 2024. p.54). Se trata de reconocer dónde estamos para imaginar qué cosa podemos hacer mejor o como dijo Deleuze (2002) “lo que más falta nos hace es creer en el mundo” (p.194) y, con Fisher, hacer de la imaginación un campo de batalla. Mientras tanto, “estamos autorizados a seguir participando en el intercambio capitalista siempre que lo consideremos como algo malo en nuestro fuero interno” (Fisher, 2017. p.37). Se trata de un nuevo modo de decir el cinismo contemporáneo, pero que se puede leer como el modo del capital de hacer suyo el pensamiento Kantiano respecto del uso público y privado de la razón. Promoviendo este cinismo como salvavidas, el Realismo Capitalista intenta eliminar la política de izquierda, naturalizando el neoliberalismo y creando una pendulación entre la débil esperanza de algo nuevo por venir y la convicción de que jamás llegará.


      Antes de adentrarnos en analizar si el diagnóstico de Fisher respecto del capitalismo sigue iluminando nuestro presente y de intentar reconstruir su propuesta postcapitalista, dejamos cuatro postales que ilustran algunos niveles paralelos sobre los que el Realismo Capitalista se desliza con eficacia.


      1. Bombón de desagrado envuelto en placer


        Fisher (2024) da cuenta del mecanismo capitalista contemporáneo leyendo el entramado de Freud- Marcuse; la articulación represión-necesidad. Lo que podríamos llamar “ética” del Realismo Capitalista opera instalando la idea freudiana de contradicción entre civilización y placer. Nos convenció de que liberarnos a los placeres conllevaría no trabajar más y entonces caeríamos en un estado de barbarie. Una voz interna (del superyó freudiano) amenaza con la idea de que a mayor distancia de la civilización más salvaje se vuelve la vida. Como padre indignado el capitalismo abre la puerta diciendo: - haz lo que quieras, sabes qué te espera- ahí, renunciamos al riesgo de imaginar salidas y aceptamos el malestar. Envuelve aquello que nos gusta con otra cosa que sí parece gustarnos; nos convence de que ese relleno displicente es un “mal menor” para la mantención de un orden.


      2. “Ontología de los negocios” como orden dominante


        A nivel del lenguaje, el Realismo Capitalista se encarga de que el modelo de los negocios sea el único orden conceptual para entender la vida. Este gerencialismo, que otros autores llaman meritocracia o “ser empresario de sí”, consiste en técnicas burocráticas: autovigilancia, autoexamen y autoresponsabilización. A través de ellas evaluamos nuestro desempeño bajo la idea de “incrementar la eficiencia” y competimos con otros, pero no solo en el trabajo, la educación también fue acorralada para naturalizar e intensificar esta competencia.


        Es notable el caso del emprendedor que declara tener burnout por la angustia de la autonomía que implica la dinámica del capitalismo. Se hace evidente que las transformaciones del sistema no implican inmediatamente una transformación de la subjetividad: en el nivel del deseo pareciera seguir habiendo una búsqueda por reencontrar las anteriores jerarquías, las estructuras, la sobredeterminación. No sabemos ser libres porque nunca lo hemos sido: la larga etapa de no serlo nos convenció de aquello, y esto es lo “realista” del Realismo Capitalista. (Fisher, 2024).


      3. Privatización del estrés


        La apelación a la responsabilidad aparece otra vez, pero ahora en la salud “el neoliberalismo instala una ansiedad perpetua (…). La propagación de la enfermedad mental es uno de los costos secretos del

        capitalismo neoliberal. (...) si estás deprimido por el exceso de trabajo ¡es un problema de tu química cerebral!” (Fisher, 2021, p.164). La persona depresiva, siente que ella está mal, en lugar de ver al mundo como problema.1 Este es el efecto de una atomización generalizada bajo la forma de una depresión colectiva que no se experimenta colectivamente. “Se da un proceso que yo llamo “privatización del estrés” o privatización psíquica generalizada” (Fisher, 2021, p.179-180). El paquete final fusiona esta precariedad con la tecnología comunicativa que, por un lado, ha exacerbado la sensación de que no hay tiempo para nada (2024. p.146), y por otro, produce una “hedonia depresiva” entendida como una hiperaccesibilidad e hiperdisponibilidad de estímulos placenteros que devienen en depresión también. Está en juego un modelo de consumo donde ya no hay sentido en involucrarse porque el placer viene distribuido como mercancía consumida pasivamente en pequeñas dosis disponibles permanentemente. Desapareció el aburrimiento productivo que Fisher rescata de las propuestas artísticas de los setenta.2 Esta “permanente disponibilidad de estímulos de baja intensidad en la cultura del siglo XXI impide ese aburrimiento (…) pero produce un sentimiento general de desafección no reconocida. (…) [pero también] ira pública” (2021. p.186). Nunca estuvimos tan conectados ni tan desconectados como ahora.


      4. Homogeneización de la sociedad neoliberal en una “clase media”


        Leyendo a Carl Freedman, Fisher (2024) destaca el papel crucial de Nixon y de Thatcher en la proclamación de que habiendo un sistema de clases los trabajadores podrían abrirse paso fuera de él y crear su propia posición mediante el esfuerzo. Parte de la estrategia exitosa del capitalismo “contemporáneo” consiste en que de la mano de la eliminación de la noción de clases, se genera resentimiento hacia todo aquel que por una razón u otra sea apoyado por el estado con subsidios, becas, etc. Surge el enemigo interno que refuerza eficazmente la pulsión por el trabajo, pero que esconde como síntoma invisible una envidia que se traduce en odio hacia nuestros trabajos.


        Del análisis Fisheriano se desprende que el invento de la clase media, construida mayormente por los Estados de bienestar de la socialdemocracia, fue un potente artilugio para desactivar la ira política anticapitalista. Se logró invertir, como diría Nietzsche, la dirección del resentimiento. Las fuerzas activas antisistema, fueron transformadas en fuerzas reactivas prosistema (la clase media rechazando a la clase baja).


    2. De la actualidad del capitalismo a la noción de Postcapitalismo


      En 2015 Fisher (2021) resalta que la crisis financiera del 2008 desafió la naturalización del capitalismo y lo obligó a cambiar. Luego, en 2016 agrega que todavía en ese momento el capitalismo “no improvisó un nuevo relato” (Fisher, 2024, p.163). En este escenario es importante recordar que la muerte de Fisher, el 13 de enero de 2017, interrumpió su trabajo, y nos contextualiza sobre todo aquello a lo que el autor no alcanzó a asistir. De ahí que su pregunta sobre la dirección del capitalismo, leída desde nuestro presente, se haya quedado en el pasado. Hoy, ya parece haber evidencia de las transformaciones del capitalismo, considerando sobre todo la pandemia mundial por COVID-19 que sacudió al mundo.


      En lo que respecta al presente del sistema neoliberal, aparentemente exacerbado, uno de los diagnósticos que circulan con más popularidad es el que bajo la noción de “tecnofeudalismo”, propuesta por el economista griego Yanis Varoufakis (2024), asegura que el capitalismo ya fue superado sigilosamente por un sistema aún peor. El nombre que el autor le asigna a esta nueva transformación del modelo refiere a aquello que afecta la esencia misma del sistema: se trataría del triunfo supremo de la renta por sobre el beneficio. Es más, Varoufakis sostiene que tanto el beneficio como el mercado (esencialmente capitalistas) están siendo sustituidos por elementos que lejos de remediar la desigualdad y la explotación, las generalizan a niveles inimaginables. La resistencia de Varoufakis a llamar a este nuevo modelo


      1 Ver los testimonios de Ann Cvetkovich (2023). Depresión. Un Sentimiento Público. Buenos Aires. Coloquio de Perros. Quien escribió en paralelo a Fisher sobre sus experiencias.

      2 Al respecto, ver el extenso desarrollo dedicado a esto en Mark Fisher: Los fantasmas de mi vida. Escritos sobre depresión, hauntología y futuros perdidos (2017). Ed. Caja Negra. Buenos Aires.

      “postcapitalismo” guarda relación con que esta denominación referiría (según su consideración) a una superación positiva del sistema: a un cambio que, por ejemplo, beneficiaría a todas las personas por igual.


      Ahora bien, para Fisher la noción de postcapitalismo no remitiría necesariamente a un proyecto positivo. Es uno de los primeros asuntos que subraya en sus clases, “salir no es necesariamente salir hacia algo mejor. A nivel nominal, que algo sea postcapitalista no significa que sea necesariamente deseable” (Fisher, 2024, p.69). Sin embargo, el único postcapitalismo que le interesó a Fisher es uno que debe resultarnos deseable, puesto que será creado y sostenido por deseos colectivos abiertos a reconfigurarse. En este sentido, Fisher y otros autores de corte “aceleracionista”3 (2017), o como también ahora Varoufakis, están de acuerdo con Marx en que el “triunfo” global del capitalismo es la precondición para el postcapitalismo. A esto habría que agregar que, gracias a las insistencias y trabajo de Fisher, la noción de postcapitalismo será necesariamente una que designe un proyecto de izquierda. A juzgar por lo que dijimos antes, si el capitalismo nos ha seducido de distintos modos a lo largo del siglo XX, ese postcapitalismo de izquierda al que nos invoca Fisher debe ser el de otra izquierda, capaz de seducir en este nuevo escenario.


      1. Breves comentarios sobre nuestra actualidad latinoamericana: el caso chileno


        Durante la cuarta clase de su último curso, Fisher (2024) destaca como momento clave del fracaso de los movimientos revolucionarios de la izquierda, lo sucedido en Chile en 1973 con el golpe de estado al presidente Salvador Allende por la dictadura militar de Pinochet. Destaca que en ella se crea una narrativa, y se allana el terreno para la llegada del neoliberalismo en el mundo. Es en este sentido que el caso chileno es conocido como el “laboratorio” donde las políticas neoliberales pudieron ser testeadas por primera vez. Además de este comentario en esa clase, en el programa del curso se puede corroborar que la clase 7 estaba íntegramente dedicada al caso chileno, lo cual resalta no sólo el conocimiento sino también el interés que Fisher tenía por este hito. Lamentablemente, el Fisher profesor no alcanzó a desarrollar este asunto. Ante este gesto, creemos que es posible que a Fisher también le hubiera interesado estudiar lo sucedido en Chile durante octubre y noviembre de 2019. En él se produjo el levantamiento social más grande del país luego del golpe militar de 1973. Las protestas, conducidas por los lemas “No fueron 30 pesos, fueron 30 años”, “hasta que la dignidad se haga costumbre” o “no era depresión era capitalismo”, sin duda se acercaron a las ideas que Fisher trabajó dos años antes; sin embargo, por motivos que aún hoy seguimos analizando, esta revuelta, así como tantas otras del pasado, fracasó.


        Para generar el efecto de que Fisher (2021) podría haber hablado de la revuelta social chilena parafraseamos lo siguiente: “Las cosas explota(ro)n de manera inesperada, de un modo que super(ó) la capacidad de anticipación de la gente. (Ahora) todo parece haber vuelto a la normalidad. Pero cada vez que se vuelve a la llamada normalidad, se trata de una normalidad mucho más inestable” (p.191).


        Retomemos esquemáticamente: es necesario subrayar dos razones del fracaso revolucionario de décadas anteriores, que Fisher retoma de las protestas de los 60’/70’ (pero que también resultan aplicables a la revuelta chilena), y que ningún proyecto postcapitalista debería desatender: (a) la impaciencia: los regímenes revolucionarios “pensaron que podían deshacerse de esto de inmediato” (Fisher, 2024. p.140). Esto los puso en una posición orgánica de no poder sostenerse en el tiempo. (b) las iniciativas fueron de algún modo excluyentes con sectores socioeconómicos y etarios específicos: en los 60’/70’ las protestas fueron casi exclusivamente de jóvenes acomodados; en Chile, la inestabilidad del estallido social no tuvo las mismas consecuencias en todos los estratos socioeconómicos, lo que dio pie al discurso de inseguridad y miedo del cual se alimentó el posterior “rechazo” al nuevo proyecto constitucional que se había generado.


        3 El aceleracionismo sostiene que hay deseos, tecnologías y procesos que el capitalismo hace surgir y de los que se alimenta, pero que no puede contener; entonces acelerarlos promovería su colapso (Avanessian y Reis, 2017).

        Fisher (2024) nos llama a tener presente estas señales y reforzar la necesidad de un proyecto que implique desestancamiento, paciencia e inclusión activa no sólo para remediar los errores del pasado, sino para responder a la pregunta estratégica por el presente “¿Cuáles son hoy las necesidades reales que ponen límites a la libertad humana?” (p.142). Recuperando para nosotrxs la noción de libertad capturada y malversada por las ideologías neoliberales como la de Javier Milei en Argentina, compartimos con Fisher la convicción de que “no hay pregunta más importante que esa” (Fisher, 2024, p.142).


  2. ¿Cómo y por dónde buscar la puerta de salida? y ¿hacia dónde salir?


    Si ya hay respuestas a la pregunta por la salida del capitalismo ¿tiene sentido seguir haciendo la pregunta? A partir de ideas sobre todo deleuzeanas y guattarianas, pero también foucaultianas, Fisher llama la atención sobre el hecho de que a pesar de toda la maquinaria del Capital dedicada a la ingeniería libidinal, a moldear nuestro sentido de la realidad y a producir aquellas subjetivaciones que le son funcionales, siempre hay un resto no sujetado del todo, un resto no capturado por tal maquinaria: formas de subjetivación moleculares capaces de escapar por fracciones de tiempo, operaciones de modulación que pueden inventar modos de cuidado de sí y de los demás que habiliten hacer(se) de pliegues. Aferrarse a esta perspectiva permite asir la inestabilidad esencial de la axiomática capitalista, su desequilibrio inherente. En este escenario, para Fisher la axiomática no es un “crimen perfecto”: ella misma nos hace soñar con realidades que la exceden. Aunque nos frustremos y creamos nuevamente que no hay alternativa, estas excedencias no dejan de aparecer aquí y allá, lo que hace que no todxs estemos segurxs de tal frustración y tal desesperanza. La tendencia desterritorializante y descodificadora del capitalismo puede ser plegada, replegada y desplegada en función de sociedades, modos de producción y relaciones no capitalistas.


    Si bien Fischer, en un comienzo, simpatizó con algunas ideas aceleracionistas, esta postura crítica ha llegado a tener variantes de derecha que promueven la idea de intensificar procesos sociales y económicos al extremo para forzar el colapso social. Por ejemplo, el último Nick Land (2017). Este no es el caso de Fisher. Para él, ningún postcapitalismo es digno de ser buscado si no es una conjunción de procesos no-capitalísticos que se den en el propio capitalismo, a pesar de sí mismo, y que este no pueda absorber. De ahí se desprende su convicción en que la axiomática capitalista no es un sistema absolutamente exitoso, sino tan sólo el único vigente, a veces tiembla y se reconfigura creativamente. Por eso la propuesta de Fisher se aleja de propuestas de cambio trascendentes y clásicas; no se trata de cambiar A por B. Ese cambio trascendente presupone que el capitalismo es un sistema razonable en términos de lógica clásica y consistente, y que opera como un sistema teoremático. Lo que Fisher piensa (con Deleuze y Guattari) en cambio, es que el capitalismo es un sistema axiomático, y por ello para- consistente, en el que un axioma que reemplace a otro puede contradecirlo sin problema puesto que se apoya sobre su operatividad y no sobre teoremas razonables. Por esto el capitalismo no muere de contradicciones, como cierto Marx hegeliano habría soñado. Ante esto propone habilitar una salida en inmanencia, donde eso que llamamos A ya no sea cambiado por B, sino que este habitado por toda clase de letras, números y cosas. La invitación es reenfocar nuestra mirada y ver que en el capitalismo hay potencialidades virtuales ejerciendo su influencia, ya hay no-capitalismos, anticapitalismos y líneas postcapitalistas por doquier capaces de superarlo de una vez por todas.


    Algunas de las propuestas de Fisher, respecto de este primer punto, se pueden sintetizar del siguiente modo: si el comunismo es homogeneizante, hay deseo de comunismo en Starbucks y McDonald’s, pero también en las “tendencias” de redes sociales. Si el capitalismo es el amor por el trabajo, hay deseo postcapitalista de trabajar menos en los múltiples proyectos de reducción de jornada laboral. Si el capitalismo es el sistema feliz de la satisfacción de las necesidades individuales, hay deseo de otra cosa porque nunca estuvimos tan deprimidxs y ansiosxs como hoy. Si en el capitalismo no podemos imaginar alternativas, estamos en otro lado con Fisher y otrxs imaginando otros futuros posibles.


    En este escenario, Fisher (2024) sin embargo, nos alerta sobre protestas que se vuelven formas de petición espectacular, que pareciera que no buscan triunfar porque no tienen un modelo de triunfo. Si bien valora estas protestas porque “han permitido hacer sentir que la política es una opción disponible”

    (p.215), Fisher reconoce que adolecen de estructura. Antes, el partido y los sindicatos daban sostenibilidad, continuidad y memoria institucional a los movimientos anticapitalistas, para que una genuina fuerza nueva sea capaz de luchar contra el capitalismo del siglo XXI es necesario contar con esas funciones. Además, Fisher (2017) agrega, “necesitamos un proyecto político que nunca empezó: un nuevo modernismo de izquierda.” (p.138-139) y luego recuerda que “es importante no seguir un camino anarquista en el que se niega la importancia del Estado porque sigue teniendo una importancia enorme” (Fisher, 2021, p.205). Ante esto, Fisher refuerza que necesitamos construir una “izquierda antiautoritaria efectiva” (2017. p.145), sin embargo, su posición respecto del nombre que esta nueva izquierda debe tener quedó inconclusa.4

    En el siguiente apartado recapitulamos algunas de las líneas que den forma a este postcapitalismo fisheriano.


    1. “Deseo” e “imaginación” como catalizadores de posible(s) salida(s).


      Siguiendo la lectura estratégica de Freud-Marcuse, Fisher (2024) “desnaturaliza” radicalmente el deseo al dar cuenta de su historización: si el deseo pudo ser moldeado por fuerzas “exteriores” en el pasado, puede ser moldeado por otro tipo de fuerzas hoy. Una de las maneras en que se cimentó la hegemonía neoliberal en el pasado, fue atacando el paternalismo, visible en la maquinaria estatal del período de entreguerras y temprana posguerra, como en los regímenes socialistas y comunistas. El neoliberalismo se opuso a él vendiendo “libertad” a quienes se sentían oprimidxs, pero abriendo el juego a capas más sutiles de dominación que hoy conocemos bien. Ante esto, Fisher piensa otro paternalismo como parte de la estrategia postcapitalista:


      “En mi idea de un paternalismo positivo hay otro modelo de deseo en juego, donde no se trataría de decidir por la gente lo que es bueno para ella. Es una apuesta a que exista un deseo por lo extraño; las personas no saben de antemano qué es lo que quieren, entonces puede que aquello que terminen valorando sea algo que las sorprenda (…) Pero solo es posible con cierto modelo de paternalismo, que piense lo mejor de la gente, que crea que se merece lo mejor, y no darle lo que quiere o lo que se supone que quiere. Parte de la noción detrás de esto es la plasticidad del deseo. El neoliberalismo quiere aprisionar a la gente en donde ya está. Mi modelo de paternalismo consiste en decir que la gente puede ser más extraña, que le pueden gustar cosas que en este momento no sabe que le podrían gustar.” (Fisher, 2021, p.201-202).


      Aunque la palabra paternalismo sigue asociada al esquema familiarista, a criterio de Fisher funciona provisoriamente. Es el Realismo Capitalista el que produce esta pobreza conceptual. En el uso que hace Fisher del paternalismo, se revitalizan las funciones sociales de la educación y la autoridad colectiva no autoritaria. No se trata de desear otras cosas, sino de aprender a desear diferente, de crear un modo de deseo postcapitalista que no renuncie al deseo mismo, “las atracciones libidinales del capitalismo de consumo deben ser enfrentadas por una especie de contra-líbido y no simplemente por una deslibidinización depresiva” (Fisher, 2017, p.147).


      En ese sentido, es posible también moldear la imaginación acompaña al deseo, pero además recordar que “necesitamos el coraje de la imaginación de nuestro lado, la voluntad de realizar experimentos mentales, jugar con escenarios de ciencia ficción, porque, sinceramente, son tan verosímiles como cualquier otra cosa” (Fisher, 2021, p.200). Sabemos, estos enunciados resultan de un optimismo desproporcionado. Sin embargo, creemos, con Fisher, que esta apariencia evidencia que la falta de imaginación, como la falta de confianza en ella como herramienta política real, son síntomas de la patologización contemporánea que el capital hace del registro sígnico y psíquico de la sociedad. La imaginación será clave para pensar alternativas postcapitalistas, pero para eso debe (1) reconocer que las experiencias de décadas pasadas estuvieron cerca de darle consistencia a posibles salidas al capitalismo; (2) aceptar el triunfo del neoliberalismo sobre ellas; (3) dar cuenta de lo que hizo posible ese inédito acercamiento que pudo tener éxito y preguntarse qué hubiese pasado si no hubiesen



      4 la noción de “Comunismo Ácido”, según Fisher (2021) no se refiere al legado histórico tradicional del partido, sino a un entramado de “futuros perdidos”.

      fracasado; y (4) trabajar sobre la posibilidad no de una copia de tales experiencias, sino en la potencia de lo acontecimental que de allí queda aún como material político disponible (Fisher, 2024).


      Al Realismo Capitalista Fisher no opone una fantasía postcapitalista, se trata más bien de correr el velo de ese “realismo”, que ya describimos, y hacerlo con un gesto aún más “realista” incluyendo la imaginación y vocación futuristas. No negar el capital, sino sumergirse en él; no perder la esperanza, pero no abrazar ciegamente una fe sorda; no rendirnos, pero tampoco hacer ojos ciegos al fracaso:


      “necesitamos un concepto de fracaso en la izquierda. Creo que lo que separa a la derecha neoliberal de la izquierda es que en la primera hay mucha menos tolerancia al fracaso. [Los movimientos de derecha] tienen integrada una expectativa de fracaso, entonces no es un problema si no logran nada” (Fisher, 2021. p.196).


      El llamado se torna becketiano; no anular el fracaso sino aprender a fracasar mejor.


    2. Profanar la noción de trabajo: Postrabajo


      En el marco del deseo postcapitalista no hay un rechazo general al trabajo, su dimensión sociopolítica busca mantener vivo el entrelazamiento entre “tener trabajo organizado y libido contracultural a la vez” (Fisher, 2024, p.221). El esfuerzo radica en descentrar la remuneración del trabajo y problematizar su identificación en esa inseparable relación sufrimiento-remuneración característica del régimen del capital. Para esto es necesario, según Fisher, adoptar un enfoque contrahegemónico e interseccional que, aprovechando el odio ya existente a los trabajos, no busque abolirlo, sino “librar una batalla contra el gerencialismo, en pos de un trabajo basado en la autonomía colectiva de los trabajadores” (Fisher, 2021. p.217).


      Este escenario necesitaría que la tecnología pueda hacerse cargo de gran parte del trabajo, lo que Fisher llama automatización según su lectura aceleracionista de Marcuse. En tal contexto, las personas potencialmente serían autónomas, trabajarían menos y determinarían sus necesidades y satisfacciones. Sin embargo, en la distopía en la que vivimos, una mayor automatización se traduce en alarmantes tasas de desempleo. Sin desechar la propuesta fisheriana por sus discrepancias con nuestro presente, podemos llevarla más lejos y actualizarla. En ese escenario postcapitalista descrito por Fisher nuestra relación con el arte adquiriría otro valor. Si el trabajo fuera pleno la categoría de “tiempo libre” necesitaría también ser redefinida; ese tiempo no sería un apéndice sobrevalorado, sino que se ampliaría ostensiblemente, dando lugar, a encontrar motivaciones nuevas en el ámbito de la creación y la experimentación en la sociedad postcapitalista. En ese sentido, imaginar una sociedad postrabajo es fundamental para un postcapitalismo fisheriano. Más allá de la cuestión práctica de nuestra capacidad de administrar la libertad, se enfatiza la importancia de la perspectiva temporal en las dinámicas de dominación del capital.


    3. Capturar las nociones de hegemonía, poder y mainstream


      Una alternativa al capitalismo no se haya en las protestas o el activismo; hace falta un “triunfo” que construya hegemonía y que permita ejercer autoridad (no autoritaria); una alternativa organizada y coordinada con memoria institucional. El punto de partida es la socavación del presupuesto de que el capital es la fuerza más poderosa de la historia humana. “¿Cómo? Constituyendo una contrafuerza capaz de disciplinarlo. Nos hemos acostumbrado a un mundo en el que los trabajadores temen al capital, y nunca al revés” (Fisher, 2021, p.221). El desafío es poder constituirse como una fuerza capaz de dar miedo al capital. Se necesita coordinación no centralizada: construir y coordinar un tejido de grupos heterogéneos, muchas veces con agendas diferentes, hasta contradictorias “¡así es como opera el capitalismo!” (Fisher, 2021, p.227). Si algunas de las estrategias esbozadas por Fisher pueden presentarse como internamente contradictorias (ideológicamente problemáticas, incómodas), son, desde

      su formulación, la puesta en práctica de la propuesta misma; deseo hecho postcapitalista e imaginación hauntológica5 en funcionamiento. Ejemplos:

      “El capitalismo de hecho no es global sino sólo lo suficientemente global, y por lo tanto cualquier oposición efectiva debe serlo también” (Fisher, 202, p.222). Ante la apariencia totalizadora del poder capitalístico y su correlato “realista” que infunde desesperanza respecto de su superación, Fisher llama a dimensionar realmente ese poder, y de lo que requeriría una alternativa postcapitalista. Partiendo del resto no globalizado, constituir y articular prácticas postcapitalistas que persigan hegemonía y reconfiguren las mallas de poder.


      “No se trata de dar un nuevo ímpetu a ideas viejas, sino de luchar por el significado de las palabras nuevo y moderno.” (Fisher, 2021, p.168). Así como en diferentes momentos históricos el capital posibilitó la emergencia de conceptos contrarios a él, para después apropiárselos e insertarlos estratégicamente en su propia dinámica, una perspectiva postcapitalista debe batallar por la profanación de esos conceptos y sus prácticas asociadas. Tal vez no se trate de crear sin descanso nuevos conceptos sino de disputar aquellos que están en el centro relativo de los ejercicios del poder del capital.


      “Parte de la batalla será asegurarnos de que el neoliberalismo sea percibido como algo obsoleto” (Fisher, 2021, p.169). Como vimos, esto ya sucede, aunque parcialmente, en inmanencia: nadie quiere el café de Starbucks, “lo que les gusta es que sea familiar, genérico, una forma de espacio público homogéneo. El postcapitalismo podría ofrecer esto mejor y más barato” (Fisher, 2021, p.211). Se trata de aceptar que parte del deseo postcapitalista ya circula en el entramado social. Ser capaces de asir que no todo lo que entre en contacto con Starbucks es inmediatamente rechazable. Ver los elementos que allí pululan y que valdría la pena apropiarse: nos hacen falta escenarios familiares, genéricos, públicos y homogéneos. A este desplazamiento estratégico Fisher lo describe como el necesario momento de redirigir la mirada hacia las verdaderas dimensiones de aquello a lo que nos enfrentamos, sus formas de organización, y dejar de lado, así sea de momento, el análisis exclusivamente ético, pues en el interior del capital tal aproximación cae inevitablemente en derivas ideológicas (Fisher, 2021, p.180).


      En estos enunciados encontramos el gesto de Fisher, “necesitamos que las cosas se radicalicen, pero también necesitamos ocupar el mainstream. Ahí es donde estamos por completo desconectados” (Fisher, 2021, p.191) La imaginación postcapitalista habilita mixturas impensables para los rincones ideológicos tradicionales. En estos futuros posibles, espacios como el mainstream devienen, en perspectiva fisheriana, móviles y disputables: “Es una lucha por la hegemonía, donde los medios y la política del mainstream son territorios en los que la derecha domina al punto de que la gente se olvida que alguna vez fueron diferentes” (Fisher, 2021, p.192). No se trata de una simple lucha por la toma de los medios de comunicación sino de “una lucha hegemónica para cambiar lo que se puede decir” (Fisher, 2021, p.194). Disputar el mainstream es intervenir el código del régimen de decibilidad del dispositivo capitalista, sobre los modos de la actualidad. Y si creer en esto resulta complejo, Fisher sugiere que la esperanza no está en otro lado sino frente a nuestras narices:


      “Tenemos que aprender de los neoliberales. Ellos fueron capaces de cambiar lo que eran los medios, del mismo modo que nosotros tenemos que imaginar que los medios pueden cambiar en nuestra dirección. (...) debería inspirarnos que el triunfo del neoliberalismo de algún modo haya señalado que las cosas pueden pasar de imposibles a inevitables. (…) y los medios son clave.” (Fisher, 2021, p.195).


      El componente cultural de la política postcapitalista fisheriana moldea y descodifica su pensamiento, desde ahí por momentos las propuestas resultan incómodas para toda ortodoxia política:


      “En lugar del llamado a retirarse de la producción semiótica que hace la activista Naomi Klein en No logo,

      ¿por qué no abrazar todos los mecanismos de la producción semiótica libidinal en nombre de un


      5 Noción que Fisher toma de Jacques Derrida: remite a que estamos asediados por el espectro de los futuros perdidos, los que no fueron. La nostalgia y melancolía que implica lidiar con estos fantasmas (que nos acosan), nos desenfoca en el presente de construir nuevos futuros posibles.

      antibranding poscapitalista? El estilo radical chic no debería ser un motivo de vergüenza para la izquierda, bien al contrario: es algo que deberíamos incentivar” (Fisher, 2017, p.143).


      Fisher piensa una renovación radical de la izquierda, con Gibson-Graham, agrega que debemos dejar atrás la premisa de que el poder es intrínsecamente opresivo y, por eso no deseable; la política se convierte ahí en un moralismo casi teológico y hace del discurso de “resistencia” el caballo de batalla más eficaz: el capitalismo hace cosas, la izquierda resiste… y pierde todo deseo.


      “Lo que espero que pase en la próxima década es que se desarrolle una nueva teoría que emerja de gente completamente formada en el capitalismo posfordista (…) para la cual el ciberespacio sea algo dado, y que carezca de nostalgia por los agotados paradigmas de la vieja izquierda” (Fisher, 2021, p.162).


      Finalmente, Fisher (2024), siguiendo a Gibson-Graham, releva el valor de la disputa hegemónica en el campo de la(s) economía(s). Si bien muchas actividades económicas son diagramadas por modos capitalistas, existen otras economías en nuestra cotidianidad,6 invisibilizadas y menospreciadas por la economía hegemónica; pero debemos prestarles atención.


    4. Desterritorializar la noción de clase para re-crear una conciencia de clase.


      Para abordar la noción de conciencia de clase, Fisher (2024) acude a Nancy Hartsock: tomar conciencia es una práctica que constituye un punto de vista, necesario para generar una “conciencia de grupo”. La conciencia y lo realista del Realismo Capitalista tienen una relación inversamente proporcional: mientras este último se incrementa, aquella parece desvanecerse (Fisher, 2024, p.59). En el horizonte de un deseo postcapitalista, esta noción debe recrearse y es vital recordar que tener conciencia de clase no es sólo reconocer que se pertenece a una clase, sino también “la conciencia del sistema de clases como conjunto de estructuras que determinan cómo nos vemos a nosotros mismos. Esto es exactamente lo que está eclipsado” (Fisher, 2024, p.167)


      No una nostalgia sino una reinvención activa: “La política de clase debe ser renovada y retomada, no simplemente revivida como si nada hubiera ocurrido” (Fisher, 2020. p.482). Fisher propone sostener al proletariado como el único agente efectivo para la abolición del capitalismo. Nuevamente se torna deleuzeano ya que es la condición “minoritaria” del proletariado quien transformaría su realidad. Lejos del dogmatismo, propone usar como término general “conciencia de grupo” (Fisher, 2024. p.209). El proceso de toma de conciencia parte del encuentro y diálogo, e implica también la transformación (colectivización) de la situación psíquica individual (depresión, ansiedad, etc.) que aceita el funcionamiento del neoliberalismo. Este proceso se puede llamar, de la mano de Lukács, desreificación: desnaturaliza la invisibilidad arrojada sobre la realidad por el Realismo Capitalista. El reto es cuidar que ese proceso no se reifique de vuelta: esa toma de conciencia debería estar cerca de la noción de devenir- grupo que, como ejercicio constante, no se dejaría “estabilizar”.


      Durante el curso “Deseo postcapitalista”, Fisher (2024) experimenta y titubea más de lo que define. En ese ejercicio asoma la noción de “camaradería” (p.84) al pensar en voz alta los problemas asociados al término “comunidad” por la apropiación que la derecha ha hecho de ella, y ante la cual él solía pensar en “cuidados sin comunidad”: un lugar donde cuidar del otrx sin que la pertenencia sea un criterio de exclusión. Además, Fisher diferencia entre lo público –que debe ser “creado, curado, cultivado”–, los comunes –noción del autonomismo italiano que parecería una naturalización de lo compartido– y la comunidad –que mencionamos recién–. Estos términos propuestos como alternativas a la clásica noción de clase no son descartados en el proyecto de re-crearla.


      Así, reinventar la “solidaridad” o la “camaradería”, constituye un proyecto cuyos principios son: la juntura y equidad; la distribución justa de excedente; la interacción que potencie el bienestar; el consumo sustentable; el cuidado de los bienes naturales y la inversión de los recursos en el porvenir de las generaciones futuras (Fisher, 2024. p.84-86). Tal vez no se trate de “comunidad”, sino de lo que se podría llamar una ética civil de la indiferencia: desactivar la necesidad de marcar un “nosotrxs”


      6 ver Gago, V. (2014). La razón neoliberal. Economías barrocas y pragmática popular. Buenos Aires. Tinta Limón.

      (comunidad de pertenencia) excluyente. Tal vez se trate de rescatar radicalmente alguna idea de lo público: realmente de todxs. Indiferencia, entonces, en el sentido de que todxs, sin privilegios ni privilegiadxs, participen de las prácticas postcapitalistas. Esto, si bien implica una transformación absolutamente radical de la mentalidad revolucionaria y además constituye un ataque cardíaco para la izquierda en cualquiera de sus formas, no sólo contribuiría al descentramiento del funcionamiento de la sociedad respecto de la ganancia y el trabajo, sino que le quitaría al capitalismo una de sus fuentes de alimentación más importantes: el antagonismo. Este opera inhibiendo la posibilidad del surgimiento de la conciencia, “en lugar del desarrollo de una conciencia de grupo consolidada, lo que hay son disputas identitarias entre grupos” (Fisher, 2024, p.60). Aceptar que el capitalismo tradujo la conciencia a luchas identitarias permite imaginar un curso histórico alternativo. La explosión de categorías (clase, género, raza, etc.), invita a pensar criteriosa e imaginativamente cómo su articulación práctica habría modificado la política más allá de los estudios interseccionales. Esta imaginación, lejos de una ilusión ingenua, nutriría nuevas formas de deseo postcapitalista arraigadas en la experiencia y que ponderen los fracasos previos.


      Finalmente, este camino, dice Fisher (2024) siguiendo la propuesta de Mason, implica también garantizar el acceso a la información y la socialización de código abierto que permita simular la realidad económica actual; el redireccionamiento del mercado hacia las prácticas colaborativas y no acumulativas; la desaparición de los monopolios, de modo que desaparezcan las “fuerzas del mercado”; garantizar un ingreso básico universal que contribuya a la liberación de tiempo referido más arriba; y la socialización/democratización de los algoritmos que componen la red, entendida como plataforma de circulación de los enunciados monopólicos económicos y psíquicos.7


  3. Conclusiones: vigencia y potencia.


Como vimos, los puntos de partida de Mark Fisher implican una lectura crítica y activa respecto de la distancia con viejas propuestas anticapitalistas, y la realidad del capitalismo actual. Señala lo que el Capital hace (estrategias creativas y adaptadas a aquello que amenaza su expansión) y lo que las oposiciones de izquierda (y, en menor grado, anarquistas) intentan o logran. En este diagnóstico, la izquierda queda marcada por su apego a viejos relatos y a la necesidad de una revisión crítica. Junto a Fisher nos preguntamos, si el capitalismo sabe seducir, es más, si sabe barajar las cartas y siempre repartir el juego ¿por qué la izquierda (que conocemos) no?


Claro está, Fisher no aboga por un paso meramente nominal a un postcapitalismo ni le interesa que vayamos hacia cualquier tipo de postcapitalismo, sino hacia uno que actualice las propuestas marxistas y pueda reinventarse a partir de ciertos puntos de anclaje fundamentales: trabajar menos, distribuir, repartir ganancias, producir no sólo para el trabajo, reivindicar el derecho a la pereza, cubrir las necesidades básicas y consumos dignos en relación a tecnología y espacios públicos. Estos puntos basales requieren, en perspectiva postcapitalista fisheriana, permanentes procesos de imaginación colectiva y su ajuste a las situaciones libidinales políticas contemporáneas.


Creemos que el diagnóstico y las propuestas de Fisher tienen una enorme vigencia por cuanto permiten salir de “falsos problemas” del pensamiento de orientación crítica de izquierda, y nos habilitan e incitan a formular nuevos problemas, esto es: vislumbrar nuevas soluciones posibles y acordes a nuestras realidades actuales, para atacar aquello que nos aqueja cotidianamente, en el bolsillo, en el pecho y en la psique.


Respecto del término “realismo”, como intentamos reponer en este texto, si ha estado en el centro de todas las batallas conceptuales y argumentales de nuestro autor es porque se trata precisamente del punto que las anuda: no se combate al Realismo Capitalista con imaginación fantasiosa, utópica o propuestas teoréticas (dirigidas al conocimiento), puesto que esto es su complemento perfecto. Es incluso el lugar


7 ver Ayala-Colqui, J. (2024). Las posibilidades de una “algocracia”. Más allá del control digital entre e-democracia, ciberdemocracia, comunismo digital y cibercomunismo. Prometeica. Revista de filosofía y ciencias sociales 31, 67–83. https://doi.org/10.34024/prometeica.2024.31.18845

común que ha ocupado a la izquierda institucionalizada del último siglo. Al capitalismo se le combate partiendo por la elaboración de un mejor diagnóstico. Que no tema poner frente al espejo nuestras experiencias históricas, que no huya ante la posibilidad de ponderar los fracasos y los errores y que no caiga en la tentación de dicotomizar la historia; se trata de una revisión (realmente) crítica y precisa de nuestros argumentos y una reformulación situada y no reduccionista: ¿qué blancos tenemos en la mira?,

¿qué dardos tenemos en las manos?


A lo largo de este trabajo nos permitimos pensar junto a Fisher –y a modo de organización de esta cartografía sobre su pensamiento–, por una parte, la serie de paradojas de nuestro presente que revela en sus diagnósticos, a saber: la conexión desconectada; el aburrimiento tan imposible como constante; el deber ser de lo que ya se es; la conversión capitalista de todo gesto anticapitalista; la contradicción entre deseo de cambio y represión civilizatoria del deseo mismo, entre otras. Por otra parte, procuramos dar cuenta de los movimientos de oscilación real o aparente tanto de sus propuestas,8 como de sus diagnósticos.9 De igual manera, intentamos dar cuenta de las estrategias de lectura que atraviesan algunos de sus planteamientos más osados, como en el caso de la articulación Freud-Marcuse –¿se tratará entonces de optar por una barbarie sin progreso frente a un proyecto de civilización represiva pero con progreso-desarrollo?–, o su apropiación de Jameson –¿el fin del capitalismo será el fin del mundo?– o de Lyotard –¿cómo buscar algo no capitalista si el capitalismo no tiene afuera?


Fisher se encargó, de manera admirablemente elegante, de exponer un ejercicio de pensamiento crítico en todo su despliegue. Incómodo a las ortodoxias del abanico ideológico, extremadamente desafiante para los esquemas de pensamiento y de acción política hegemónicos, y sin duda estimulante de modos casi indescriptibles: una esperanza desesperanzadora tiñe la desesperación de su tono, que de algún modo hace eco de aquel grito “¡un posible o me ahogo!” que nos recuerda que pensar siempre se dice como “violencia del pensamiento”, y que, como él mismo escribió, “otro fin del mundo es posible”. La potencia de su pensamiento sólo se puede comparar con su incomprensión, con la (im)popularidad (in)merecida en los sectores más “pop” y “cool” de las facultades de ciencias sociales, y con los usos silenciosos que socavan y horadan lenta pero pacientemente un futuro tallado hauntológicamente del que con esta contribución quisiéramos participar también, si hemos de estar a la altura de las circunstancias.10


Modestia aparte, creemos que ejercicios de sistematización no reductora de la complejidad de sus diagnósticos, de sus revisiones críticas y sus propuestas, como este intenta ser, son condición necesaria para extraer la cabal riqueza de su pensamiento y su orientación al futuro. El Mark Fisher de carne y hueso ha muerto el día 13 de enero del año 2017,11 pero su pensamiento y lo que a modo de desencadenamientos teóricos, políticos, éticos y estéticos no murieron ni podrían haber muerto junto a su cuerpo orgánico. Siguen vivos, vigentes y potentes en su obra, mientras nos abramos a ella en ejercicios de lectura también fisheriana, y de este modo la abramos también al resto del mundo.


8 Por ejemplo: comunismo sí / comunismo no; comunidad sí / comunidad no; hegemonía sí / hegemonía no; imaginación sí / paraíso folk neopaleolítico no; buscar un cambio lo suficientemente global / hacer cambios nacionales llegando al gobierno de Estado mediante Partidos; las protestas y movimientos masivos en contra del Capital tienen un valor revelador del humor y la creatividad social indómita / las mismas son profundamente insuficientes per se; entre otras.

9 Por ejemplo: no hay alternativa / tiene que haberla o tenemos que crearla; esperamos que suceda algo nuevo / lo sentimos imposible, entre otras.

10 Dentro de esos “usos silenciosos” queremos destacar el interesante trabajo de Emiliano Exposto (2023) “Las máquinas psíquicas”, Buenos Aires, Nido de Vacas. En 2024 con “El Grupete Lector”, realizamos una lectura colectiva del texto y una interesante conversación. El registro está disponible acá: https://www.youtube.com/playlist?list=PLzqFu0KkcH55Wb2FT9YXMdREM7jNcJYa3

11 Desde el año 2021 y por motivos que no explicitados, la Organización Mundial de la Salud declaró este preciso día como el día de lucha contra la depresión. Si por caso fuera esto un efecto-Fisher, confiamos (¿creyendo en este mundo?, según nos pedía Deleuze) en que podemos darle a Fisher, a su nombre y su obra, mucho más que una conmemoración basada en su diagnóstico.

Referencias bibliográficas


Deleuze, G. (2002). Conversaciones. Madrid, Editora Nacional.


Deleuze, G., y Guattari, F. (1973). El Antiedipo. Capitalismo y Esquizofrenia. Barcelona, Barral editores.


Fisher, M. (2017). Realismo Capitalista ¿No hay alternativa? Buenos Aires, Caja Negra.


Fisher, M. (2020). K-Punk - volumen 2. Escrito reunidos e inéditos (música y política). Buenos Aires, Caja Negra.


Fisher, M. (2021). K-Punk - volumen 3. Escritos reunidos e inéditos (Reflexiones, Comunismo ácido y entrevistas). Buenos Aires, Caja Negra.


Fisher, M. (2024). Deseo Postcapitalista. Las últimas clases. Buenos Aires, Caja Negra.


Land, N. (2017). Crítica al miserabilismo trascendental. En A. Avanessian y M. Reis (Comps.), Aceleracionismo. Estrategias para una transición hacia el postcapitalismo (pp. 65-68.). Buenos Aires, Caja Negra.


Varoufakis, Y. (2024). Tecnofeudalismo. El sigiloso sucesor del capitalismo. Barcelona, Deusto.